Entrevista a César Jones para la revista THC (por Hernán Panessi).*

 

Contame si vos fumás.
No, hace muchos años, diez por lo menos que, salvo ocasiones aisladísimas (algún cumpleaños en el que acepto fumar un poco porque me hipnotiza más el pasamanos y la posibilidad de integrarme que el efecto en sí, por caso) no tengo contacto con la marihuana.  Es una droga que hoy día me desinteresa completamente y con la que, en su momento, mantuve una relación ciclotímica y con altibajos.   Pasé momentos gratos y viví experiencias memorables envuelto en sus volutas, pero también padecí malos viajes, taquicardia, bajones de presión que, en feedback con el estado de potenciación del sensorio que genera, desembocaba en círculos tortuosos más que viciosos en los que, infundadamente, claro, terminaba temiendo por mi vida (el famoso “me voy a morir”, ja).  Diríase que nunca acabamos de darnos la mano, a pesar de que fumé y bastante en mi juventud; mucho menos fue alguna vez una entidad omnipresente en mi vida e inimaginable para mí convertirla en bandera o cultura propia.  Nada más lejos.  Con el tiempo uno crece y al menos en parte se va dando cuenta, si no de lo que quiere, al menos de lo que no quiere o no le cuadra.  En mis años mozos (…) y visto en retrospectiva, fumar marihuana era casi un mandato juvenil que yo ni siquiera me planteaba poner en cuestión.  Con el tiempo también fue creciendo mi aprehensión no sólo hacia la marihuana sino hacia “parientes” más potentes, como el LSD.  Hoy ni en sueños me tomaría un ácido, pero ése es otro tema, y qué otras drogas prefiero, también.   

Si tus actores fuman.

Salvo excepciones, no.  Al menos en rodaje;  allende el set y salvo amistades más hondas, no tengo idea ni hurgo en sus hábitos.  Hubo un actor que acostumbraba fumar, mesuradamente, previo a su participación en alguna escena.  Gustaba de retirarse hacia algún paraje solitario –sobre todo si hacíamos exteriores, como fue el caso- y regresar bajo los efectos, muy tranquilo.  Sin embargo, en la segunda peli para la que lo convoqué, previo al último día de rodaje fumó muchísimo, la noche anterior y en la mañana, horas antes de saltar a escena.  Su performance no fue mala ni mucho menos pero declinó notablemente respecto de todas las precedentes.  Él lo atribuyó al consumo excesivo, y a mí me pareció bastante plausible. 
Luego, en el film de 2004Pornumental” (que ya desde la contracción del título se propone explícitamente como una aleación porno-documental) una de las parejas reales que participó de la experiencia fuma en cámara, mientras y en los breaks de su encuentro sexual.  El film, justamente, intentaba indagar en las napas profundas de la intimidad erótica de aquellos que, de a dos o en soledad, se dispusieran a atravesar esta aventura fílmica y sexual, este convite porno que nosotros les hacíamos.  Nos llamó la atención que los integrantes de esta pareja nos pidieran expresamente Coca Light y más aun la razón: la combinación entre dicha gaseosa y el cannabis (ustedes disculpen mi ignorancia al respecto, ni siquiera sé si es “el” o “la”, o si ambas son válidas según designen al porro en sí o a la planta) según dijeron, obraba en ellos como un potente afrodisíaco que ya formaba parte inalterable de sus ritos sexuales.  Interesantísimo.

Si creés que sirve el faso para relajar.

No lo sé; desconozco si desde el discurso médico, digamos, pueda asegurarse que la marihuana tiene propiedades relajantes.  Sospecho que sí; a mí me ha relajado tantas veces como otras alterado.  Y aquí entramos en el terreno de la subjetividad, la historia y la estructura psicofísica de cada individuo.  La gente que fuma asiduamente, que ha trabado amistad o hasta una relación de amor con el porro, suele lucir muy relajada.  También he visto fumadores ocasionales –me he visto yo mismo al espejo en cierta ocasión- con la presión por el piso y los nervios de punta luego de un par de secas.

Si permitís que lo hagan, si no.

No hay un habilitación ni una prohibición taxativa al respecto, básicamente porque no ha surgido nunca como un cuestión a plantear o a zanjar, excepto en las ocasiones que mencioné anteriormente.  Todo modo, mi política al respecto es permisiva con límites (como los padres copados pero no tanto, je) es decir, llegado el caso me inclino hacia el sí siempre que sea en dosis moderadas y con miras a potenciar o beneficiar la experiencia del actor o la actriz en rodaje.  No obstante, esa función yo la he pensado desde el vamos, desde mi primer film, con el alcohol (otra vez, en cantidad moderada); y la pensé bien, porque en general y en mi experiencia, actores y actrices, algunos de ellos, prefieren tomar una copa, o dos, esa medida aproximadamente justa que libera los frenos inhibitorios y relaja sin afectar concentración ni coordinación psicomotriz, de modo que logra situar a quien lo necesita en una condición óptima en términos sensuales y emocionales. Y no sólo para menesteres porno, claro.

¿Qué efectos tiene en tus actores?

Creo que esta pregunta está contestada en las anteriores, Hernán.  Espero que te sirva, cualquier cosa avisame.  Gran abrazo.

 

César Jones, 18/II/2014.

 

*"Duro y dulce (la marihuana en el cine pornográfco)", revista THC, marzo 2014.