Entrevista a César Jones para la Facultad de Periodismo de la U.N.L.P. (por Hernán Egea).

 

Para fanáticos del cine y del (cine) porno.

Entrevista a César Jones, director triple X oriundo de la ciudad de La Plata. Su llegada a la industria en medio de la crisis del país y cómo bancar los cimbronazos actuales del género de las condicionadas, producto de la difusión masiva por internet. Su vida, su infancia, sus relaciones de pareja en torno a su trabajo y los gustos propios que le da ser parte, y una parte importante además, de una profesión particular.
Por Hernán Egea.


La cita para la entrevista era a las 9 de la noche. Es martes. El cielo estaba despejado y ya empieza a instalarse el calor en la ciudad. El departamento donde me atendió está ubicado en 63 entre 1 y 2. En estos días además se iba en unas mini vacaciones a la costa para despejarse, así que podría decirse que conseguí un encuentro de pura casualidad. Había sido un arduo año de trabajo en su película número 15, "Visiones de un erotómano”, que recién terminaba y de la que justo al día siguiente tenía que visionar una última vez la edición para comenzar ya su venta en DVD en los próximos días.
Ya con 15 años de trayectoria, César Jones, al menos para los que están al tanto de lo que es la industria pornográfica argentina, es un nombre de culto.
Baja a recibirme. Subimos por las escaleras hasta su departamento del primer piso. Dentro del mismo se seguía escuchando un poco el ruido de afuera, por lo que me invita a pasar a una habitación cerrada que frena el paso de la acústica. Me dice que me siente y me pregunta si quiero tomar algo. Al cerrar la puerta, el aire parece encapsularse. El lugar es bastante angosto, pero acogedor. Se ven varios libros apilados, un pequeño estante con una lamparita o dos, una de las cuales estaba titilando por estar mal conectada.
Él se sienta en un sillón gris de dos cuerpos y se acomoda un poco. La mesita transparente que separa el sillón individual en el que me senté del que usa César me llega a la altura de las rodillas. Durante una hora y media, César repasa algunos pasajes de su vida, su infancia, el ingreso en la industria, algunas de las metas que intentó llenar, las relaciones personales relacionadas a este trabajo, la posibilidad (o no) de poder vivir de esto.
Tiene 42 años. Ése es su nombre real, el apellido “Jones” fue inventado, según él de una forma lúdica, no para enmascararse ni por una percepción vergonzante. “Lo tengo más internalizado que el nombre que figura en mi documento, al punto que incluso mi padre en ocasiones me dice César cuando mi primer nombre es Pablo”.
Vivió toda su vida en La Plata e hizo el jardín, la escuela y el colegio secundario en el San Luis, conocido por ser uno de los recintos más conservadores de la ciudad de La Plata. Incluso en el momento en que el entrevistado iba a la escuela, éste aún no era mixto. Desde un principio no cuajó muy bien con el resto de sus compañeros y sólo conserva de esa época a dos muy buenos amigos. “No fui carne de lo que hoy llamamos bullying, pero estaba en ese nicho de los que son medio ‘raros’, me gustaba leer, tenía once años y escuchaba Spinetta y no jugaba al rugby como los demás chicos”. Sus primeras relaciones fluidas con gente del otro sexo se dieron a partir de su ingreso al Conservatorio de Música, de donde guarda las mejores experiencias de esa infancia. En cambio de su paso por la Universidad conserva grandes amistades, y la gente que conforma el reducido grupo de la técnica de LPsexxx realizaciones, productora independiente con la que lleva a cabo sus trabajos, son egresados. La carrera de cine le proveyó herramientas de lenguaje. Posiblemente éste sea uno de los motivos por los que en sus películas hace tanto énfasis en los momentos hablados (“Lo que más les cuesta a los actores es verbalizar”). El amor por el porno, el cine proveyendo elementos y las dos instancias confluyendo le terminaron de dar el empujón para que pruebe hacerlo él.
Señala que no se plantearon vivir de esto, que lo hacían por el placer de embarcarse en un proyecto cinematográfico y el placer añadido de hacerlo en territorios porno, ambiente que los fascinaba. “Éramos bastante inconscientes en un principio. Recién con la película terminada y el master en mano, pensamos en la idea de armar un trailer y nos topamos con una industria que tenía más ganas de serlo que de una realidad concreta”. Pero las pocas productoras que había recibieron su proyecto con interés (su primer film, llamado “Las fantasías de… Sr. VIVACE”, que juega con el apropiarse de distintos estereotipos del porno, retomarlos de manera irónica y repotenciarlos con el erotismo del que habían sido vaciados) y les propusieron hacer una segunda entrega.
Ingresó en la industria pornográfica en el 2001. Había grabado el material el año anterior y al siguiente estaba editado. Aun así resalta que no se le puede llamar industria a lo que pasaba en ese momento en Argentina. “En el 2001 hicimos un relevamiento porque no sabíamos el estado de la situación acá. Había algunos nombres de algunos directores, como Víctor Maytland, sobre todo, que era el único que transitaba el género con constancia, pero no más que eso”. Las críticas de César van sobre todo hacia la misma industria, que gozó, así como también el país en general, de pequeñas primaveras financieras sistemáticamente desbaratadas por conductas depredatorias internas. “Quienes poblaban la industria del porno la iban desguazando, sumado eso a una visión muy cortoplacista de las productoras. Además de la proliferación de productoras y directores ‘golondrina’, que cuando vieron que podían poner un kiosquito de porno se apersonaron y empezaron a editar una cantidad enorme de películas, una atrás de otra, una más pobre que la otra”. Las condiciones económicas eran buenas, pero el género y sus capacidades de expansión se resienten si se sobreexplota. Y la fiesta un día terminó.

