Entrevista a César Jones para la Universidad del Salvador, Cátedra Bouthemy (mayo 2012).

 

Un pornógrafo de La Plata
Por Ignacio Ramírez

Entrevistamos a César Jones, director porno oriundo de la ciudad de La Plata. Hablamos sobre sus primeras experiencias, su visión del género, las peculiaridades de la industria en la periferia, los nuevos paradigmas de comercialización a partir del boom de Internet y su próximo proyecto.
César Jones se aleja por completo de lo que uno imagina cuando piensa en un director de cine porno. Quizás la primera sorpresa sea saber que es egresado de la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de La Plata. Cuenta que desde el principio, en su fascinación integral por el cine, el porno siempre ocupó un lugar jerarquizado. Y que cursando el último año de la carrera, junto a unos amigos, compañeros, o cómplices como los llamó él, decidieron incursionar en  lo que se convirtió en su primera y para nada última película. Donde las dificultades más grandes a nivel operativo, lógicamente las encontraron a la hora del casting, el cual finalmente contó con dieciocho personas, cifra que para la media del porno argentino describe como “un delirio”, y agrega que no sabe si podrá volver a trabajar con tanta gente.

CJ: Los costos de producción salían de nuestros bolsillos, no sabíamos si íbamos a poder vender el film, ni    nos lo planteábamos. Hasta que hubo un master en mano. Ahí dijimos: “Bueno, vamos a ver qué pasa, vamos a otear el horizonte y ver si hay productoras dispuestas a comprar; veamos de    qué se trata, si hay algún tipo de pseudoindustria”, que era lo que finalmente había: algo   muy larvario, pero los tres o cuatro posibles compradores se interesaron, no sé si  por las bondades que pudiera tener la película, o por ser mera diversidad en relación al panorama de aquel entonces.


César
habla de un género que cambia constantemente, donde las visiones mainstream están en continua mutación, ya que la repetición de esquemas genera un hastío que exige renovaciones estilísticas, desde, por ejemplo, el estereotipo de belleza femenina, que se fue desgranando hacia otras posibilidades; un abanico de atractivos físicos, psicológicos, mucho más amplios que hace, diez o incluso cinco años. Él, personalmente machaca sobre la importancia del relato en sus películas. He aquí una de sus marcas personales, probablemente influida por sus estudios universitarios.

CJ: Sobre el relato, hay que decir que le concedo importancia, claro, pero no es que haga algo       proactivamente. El hecho de base al hacer cine es, en mi experiencia, proyectar mi mirada en cada película, por pobre que pudiera ser el resultado. Entonces eso ya implica una marca a nivel de la dramaturgia. Mientras tanto, el relato va a estar siempre, incluso en el realizador más impersonal y desinteresado, porque todo, finalmente, relata algo. Cuando hay la presencia de una mirada, ya ese relato se reviste de una cierta humanidad, de una eroticidad que un relato desamorado no va a tener. Hay un encuentro íntimo allí, que es la huella profunda que deja el cine. Pero esto nunca implicó una gesta forzada, ni fue apotegma en mí. Es algo que se desprende naturalmente. Nunca trabajo con guiones de hierro. Aparte sería virtualmente imposible, dadas las características del género. Tampoco trabajo necesariamente con un guión, o con un argumento, en el sentido tradicional de la palabra. Me valgo de diversas herramientas, según los requerimientos de cada proyecto. A veces es un guión, a veces es un resumen argumental, a veces es una idea, una simple idea, no escrita, de la que partir. Depende: son distintos medios para distintos fines.

Hablando sobre la industria del género en este país, la define como “enana” y “deshilachada”, carente de una política común y más bien basada en las decisiones individuales de cada director o productora. En lo que atañe a su órbita, César se esfuerza para que la situación sea digna para todos los involucrados, con ítems de profilaxis que tienen que ver con el uso de preservativos y el pedido de tests de HIV y Hepatitis B obligatorios para todos los integrantes del elenco. Así también, existe entre los involucrados un contrato que consiste básicamente en una cesión de derechos de imagen en el se fijan derechos y obligaciones para cada una de las partes (actores/actrices y productor). Un esfuerzo no menor, teniendo en cuenta las características de la industria.

CJ: Las lagunas son aprovechables para los inescrupulosos de toda laya, desde ya. Ha pasado.  No mucho, por suerte. O sea, no se ha llenado el recinto con esa gente. Se ha poblado en su momento,  sí, de arribistas, pero en otro sentido. Gente que ha venido atraída por pequeños vientos favorables del género, el famoso viento de cola de la llamada macroeconomía, el coloso financiero internacional, ¿no?, y se apersonaban en su condición de advenedizos, de “golondrinas”. Notaban que en el porno se podía sacar un peso más que hacía unos años y entonces se ponían a hacer películas, no importa ya si de bajo o alto costo, sino de baja gama, en el sentido de que era algo muy pobre y muy mezquino lo que se le ofrecía al receptor, y eso redundaba en un círculo vicioso que tiene que ver con una conducta depredatoria de las posibilidades que en un momento dado se abrieron para la no industria local. Por eso el género, cuando pudo haber crecido más, terminó decreciendo.

