Texto completo de la entrevista a César Jones para el diario La Capital de Rosario (por Luciana Boglioli).*
Afortunadamente siempre tomo el recaudo de un backup para las entrevistas que se me hacen vía mail, ya que en la nota publicada por el Diario La Capital mis palabras fueron alegre y desfachatadamente tergiversadas. Esto es lo que realmente dije:

 

 

-¿Cómo está la industria pornográfica en Argentina? ¿Qué diferencias hay entre Argentina y otros países del mundo?
Se trata de una protoindustria, que supo tener sus primaveras –más o menos como le ocurrió al país durante la década pasada- y que hoy intenta reacomodarse –buenamente, creo yo- frente al nuevo teatro de operaciones que supuso la irrupción de INTERNET como lugar jerarquizado en el que traficar bienes culturales, entre ellos el porno, claro está. Respecto de tu segunda pregunta, hay tantas diferencias como países.


-¿Existe un número de cuántas personas consumen películas porno en nuestro país?
Desconozco; además, debemos tener en cuenta que no sólo existe el consumidor “cautivo”, sino también el eventual.


-Se producen películas y/ o escenas porno en Argentina? ¿Cuántas películas hiciste en tu carrera? ¿Cuántas estrenás por año? ¿Las estrenás en cines, en DVD, las vendés a algún sitio online?
Sí, actualmente se producen películas, algunas para el mercado interno, otras exclusivamente para el exterior y a través de INTERNET y otras sin delimitación de fronteras.   Llevo realizadas, a la fecha, dieciséis películas (la última fue estrenada hace poco más de un mes y lleva por título “TODA EN LA BOCA (Un informe ordinario)”).  Hace varios años que mis films siempre van acompañados de sus correspondiente estrenos.   Estos eventos se han llevado a cabo en espacios de arte (como el G104 de Almagro, en Buenos Aires), videobares e incluso salas INCAA, tal el caso de “Visiones de un erotómano”, que clausuró la edición 2013 del Festival de Cine Inusual de Buenos Aires.   Las producciones se editan tanto en DVD como bajo modalidades online (sitios PayperView y Video on Demand de todo el mundo).


-¿Cómo llegaste a ser director porno?
Sólo puedo conjeturar débilmente al respecto, puesto que no se trató de una elección per se sino de una cuestión procesual en la cual se implicaron miríadas de factores, algunos que puedo entrever, otros inescrutables hoy para para mí.  Sin embargo, dentro del entusiasmo que el cine en general me provocaba desde mi más tierna edad, el porno, a partir del descubrimiento púber y luego de forma más consciente aunque sin abandonar el deseo y la pulsión lúdica originaria, el porno decía, desde un principio acaparó mi atención, favorecida tal vez porque mis primeros escarceos en tanto espectador datan de principios de los ‘80, época en que el triple X todavía gozaba de los coletazos creativos de la década anterior y también sumaba su propia mirada al abordaje de los principales tópicos del género.  E incluyo en esta gama a los primeros films gonzo, que aportaron su mirada renovadora en aquellos años, más allá de que luego transmutarían en plaga exterminadora de ideas y autorreplicación exasperante, al menos hasta fines de la década pasada (el ‘10 trajo vientos de “refresh” generales dentro del condicionado). Por otro lado, el porno, en tanto topografía incierta, siempre se me ha presentado como campo fértil para desplegar deseos, tentar hipótesis, sugerencias, explicaciones parciales e interrogaciones varias sobre el ser humano y su problemática, sus goces y misterios en tanto entidad erótica.  Un territorio tan generoso como desaprovechado, también por mí, ciertamente, al compás de mis deficiencias como realizador, que entonces lucho por paliar para así poder encauzar mi deseo en pantalla del modo más fecundo que me sea posible.


-En Playboy las películas tienen un costo que ronda los 200 mil dólares. ¿Cuánto te cuesta a vos la producción de una película para adultos?
Es muy variable, no hay un presupuesto estándar.  Igual, hasta que no se le pregunte con la misma liviandad a Suar cuánto gana y a Celeste Cid su cachet, me niego a hablar del tema.


-¿Qué locaciones elegís para rodar tus películas? ¿Qué subgéneros te gustan más?
Las búsqueda y elección de locaciones se orientan según los requerimientos del guión o de la propuesta de que se trate (hago la salvedad porque, y no sólo en el porno, a veces se trabaja y muy bien sin un guión).  Por otro lado, en ocasiones los factores se invierten: una locación que me resulte atractiva –incluso por motivos que no estoy en condiciones de explicar- dispara la idea y por ende el proceso de escritura, producción y el resto de las fases con las que se acomete una película.
No tengo un subgénero ni estilo preferido, aunque últimamente estoy muy copado con el bukkake (in mouth).


