Entrevista a César Jones el Suplemento Especáctulos del Diario Clarín (por Hernán Firpo).

 

-Leo en una nota muy linda que te hicieron que sos poco menos que un monje tibetano: sexo poco y nada, té chai, arroz integral. ¿Es así?

No del todo.  Si bien es cierto que no necesito de las relaciones sexuales como si fueran una “actividad esencial”, eso no quiere decir que necesariamente viva una vida de clausura.  Oscilo, como la misma existencia.  Lo que es seguro es que no me habita un espíritu festivo tipo “Wild On!”; en todo caso mis alegrías son íntimas, pequeñas e invaluables, por así decirlo.

 

 

-Contame un poco cómo te sentías en la facu sabiendo que no querías ser un Mariano Llinás o un Campanella.

En realidad yo lo ignoraba todo.  El hecho de incursionar en el porno comenzó como un juego con un género que me fascinaba entonces y me fascina hoy.   Además, eso ocurrió en el último año de la carrera, por lo que no tuve conciencia ni tiempo para sentirme sapo de otro pozo, patito feo, oveja negra o alguna otra criatura agra o desgraciada.  Sí recuerdo que fue un proceso lúdico, aquel de embarcarnos en la producción de un film porno, y disfrutado plenamente.  Estoy seguro de que ese ánimo terminó por habitar aquel film inicial: “Las fantasías de… Sr. VIVACE”.

 

 

-A veces uno cree que las películas porno y las de Los Beatles son bastante parecidas: un argumento infame para desembocar en canciones o en escenas de sexo explícito.

A veces, efectivamente, las películas porno implican un argumento deliciosamente infame que obra de excusa para el sexo explícito (una vertiente que cada vez me gusta más); otras, el argumento directamente desaparece (el famoso estilo gonzo, en el que cualquier narrativa es suplantada por el sexo puro y generalmente duro, una suerte de pasaje al acto pornográfico) y también hay ocasiones y ejemplos (sobre todo si nos remontamos a las décadas del ‘70 y ‘80, pero no solamente) de films construidos sobre tramas sofisticadas e ingeniosamente urdidas.  Hay de todo y para todos, felizmente.

 

 

-¿Alguna vez presentaste tus proyectos para tener un subsidio del INCAA? Tengo entendido que el cine condicionado no rankea en esa orga.

No, eso ni siquiera pasó por mi cabeza.  Un mínimo de sentido de realidad indica que una porno jamás obtendrá subsidio estatal, y un mínimo de comprensión respecto del género indica que esto es lo mejor que puede ocurrir.  Nada más triste (y fláccido) que el imperio del ello domesticado por algún tipo de superyó institucional.

 

 

-¿Vivís del cine o tenés que dedicarte a otra cosa?


Afortunada y esforzadamente logro sustentarme con mi oficio.

 

 

-¿Existe el prototipo de actor o actriz porno nacional? Es decir, ¿tenemos un John Holmes o una Linda Lovelace? 


Existen figuras con una trayectoria importante dentro del género en nuestro país: caso Ana Touche, Axel Rey, Ale Markov, figuras en pleno clímax como Stefy Quinn, pero no percibo prototipos allí, sino singularidades.

 

 

-¿Cuándo es buena una película condicionada?

 

Cuando te gusta.  Puede ser, en mi caso, un clásico de culto como “The Devil in Miss Jones” o el último bukkake semianónimo que vi en XHamster.

 

 

-¿Cuántas películas tenés en total y cuáles de ellas tuvieron un estreno comercial?


Estoy actualmente en postproducción del que viene siendo mi decimonoveno largometraje dentro del género.  Excepto este último -por la obvia razón de que aún no está terminado- todos se han estrenado comercialmente.  A lo largo de mi carrera he trabajado en autogestión, bajo la férula de productoras, con inversionistas y un batido de modalidades mixtas que engloban a las antes mencionadas.

 

 

-¿En qué se basa tu perfil de renovador de esta corriente? ¿Hay un público especializado o crítica capaz de apreciar tus influencias?  ¿Existe el “porno de autor"?


El perfil al que hacés referencia es algo de lo que terceros pueden eventualmente hablar, me siento completamente ajeno a la cuestión.  En cuanto al público, creo que es irrelevante que sea o no capaz de detectar influencias o que porte cierto pedigree (esto último de hecho me resulta directamente irritante).  Me importa el espectador que gusta de lo que ve, que se excita y que es capaz de una mirada inocente, respecto del porno y para con la vida toda.   Y qué narcisista suena eso de “porno de autor”, ¿no?  Si alguien se calificara a sí mismo haciendo uso de esa taxonomía, merecería un trompis en la trompi.  Intentando responder a la pregunta, sí, se puede pensar en un porno de autor, sobre todo en torno a figuras clásicas o de culto del género, pero me resulta un pensar inútil.