– ¿Cuándo fue eso?


CJ: Y… digamos que hubo un período de ciertas posibilidades, entre 2004 y 2007, 2008. Y estas       conductas arrasadoras, de esta gente que obviamente después voló, a poner un puesto de   vaya a saber qué otra cosa, más otros factores que sería largo de enumerar, terminaron por desbaratar la chance.
No había ninguna intención sólida, ni vocacional, ni nada en lo que hacían. Esa visión  terminó asolando el medio, porque los grandes cambios que sobrevinieron a nivel global para la industria no encontró a la local lo suficientemente proteica como para asimilarlos; por eso hoy estamos como desde cero; pero por otro lado no deja de ser algo positivo, en el sentido de que terminó operando, entre las condiciones externas, desfavorables, una suerte de Big Crunch,  una especie de limpieza, de esas que obran las grandes tormentas, ¿viste? O sea, gran parte de esos personajes...

–Una purga
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CJ: Claro, terminó funcionando como una purga, relativa. Y hoy somos muchos menos, pero creo que hay más porcentaje de buena fe y de gente bien intencionada que antes, o por lo menos hay menos "malandra" que hace tres o cuatro años y eso ya es una buena noticia.

–Seguro. Y acerca de la discriminación, o el estigma que pueden tener los trabajadores de las películas, al no tener, como estábamos diciendo antes, una industria que les da cierta legitimidad.

CJ:  A veces puede traer consecuencias, como vos decís. Tampoco hay grandes mártires, digamos. Al estar la industria en un estado así tan larvario, no hay   grandes consecuencias, respecto de un posible panel social inquisidor.
La gente que se acerca, que conoce mi experiencia, lo hace con un grado saludable de despreocupación, ¿no?, de “inconsciencia”. Y cada uno, de acuerdo al escenario de su propia vida social, sabe o decide hasta dónde exponerse, o hasta dónde poder expandirse sin demasiados   problemas. Igualmente ese tabú que vos decís está, pero no en un grado crítico, y va menguando a medida que va pasando el tiempo.

-¿Y a la hora del casting cómo te manejás?

CJ: Mi búsqueda está orientada a personas, sean actores o no actores, que estén motivados por un ansia fílmica y erótica. O sea, un ansia porno. No tengo pruritos morales con la prostitución. Tengo una divergencia de objetivos. La persona que, generalmente, trabaja u oficia de trabajador o trabajadora del sexo, necesita, de alguna  manera, disociar los afectos de esa experiencia para poder llevarla a cabo. Y entonces, esa         automatización…

–Se refleja...

CJ: Es algo que no me sirve para la intensidad humana que yo estoy buscando en mis películas. Por ende, en mi caso en particular y en algunos otros casos dentro del porno, local o internacional, no hay nada más alejado que la prostitución de la pornografía. Tampoco están tachados de mi lista de antemano. Pero, en general, sí, porque son dos  modalidades operativas contrapuestas, prácticamente.


Uno de los lugares comunes más frecuentes en el cine porno viene por el lado de la musicalización, donde no suele salirse mucho de un soft jazz o un funky lavado. Este estilo de musicalización, con el paso de los años acabó remitiendo a un cliché de seducción y eroticidad. Por otro  lado,  César también remarca que  hay casos donde se siente la falta de la música y uno nota que esa ausencia es una cuestión de mezquindad, de “ahorrarse el trabajo y el dinero de hacerla”, sencillamente.

–Claro. Y en tu caso particular, ¿cómo tomás ese tema? ¿Qué encare le das?

CJ: Sí, yo le concedo una gran importancia, siempre que la tenga, digamos, porque he hecho  películas donde no se escucha una sola nota... Pero cuando yo considero que la música  debe estar, la tomo con toda la seriedad del caso, por eso hace varios años que trabajo muy concienzudamente con un músico y gran amigo, Derry Moore, que acomete con las bandas sonoras de las    películas. Hay largas, disfrutables y necesarias charlas de por medio: si hay un eje por donde debe pasar la música de la película, o si son varios, si debemos puntuar profusamente, si no... Y después, por supuesto, el trabajo concreto es obra de él y de su talento, que   muchas veces supera por varios cuerpos a mis pelis en sí, y las realza, además. Pero bueno, es un elemento al que yo le doy gran importancia. Sin embargo, no es omnipresente, depende de los requerimientos de cada proyecto.

–Contame un poco de tu última película, la que estás haciendo ahora. ¿En qué estadio está?