-¿Cuál es tu límite?
Teniendo en cuenta la noción todoroviana de cuidado del otro, ninguno.


-¿La trama es importante o sólo te concentrás en el efecto? ¿Intentás dejar un mensaje en tus películas?
Si algún día alguno de los lectores de esta nota cae en la cuenta de que intenté dejar un mensaje en alguno de mis films, pido encarecidamente me ejecuten en plaza pública.   A mí lo que importa es desplegar el deseo, constatar mi presencia (que no sólo mi mirada) en cada película que hago, lo cual implica un ejercicio de desnudamiento (que no siempre te coloca en un lugar precisamente estimable para uno ni para terceros) sin el cual hacer cine –o tallar cualquier otra materia creativa- empezaría a carecer de sentido, al menos para mí.  Eso es lo importante, no la presencia o ausencia de una trama. 


-¿Qué diferencia hay entre cine erótico, porno, pos porno?
Para decirlo corto y sencillo y a los fines, no más que eso, de esbozar un trazo grueso que no tendría más utilidad que la de una referencia inicial: el cine erótico prescinde del sexo explícito, el porno hace de éste su razón de ser y el posporno tiene su anclaje en la/s teorías queer y las llamadas sexualidades disidentes, para usar su propia fraseología.

 

-¿Cómo influyó INTERNET en la industria pornográfica? ¿Tuviste que adaptarte a este cambio?
Influyó de mil modos, obró un cambio gigantesco.  No sólo en modos de comercialización (porno monetizado lateralmente, porno de pago directo en sitios PayperView y Video on Demand, etc.), sino también en modos de producción y realización (regreso de films y videos de media, corta y cortísima duración junto a los largos), estallido en mil esquirlas del mainstrean y sus cánones de todo tipo e innovaciones narrativas que se entrecruzaron de mil formas con las precedentes, las cuales, a su vez, no permanecieron estancas sino que siguieron fluyendo sobre la mutación privada –pero porosa- de las formas que les son propias, por así decirlo. 

 

-¿Cómo te das cuenta si una película funciona o no?
El barómetro es el gusto; si me gusta, funciona. 


-Últimamente están de moda los videos hot de las famosas, los videos "amateur", ¿por qué pensás que sucede esto? ¿Qué busca la gente cuando mira una película porno? ¿Cuáles son los subgéneros que más se ven y los más extraños?

Hace bastante que proliferan los videos “hot” (la palabra más deserotizante de la galaxia y más allá) de famosos.   No sé por qué sucede.  Sin dudas la tecnología actual lo facilita y propulsa, pero no explica el fenómeno.
Porque además lo que se muestra es pobre, degrada la noción de intimidad y pareciera haber, en esta gran feria expositora de alcobas que nadie pidió ver (pero que todos corren a husmear) el signo de un notable raquitismo sensual y emocional, que se compensa con la ilusión de consistir en una pantalla y frente al ojo fugaz de un otro indeterminado.  En cuanto a tu segunda pregunta, hay tantos tipos de porno como gente que los mira y deseos que se ¿consuman?  En líneas generales, el porno es un dispositivo de placer; eso es lo que se busca y eso lo que el porno ofrece.  Y no me parece poco, al contrario, es mucho.
No sé cuáles son los subgéneros más consumidos y en relación a las extrañezas, surge una nueva cada día: el porno es la medida de todas las psiques, podríamos decir parafraseando a Protágoras.

 

-¿La gente aprende viendo pornografía? ¿Los que ven pornografía es porque no tienen una vida sexual plena? ¿Por qué los hombres miran más porno que las mujeres?
No tengo idea, supongo que a algunos les resultará “terapéutico” o didáctico ver porno, sin dudas enriquece nuestra vida como todo hecho representacional.   Si los que ven pornografía lo hacen  porque no tienen una vida sexual plena, no quisiera pensar qué les pasa a los que consumen policiales.
No sé por qué los hombres consumen más porno que las mujeres –que de todas maneras también son grandes consumidoras-, supongo que porque el hombre es más un ariete unidireccional que apunta y va, y en tal sentido hay mucho porno que satisface esa demanda al instante.

César Jones, octubre de 2015.