Entrevista de Martín Zelaya a César Jones para la prensa gráfica de Bolivia.

 

¿Cómo se inicia LPsexxx… cómo empezó usted a hacer porno?¨
Sólo puedo conjeturar débilmente al respecto, puesto que no se trató de una elección per se sino de una cuestión procesual en la cual se implicaron miríadas de factores, algunos que puedo entrever, otros inescrutables hoy para éste que escribe.   Sin embargo, dentro del entusiasmo que el cine en general provocaba en mí desde mi más tierna edad, el porno, a partir del descubrimiento púber y luego de forma más consciente aunque sin abandonar el deseo y la pulsión lúdica originaria, el porno decía, desde un principio acaparó mi atención, favorecida tal vez porque mis primeros escarceos en tanto espectador datan de principios de los ‘80, época en que el triple X todavía gozaba de los coletazos creativos de la década anterior y también sumaba su propia mirada al abordaje de los principales tópicos del género.  E incluyo en esta gama a los primeros films gonzo, que aportaron su mirada renovadora en aquellos años, más allá de que luego transmutarían en plaga exterminadora de ideas y autorreplicación exasperante, hasta el día de hoy (mejor diría de ayer) – y junto al hastío oficial no-gonzo-, con las consecuencias por todos conocidas: éxito comercial, sopor, exhaustez integral de una gran parte de la oferta de la industria a nivel mundial…  Quedaría por relacionar estos factores con el advenimiento de la INTERNET, la “democratización” del sexo explícito y la piratería: básicamente un poderoso uppercut parcialmente autopropinado.
Por otro lado, el porno, en tanto topografía incierta, se me presenta como campo fértil para tentar hipótesis, sugerencias, explicaciones parciales e interrogaciones varias sobre el ser humano y su problemática, sus goces y misterios en tanto entidad erótica.  Un territorio tan generoso como desaprovechado, también por mí, ciertamente, al compás de mis deficiencias como realizador, que entonces lucho por paliar para así poder encauzar mi deseo y placeres en pantalla del modo más fecundo que me sea posible.

¿Cuáles son las actividades: sólo filmes porno, o también fiestas, festivales, swingers… u otros…?
Esencialmente films porno,  participar en festivales cuando los hay.  También charlas, mesas redondas, si me invitan.

¿En su criterio, cuál es el estado general de la industria porno en Argentina… es aún incipiente? ¿Ya consolidada? ¿En desarrollo?
En el devenir del porno como género industrial a nivel internacional hubo un punto de inflexión que fue la aparición del video.  Esta tecnología rápidamente reemplazó al fílmico en virtud del abaratamiento de costos que aparejaba, pero también por la menor complejidad técnica requerida para manipularla, al menos en su vertiente más básica.  Como consecuencia de esta migración, se hicieron a la escena nuevos realizadores personales y talentosos que, bajo las anteriores condiciones, tal vez no habrían podido llevar a cabo sus creaciones dentro del triple x.  Pero éstos fueron los menos, pues lo que en realidad campeó bajo este nuevo cielo fue una multitud de arribistas sin la menor noción respecto del lenguaje cinematográfico –y en muchos casos ignorantes también del decurso del género que empezaban a hollar-, lo cual, sumado al aumento exponencial de la oferta –siendo que a partir de allí era mucho más rápido y módico filmar una película porno-, trajo consigo una progresiva pauperización del relato en territorios hardcore, hasta llegar al punto, en no pocos casos, de su reducción a la mínima y desoladora expresión.
Pues bien, los comienzos del condicionado por estas tierras –obviando su larga primera etapa clandestina, va de suyo- se dieron a finales de los ´80, es decir, con el video como formato establecido desde el vamos.  El proceso, a escala, tuvo grandes similitudes con el que operó en el orden internacional y que describí líneas arriba.  Amén de casos puntuales donde el talento sencillamente escasea al punto de la evanescencia, ocurrió que el medio se pobló desde un primer momento de paracaidistas sin una pizca de entusiasmo ni esmero por su faena creativa, dispuestos a manipular un dispositivo sencillo y un espacio –el porno argentino (generoso por lo porno y novedoso por lo argentino)- que contaba además con la ventaja añadida y crucial de su inigualable potencia de base.  En otras palabras: de tan generoso, el triple x tornó y sigue tornándose carne de abuso, pues su fortísimo punto de partida –sexo explícito expuesto en pantalla- hace que experiencias tan desastradas como muchas de las que bien conocemos por estas Pampas, generen –al menos así hasta hace poco-, con todo y sus calidades de subsuelo, un interés del mercado en todos los eslabones de su cadena, incluyendo al receptor final, claro.  Desde ya que la práctica repetida de tales azotes fue minando la salud del género –y más en su versión local, naciente y débil- y es por eso que el impacto de la irrupción de la Red como lugar casi exclusivo en el que traficar bienes culturales –incluido el porno-, más la piratería, el resurgimiento del amateur made in casa y otros factores concomitantes, constituyeron un duro uppercut, como decía más arriba, que nos está obligando, prácticamente, a comenzar de cero y en tierra arrasada.  No obstante la calamidad, es una gran oportunidad de cambio profundo que algunos estamos tratando de comprender y aprovechar del modo más intenso que nos es posible, siendo que, en mayor o menor grado, todos fuimos actores de este derrumbe anunciado.
En fin, ésas más o menos las dificultades de fatigar el género aquí en  la Argentina y en mi experiencia particular, directamente relacionadas con la condición infausta de una industria enana y que no para de desbaratarse a sí misma y ahora, como si fuera poco, prácticamente derruida por factores externos y torpezas propias.  No obstante, lo que se extiende de aquí en más no es un silencioso funeral sino un desafío inédito, rebosante de posibilidades, y en eso estamos unos cuantos (bah, no tantos en realidad).