CJ:  Está en preproducción. Acabo de cerrar el casting, o sea de conformar el elenco para el film. Y en esta oportunidad, como lo hice en otras, estoy trabajando con una estrategia  inversa, se podría decir, a la habitual. La habitual consiste en escribir un guión, o tener una   idea más definida, y salir a buscar un elenco donde las distintas personas cubran los roles requeridos por esa idea. En este caso, solamente tenía un concepto en la cabeza y luego escrito en forma de ensayo –lo cual no es poco, en realidad-, una idea base  y, como hice en otras ocasiones, abrí el casting buscando conformar un elenco con la sola idea de reunir a la gente que más me sedujera de entre todas las que entrevistara. Aquellos en los que yo viera más potencialidad para el género.

–Esa potencialidad, ¿está desde un punto de vista físico, estético...?

CJ:   Desde todos los puntos de vista. Físico, estético, de carácter, psicológico, etcétera. Pero no deja de ser laxa, como forma de elección, y entonces una vez que tomo esa decisión, aúno la potencia que me brinda este elenco con la idea base y recién ahí, en una segunda instancia, bajo eso a una idea concreta que puede resultar en un guión o en una síntesis  argumental o en la herramienta que fuere. Lo cual está bueno, como experiencia, porque es como un ejercicio, te podría decir, de bajar niveles de ego nocivos, porque no hay una idea tuya previa y puntillosa a la que estés adorando, sino que, justamente, las ideas concretas surgen al dejarte influir por las características de las personas que elegís. Y ahora estoy en esa instancia, digamos. A punto de ponerme a escribir, a pensar concretamente qué es lo que vamos a filmar, a partir de las personas elegidas y de la idea de partida previa.

Claro, está hasta ahí. ¿Cuánto te lleva en promedio toda la película, contando la postproducción?

CJ: Y, mirá, al encarar las películas de esta forma, que ya hemos ido desgranando a lo largo de la entrevista, eso hace que los tiempos se parezcan mucho más a los de una película porno a la vieja usanza, o a una película no porno independiente, por decirlo así. Qué se yo. Una preproducción me lleva meses, largos; ya voy tres meses de preproducción y todavía le falta bastante a esa etapa. Vamos a definirlo en breve, pero la idea es filmar hacia   agosto. Y después la postproducción...; no sé, la última película me llevó cinco, seis meses duros y parejos, en términos sólo de post, obviamente.


– ¿Respecto a la comercialización? Calculo que es por Internet, que tienen sus mercados ahí, pero ¿es todo mercado nacional?

CJ: No, las pelis salen para Argentina y países limítrofes en formato físico, en DVD, a través de una productora muy conocida acá, que es la que tiene la concesión de Buttman,       que se llama Buttman Argentina, justamente. Y después, para el resto de los formatos,   incluido Internet y los países no limítrofes, me reservo los derechos y los comercializo yo mismo. Sobre   todo bajo una modalidad que se ha expandido muchísimo en los últimos años que es la de los sitios llamado VOD, que significa “Video on Demand”. Son como gigantescos videoclubs online donde los usuarios, a veces mediante el pago de un canon, alquilan o              compran virtualmente sus películas y de acuerdo a los minutos de visionado y demás, un porcentaje va para las arcas de tales sitios y otro porcentaje va para el realizador o el productor de las películas. Yo tengo catorce pelis y las tengo ubicadas en un montón de este tipo de sitios en el mundo. Si bien te van dando ingresos pequeños, al sumarse la cantidad de películas más la cantidad de webs, eso digamos que redunda en una suerte de entrada mensual que viene a equivaler a un sueldo. A mí me permite   mantenerme y tener estos tiempos largos de producción. Darme ese lujo, estoy haciendo lo que quiero y estoy pudiendo sustentarme, sin que me sobre nada, claro está.

– ¿Y cuáles son los factores o los detalles, en películas de otros directores, que te gustan o que te generen respeto por lo menos?

CJ: Y, por ejemplo, en De Marco me gusta el esmero formal que tienen sus películas. Para sintetizarlo, ¿no?, condensarlo. De Tony Panero me cautiva cierto grado de desparpajo, aunado con una mirada cuasi documental, que me resulta muy interesante. En la obra de Vignera, la cuestión subterránea. Filmar en VHS y en un límite muy difuso entre lo ficcional y lo documental. Qué se yo. Cada uno de estos personajes tiene sus aristas interesantes. Después hay gente que no me gusta, digamos, que no me gusta el estilo, pero los respeto por la calidad intachable con la que facturan sus películas. Por ejemplo, Marco Torino, Argentina Triple X, hace gonzo. Aunque el gonzo está cambiando y se está volviendo más interesante últimamente. Pero él hace un gonzo muy a la usanza americana “tradicional” y a mí no es un estilo que me interese, sin embargo él lo hace de un modo irreprochable, está muy bien logrado.

Bueno, César, muchísimas gracias.

 

Mayo de 2012.