Saliendo de lo que es tu primera película propia, ¿cómo fue tu primer acercamiento a la pornografía en tu vida?
Fue durante la pubertad, de manera furtiva, semiclandestina. El padre de un amigo se había sumado al auge de los videoclubs y nosotros sacábamos los videos porno y nos hacíamos terribles maratones. Esto nos brindaba grandes dotaciones de placer y al mismo tiempo quedábamos asombrados por lo que veíamos. Por otro lado, mirando mucho porno, mirábamos muchas veces gran cine, pensá que hablo de principios de los 80’, un momento de gran creatividad y expansión del porno. Los más diversos meandros de la condición humana estaban impresos y sondeados allí de un modo fascinante. Había realizadores con planteos sólidos, proteicos. Quizá encontrarme con esas perlas haya hecho que me relacionara a futuro con la industria”.
En ese momento se levanta porque la luz que estaba mal puesta empezó a titilar, y mientras César se encarga de eso, yo miro un poco más alrededor: sobre el sillón hay un cuadro y a la izquierda de este otro que enmarca una foto de Los Tres Chiflados. En el departamento de al lado pareciera que están moviendo un mueble o martillando, pero siendo el ambiente tan cerrado apenas si se percibe. La luz deja de estar en corto y César vuelve a sentarse, se cruza un poco de piernas y apoya el brazo sobre el respaldo del sillón. Por lo menos no parecía incómodo, hasta incluso puedo llegar a atinar que contar estas cosas lo entretiene.

Preferís trabajar con actores profesionales o con amateurs?
Las dos cosas me gustan. Me gusta poder llamar a un actor o actriz que ya tiene un cierto recorrido. Me da tranquilidad y me abre un abanico de posibilidades que yo ya conozco. De todos modos, yo no busco que repitan siempre lo mismo, quiero punzar en el caudal de sus posibilidades. Me encanta también invitar a gente nueva a que se sume a la experiencia de participar en una porno, sea una experiencia de una vez o algo que se extienda en el tiempo. Hay más adrenalina en dichos casos, claro, pero tampoco quiero una ‘lotería’. Yo hago un trabajo consciente de casting. Para el llamado publico en mi web, en redes sociales (que me sirven bastante para difundir lo que hago) o diarios. Es una primera vez, pero bien estudiada”.
Al mismo tiempo que busca por los medios de comunicación, la demanda casi permanente de gente que quiere participar le ayuda a armar una base de datos con ciertos requisitos que a la hora de los castings son tomados en cuenta, de acuerdo a lo requerido en la filmación. Con el grupo elegido empieza una depuración, basada en la relación de los actores con él, su equipo y de aquéllos entre sí, para generar cercanía. Por esto mismo, y tomando el concepto del teatro, realiza reuniones de “caldeamiento”, cenas o veladas de tragos entre todos los participantes sin ningún otro objetivo que no sea divertirse, conocerse y engendrar complicidades. “Es sorprendente y fascinante ver cómo los actores que van a compartir escena se van generando sus charlas aparte”, dice al respecto.
Sus relaciones personales y su trabajo: “Maravillosa, sin tropiezos”. Desde la aprobación de sus padres a su trabajo, hasta de parte de cada una de sus parejas, muchas de las cuales terminaban aportando algo detrás de cámara. “Muchos piensan que en los sets después se realiza una barata del sexo, y no es así. El set y la vida son dos cosas distintas. Funciona como en una oficina, terminás viendo surgir amistades, noviazgos, relaciones ocasionales”. Él mismo acabó reencontrándose con una actriz de forma virtual que luego devino en un novizago de años. Hoy el amor ya no existe entre ellos, pero el corte fue en buenos términos y César siente que es una de esas personas que lo marcó. “En el porno no sucede, en ese sentido, nada diferente a lo que sucede en el resto de los ámbitos en que se juegan las relaciones humanas”. Actualmente está en pareja con la directora porno española Yla Ronson, de quien me pasó su teléfono luego de terminada nuestra charla por si quería entrevistarla, junto con el de otro buen grupo de actores.
Se puede vivir de esto. “Es una falsa creencia eso de que el porno en Internet es gratuito. Hay mucha oferta paga correspondida por grandes cantidades de usuarios dispuestos a oblar. Nosotros estamos felices porque somos argentinos y nos encanta no pagar, pero por otro lado, mucho de ese contenido está monetizado de manera lateral, por sponsors, publicidad y otras estrategias afines. No es que alguien hace un video que claramente no es amateur, porque no creo que una chica amateur se banque alegremente, por ejemplo, una triple penetración o los tipos puedan tener esa capacidad de flexión de piernas, y lo vuelca a Internet de una forma altruista o por amor al porno”. En el caso específico de Argentina, todavía se está buscando el reacomodo ante el cuadro de dominación que generó la virtualidad. “De hecho hoy mis ingresos más importantes y sustanciales vienen de tener mis quince películas en pay per view o en video on demand, que no son grandes ingresos, pero el sumar mis quince películas en decenas de sitios me permite una entrada mensual y un plus que también me posibilita seguir haciendo girar la rueda de la producción. No me falta nada, no vivo escaseces, pero tampoco me sobra. Me alcanza para no andar haciendo malabares, no demasiados, al menos”.

 

12/XI/2013.