 

¿Hay diferentes tipos de porno argentino? Hay quien dice que Milena Hot es el porno popular, Maytland el comercial, y el suyo el más “artístico”… ¿está de acuerdo? ¿Cómo describiría su estilo de hacer porno?
Cada propuesta, al menos en el ámbito argentino, es un tipo de porno en tanto se corresponde con una cierta mirada.  Luego los rótulos corren por cuenta de quien los adosa.  Me pregunto que significará el término artístico encomillado… y también sin comillas.
No creo haber adquirido un estilo, quizá esté en progreso, de todas formas no es algo que deba interesarme.  Mientras le dé cauce a mi mirada sensible con todo el esmero que me sea dable proveerle, como lo he venido haciendo hasta ahora, estaré en tensa paz con mi espíritu. Pax Romana, tal vez.

 

¿Cómo es el trabajo suyo, es algo estable, por temporadas… hay profesionalismo, hay productores, directores, actores a tiempo completo?
Es estable, con tiempos más parecidos a los de una producción “convencional” que a los actuales de una producción porno, básicamente por el tipo de films que intento cincelar, por el esmero que le prodigo a cada uno de mis proyectos y por el compromiso con mi oficio, lo cual, claro, no garantiza resultados, pero sí crecimiento. 
No me gusta la palabra profesionalismo, me remite a automatismo y distancia, prefiero hablar de seriedad lúdica.  Por otro lado, yo soy quien dirige cada una de las películas y los actores y actrices son convocados de acuerdo a los requerimientos de cada proyecto. 

 

Le ruego que nos describa brevemente el proceso para filmar una película: desde el casting hasta cómo escogen locaciones, cómo es el equipo de producción, cómo se trabaja en la preparación de actores, etc…

El proceso comienza mucho antes del casting, es una idea que germina lentamente y viene de detrás de la conciencia, un punto de partida impreciso.  El casting se labra meticulosamente en función de las demandas del proyecto de que se trate, otro tanto ocurre con las locaciones.  Con los actores y actrices se trabaja desde varios planos, supongo que es sobre todo una propuesta tendida de encuentro, con todas las resonancias posibles, entre las personas que se acercan atraídas por la idea y nosotros. Una instancia de conocimiento mutuo, de tentar un ajuste de deseos y expectativas para embarcarse en una experiencia grupal que requerirá con idéntica necesidad del despliegue lúdico –actuar es ante todo nuestro anclaje libertario en la infancia, es jugar - tanto como de las responsabilidades y los compromisos derivados de sumarse en tanto adultos a un proyecto determinado. En cuanto a la composición de la escena que da forma a una entrevista, implica un diálogo verbal y físico y el requerir un desnudamiento, erótico y físico del entrevistado, punto en el cual comienza a vislumbrarse la conmovedora generosidad de los actores –o no actores- en este género –al menos en cuanto atañe a mi experiencia-, dado que entra en juego aquí la capa más íntima con la que pueda tratarse en este terreno. Actores y actrices necesitan y merecen de toda la contención que nos sea dable proveerles, al menos como una mínima devolución ante semejante muestra de amor. Verdad que el objetivo es convocar al goce y no al mero acto, y que entonces el placer suele apersonarse con formidable potencia en la experiencia actoral, tan cierto como que ese placer será directamente proporcional al temor provocado por su propia cuantía, y por la caída de velos represivos que el proceso pudiere conllevar. El actor se ofrenda casi como prenda sacrificial para vehiculizar esa misma confrontación interna en el receptor y –doble operación- tender el puente de comunicación entre aquél y el director. Pequeña gran heroicidad cuando esta pirueta se concreta, lástima que en general la devolución de los propios realizadores, productores e incluso buena parte del público no guarde el más mínimo respeto para con el más noble de los integrantes de la voraz cadena alimenticia del hardcore.  En lo que al equipo de producción concierne, es reducido –por estrategia pro intimidad imbricada con razones de orden presupuestario- y confiable; orbito y me orbitan de modo benéfico, afortunadamente.