Entrevista a César Jones para el portal de noticias Versión Rosario (por Juan Cruz Revello).

 

¿En qué cambió el consumo del porno y cuál es el estado actual de la industria argentina?

No estoy seguro, supongo que el último cambio a gran escala vino dado por la jerarquización casi total de INTERNET como el sitio en donde traficar bienes culturales, incluido el porno.
La industria argentina existe en un estado de pequeñez y brotes verdes, digamos, con la aparición refrescante de un puñado de nuevos realizadores.

 

¿Todavía quienes dirigen cine porno deben lidiar con que son directores de cine, no de cine porno exclusivamente?


Particularmente no debí lidiar con ello, ya que soy exclusivamente un director de cine porno.

 

¿Existe un patrón sobre quiénes consumen cine porno hoy?


La humanidad, supongo.  Lo cierto es que hoy se puede tener un mapa mucho más definido de nichos de consumidores que antaño, desde ya.

 

 

Que existan menos tabúes en cuanto a la sexualidad, ¿favorece o dificulta la industria?

 

El porno se ha ocupado históricamente de los tabúes, volviéndolos una fuente de placeres.  El feminismo actual y la corrección política irrespirable me hacen poner en duda la parte afirmativa de tu pregunta.

 

 

 

¿En tus películas hay disidencias sexuales?


Afortunadamente no; hay personajes, sexo y representación.

 

 

 

¿Cuánto falta para que las disidencias sexuales estén incluidas en el cine porno sin ser segmentadas o específicas?


Espero que mucho.  En el porno actual y salvo esporádicas excepciones (entre las que me cuento), todo está taxonomizado y compartimentado.  Me parece un excelente contrapeso frente al estado de embriaguez lujuriosa en el que solemos encarar nuestras maratones de búsqueda.

 


¿A qué te referís con “el estado de embriaguez en que solemos encarar nuestras maratones de búsqueda"?


A que, normalmente, ingresamos en sitios porno porque hay en nosotros un estado previo de libido alta y excitación creciente.

 

 

¿Creés que hay tendencia en el cine porno a tomar a la mujer como objeto?


Por suerte sí; el porno cosifica todo lo que toca, por eso excita.

 

 

¿Por qué si el mundo respecto a esto culturalmente está cambiando, no puede hacerlo el cine porno?

 

El mundo cambia permanentemente en múltiples direcciones, no sólo en la de los discursos dominantes.  El porno es un dispositivo de placer voraz y sediento a la vez, toda pastoral le es ajena.  Otra vez: por eso excita.  Para lo demás, existen el posporno y Mastercard.

 

 

¿Necesariamente en el cine porno debe haber un patrón hetero con dominación del hombre?


No, de hecho hay mucho porno en donde esto no ocurre; pero también es preciso decir que no debe necesariamente no haberlo.  Particularmente, amo el porno con patrón hétero de dominación masculina. Supongo que porque tengo un cierto aprecio por la vida. No obstante, concebir las relaciones sexuales como relaciones de poder estrecha nuestra visión del mundo.

 

 

¿Hay mujeres dirigiendo porno?


Pocas, entre otras cosas porque el interés de las mujeres por el sexo y por el porno es significativamente menor que en los hombres.  No obstante, constituyen aproximadamente un 30% de los consumidores totales y se llevan las palmas en cuanto a patrones de búsqueda de temáticas especialmente hardcore.

 

 

¿Qué opinás del porno feminista?


Moralizar la materia creativa es una idea espantosa.  Hacerlo con el porno, doblemente.

 

 

 

 

 Reflexiones añadidas a la entrevista a propósito de algunas preguntas del entrevistador:


Aporto un dato de mi propia cosecha: la filmografía LPsexxx echó a andar en 2001, año en que se estrenó nuestra primera película.  Al año siguiente, 2002, estrenamos dos films más.  Uno de ellos se llama “2176. Clones bisex” y tiene por protagonista a una chica trans, tal vez la primera del porno argentino y probablemente la primera del cine argentino todo. Ésta no constituye una excepción, ni en mi producción ni en el corpus del llamado porno mainstream.  Es una realidad concreta y verificable, que existió, al menos, desde que el porno existe como industria.
Desde ya que mi intención nunca fue la de enarbolar ninguna bandera de ningún colectivo.  La producción LPsexxx está compuesta de escenas que mayoritariamente podríamos rotular como heterosexuales, pero también está integrada por escenas o películas enteras dominadas por la temática trans, bi, gay, lésbica y algunos otros etcéteras.   El caso es que yo no me enorgullezco de esto, ni me avergüenzo, ni levanto banderas ni las bajo; yo dirijo un grupo realizador de cine triple x, no una sociedad de beneficencia ni estoy intentando ser inclusivo ni levantando la bandera de alguna minoría sexual, simplemente hago películas según la flecha de mi deseo y para darle curso a ese deseo necesito echar mano de actores y actrices con distintas características y tendencias sexuales según sea el proyecto de turno, eso es todo.

Por otro lado, no hay que olvidar que dentro del abanico total del género, existe un nicho gay que es gigantesco.  Y tampoco hay que olvidar que el porno heterosexual acapara la parte mayoritaria del consumo sencillamente porque la mayor parte de las personas son heterosexuales.   Lo interesante del porno en este sentido es que hay oferta para toda clase de demandas, e incluso, al no ser una sociedad sin fines de lucro ni una sociedad de fomento, aquellas demandas que pudieran no estar ofertadas en su seno encuentran su eco en territorios por fuera del porno: postporno, porno feminista, porno ético y otras manifestaciones afines sobre las que ya he vertido mi opinión en esta nota. 

Por último, el porno heterosexual no "gobierna", simplemente apacara la mayor parte de la oferta porque la mayoría de los consumidores y de los seres humanos son heterosexuales.
La dominación no es un atributo exclusivo (y mucho menos un atributo negativo) del porno heterosexual. Es eventual y transversal al género, está presente desde ya en el BDSM, pero también en el porno gay, lésbico, bi y, vaya sorpresa, en el porno hétero con dominación femenina. No obstante, esta variante de dominación es sólo una de las tantas vertientes que transita el cúmulo de ofertas del género.
En fin, lo ya dicho: visualizar toda relación sexual como una relación de poder, estrecha y distosiona nuestra visión del mundo.

 

César Jones, 20 de febrero de 2020.