 

 

-¿Te gustaría indagar en otro género? 


Como espectador, y bien que lo hago.

 

 

-Aunque sean películas destinadas a un público hétero, tengo entendido que las escenas de lesbianismo eran o son un tópico frecuente del porno soft en canales como I-Sat.  ¿Qué no puede faltar hoy en una película? 


Mis películas no están destinadas a ningún grupo en particular, sino a personas.  Creo que antes de pensar en lo que no puede faltar, es mejor encaramarse sobre lo que puede haber.  La potencia de lo posible es el mejor vector orientador y, otra vez, no sólo para el porno, sino para la vida.

 

 

-¿Cómo se compite con los sitios de Internet?  


Sin obsesionarse con la competencia, ofreciendo el producto auténtico de la propia singularidad hecha porno.

 

 

-¿Pensás que es necesario tu cine?


Ni ahí.

 

 


-¿Estás en postproducción?


Así es, estoy en postproducción de un film que terminamos de rodar justo antes de que hiciera su aparición el COVID-19 y que se llama “VICIOS de FAMILIA 3: LAS DEPRAVADAS”.

 


-¿Es una saga?


No, sólo juego con los números, y la idea de una falsa saga y la ilusión de estar sumido, el espectador, en una especie de continuo porno.   Como en aquel programa “Mil maneras de morir”.  Me gusta que sea un título más en la marea, entre la miríada de títulos que continuamente produce el género.

 

 

-Decís que el sexo para vos no es esencial.  ¿Sublimás en tu cine o con el trabajo no se juega?


Mi trabajo es un juego, y el juego es serio por definición.  ¿Viste a algún niño jugando a algo “en joda” alguna vez?  El porno es un caso particular de sublimación: se trata de un hecho civilizatorio cuyo fin es representar impulsos primarios.  Supongo que por eso, en parte, se vuelve un objeto incómodo para críticos, academia y cultura en general.

 

 


-¿Cuántos estrenos comerciales tenés?


Tantos como películas: dieciocho.  Como te mencionaba unas respuestas atrás, actualmente estoy en postproducción de la decimonovena: “VICIOS de FAMILIA 3: LAS DEPRAVADAS”.

 

 


-¿Pero estrenás en cine?


El porno no corre por los mismos canales de distribución y exhibición que el cine “mainstream”.  El estreno comercial hace referencia a la disponibilidad de un film en la Red (plataformas Pay per View, Video on Demand, etc.) y subsidiariamente en DVD.
No obstante, desde 2011 mis films han sido presentados bajo distintas modalidades de avant premiere: en videobares, espacios de arte, discotecas y espacios INCAA (“Visiones de un erotómano” cerró la edición 2013 del Festival de Cine Inusual de Buenos Aires y, en 2011, parte de mi obra fue objeto de una retrospectiva en el complejo Arte Cinema de Buenos Aires).

 

 


-¿Dónde estudiaste cine?


En la Facultad de Bellas Artes de La Plata.

 

 


-¿Por qué Stefy Quinn es una figura en pleno clímax?  Definímela, por favor.


Porque está en un punto fulgurante de su carrera.

 

 


-¿En qué sentido fulgurante?


En el sentido de que brilla con intensidad.

 

 


-Pero explicame, pensá que uno entiende esas calificaciones cuando se habla de Norma Aleandro.


Es joven, bella, disfruta plenamente de su faena, parece haber nacido para hacer porno y, además de su enorme caudal de videos amateurs de producción propia, su protagónico en “ADICTAS AL JUEGO SUCIO 1” fue sencillamente descomunal.  Si alguien se pregunta por qué, sugiero simplemente vea la película.

 

 


¿Hace falta una película cuando uno tiene miles de escenas en XVideos y Pornhub?


Las películas se fragmentan en tantos modos de consumo como el espectador quiera. XVideos y Pornhub también tienen sus versiones Premium, y muy exitosas, por cierto; tanto como las ofertas V.O.D. y/o P.P.V. de megaplataformas como Adult Empire, Hot Movies o AEBN, entre tantas otras. 
El consumo gratuito convive con el consumo pago y, lejos de ser excluyentes, ambas variantes reportan beneficios a los diversos integrantes de la cadena alimenticia del porno.

 

 

César Jones, 9 de agosto de de 2020.