Entrevista a César Jones para revista La Tecla (por Sabrina Sistro).

 

-Todo el mundo sabe a qué se hace referencia cuando se habla de pornografía, pero vos estás en la cocina, en el detrás de escena, ¿cómo es trabajar como director de cine de ese género?

 

No tan distinto de trabajar en otras áreas del quehacer audiovisual/cinematográfico; mismas fases, herramientas e instancias.  Luego, claro, su centro neurálgico es el sexo explícito, nada más ni nada menos.

 

 

- ¿Qué es la pornografía para vos? ¿Y cómo fue que decidiste dedicarte a esto?


La pornografía es un dispositivo de placer sexual cuya marca crucial es la explicitud: genitales en acción y expuestos en pantalla. 
En relación a la segunda cuestión, dedicarme al porno no fue una decisión, más bien el resultado de un largo proceso cuyo mayor tiempo de cocción ocurrió en la cocina de mi inconsciente.

 

 

- Dentro del género hay un amplio abanico de oferta, ¿en dónde te encasillarías vos? Hay quienes te ubican como porno de autor, ¿qué pensás?

 


En mi producción hay films y dentro de ellos escenas que podrían rotularse como heterosexuales, bisexuales, gais, trans, etc.  De modo que la taxonomía, generalmente exacerbada del porno, me resulta útil como categoría de búsqueda pero no como herramienta reveladora de la materia nuclear del contenido al que nos conduce.  De todos modos, creo que no estaba en los planes de nadie exigirle semejante cosa.

 

 

- ¿Existen límites en la pornografía o tenés algún límite propio?

 


Mi criterio rector es el cuidado del otro, como noción clave no ya para el género sino para la vida.  Pero respondiendo concretamente a tu pregunta: no, no existen límites.

 

 

- En este contexto de luchas feministas, ¿cuál es tu postura como artista a la hora de llevar a cabo tu trabajo con respecto a la visión de la cosificación femenina? ¿Y qué opinás del porno feminista?

 

Creo que moralizar la materia creativa es decididamente una mala idea.  Al concebir al propio cuerpo como herramienta política y al género como plataforma ideológica (olvidando su condición de dispositivo de placer), el porno feminista o posporno lleva a cabo una doble operación, merced a la cual se hunde de lleno en la alienación (por lo primero) y en la obturación de todo erotismo (por lo segundo).  Dicho esto, es obvio que semejante parábola no concita otra cosa que mi más liviano desinterés.

Por otro lado, y como ya he dicho en otras oportunidades, creo que la principal conquista del feminismo de estos años es la de haberse erigido como discurso único, que disciplina inmediata e higiénicamente a cualquiera que ose tocar una nota disonante respecto de sus nuevas tablas de la ley, incontestables y bajadas de no sé qué monte. 
Frente a semejante panorama, los únicos prejuicios posibles nacen del seno del propio feminismo (lo cual de ningún modo es mi problema) y, en tanto ideología extorsiva, de la posibilidad de censura directa o inducida en terrenos de materia creativa (única cuestión que de verdad parece excitar a estas criaturas). Pues en mi caso, si ha generado algún efecto, debe ser el llamado “efecto rebote”: más victoriano torna el mundo, más libertinas y bestiales se vuelven mis pelis.
En cuanto a la cosificación, ocurre que no tengo la menor intención de salirme de ella.  En el porno y fuera de éste, en materia lúdico-sexual, es no sólo deseable sino necesaria y todos la practicamos, al ver porno, al mirar a alguien atractivo por la calle o cuando, en pleno juego sexual, nos extraviamos en el cuerpo de nuestro amante parcelándolo por tiempo indeterminado.
¿Esto significa que estamos olvidando su condición de ser vivo, de semejante? Claro que no, significa que estamos embriagados en la sensualidad de los cuerpos, o disfrutando del presente absoluto de ese cuento de hadas para adultos que es el porno. Luego, no me puedo hacer cargo del puritanismo y la mala conciencia reinantes: la “anempatía” criminal es patrimonio de psicópatas, no de la pornografía. Y la neurosis del que ve pecado en todo lo que se mueve debería volcarse en un diván, en lugar de pretender imponérsele al mundo.

 

 

- Filmaste más de 15 películas, ¿cuáles son las tres propias que recomendarías para aquellos que aún no te conocen pero quieren conocer tu trabajo?

 


Así es, actualmente estoy en postproducción de la decimonovena.  Tres recomendaciones: “Temporada alta”, “Zorra” y “ADICTAS AL JUEGO SUCIO 1”, que pueden encontrarse en plataformas como AEBN o Pornhub Premium.

 

 

 

- ¿Estás con algún proyecto en este momento, más allá de la cuarentena? Si es así, qué podés contar al respecto.

 

Como refería en la respuesta a la pregunta anterior, estoy en postproducción de un nuevo film, cuyo título es "VICIOS DE FAMILIA 3: LAS DEPRAVADAS" y que espero poder estrenar hacia octubre, si todo va bien.

 

 

 

- La pandemia cambió todo y de hecho impactó en el sector audiovisual en general, ¿Cómo pensás que va a ser la industria de la pornografía pos coronavirus?

 


Imagino que se instaurarán protocolos de salud como en el resto de las actividades humanas, al menos hasta que llegue la ansiada vacuna.

 

 

 

César Jones, 23 de junio de 2020.