Entrevista a César Jones para el Proyecto Investigativo sobre Pornografía (por Sofía Giménez).

 

-¿Cuál es el público objetivo de tus películas?

 

-No lo sé a ciencia cierta, puedo dar una respuesta de tipo especulativa.  Por un lado hay un público que podríamos denominar histórico, cautivo, y por el otro nuevos espectadores que se fueron sumando a caballo, creo yo, del cambio radical que experimentaron mis films a partir de 2017, año bisagra que divide mi producción en un primer período argumental/psicológico y un segundo –el actual- de tipo hardcore (porno duro) con prescindencia de cualquier veta narrativa al estilo clásico. 
En cuanto a procedencia, franja etaria y demás variables, diría que no las conozco en profundidad y me inclino a suponer que se trata de una audiencia, ante todo, variopinta.

 

 

-¿Qué tomás en cuenta a la hora de contratar actores para las películas (características físicas, talento, habilidades, experiencia)?

 

Todas esas cualidades que mencionás son clave para mi elección.  Sin embargo hay un contrapeso puramente sensual a la hora de escoger a los integrantes de un nuevo elenco que se resiste a cualquier desglose o disección racional.

 

 

-¿Dónde encontrás inspiración para las escenas?

 

Sobre todo, y más ostensiblemente a partir de mi viraje hacia el porno duro, en los integrantes del elenco de cada film: son ellos, con sus potencias, características físicas y  estructura de personalidad quienes me dictan, al fin y al cabo, el contenido concreto de cada una de las escenas que le dan forma a una película.

 

 

-¿Cómo creés que el consumo de pornografía puede incidir en distintas dimensiones de la vida?

 

Como una instancia de disfrute –no olvidemos que el porno es, sobre todo, un dispositivo audiovisual de placer y excitación sexual.  Cierto que también puede, aunque involuntariamente, cumplir funciones “pedagógicas” de tipo iniciático, fungir como sustituto del sexo real en vidas más o menos carentes de tal experiencia o enriquecer la aventura erótica de una pareja, por caso. No obstante, es importante tener presente que esas resonancias se dan por añadidura y al género le tienen sin cuidado.  El único objetivo del porno es la consecución del placer sexual por vía de la excitación libidinal. De allí su cifra vital, su metafísica capitalista y su puntual desdén para con las pastorales que lo reprueban a un lado y otro del arco neurótico.
Se trata del imperio del ello.

 

César Jones, 12 de octubre de 2022.