"Un pornstar en la ciudad" (entrevista de Natalia Andrea Ruiz a César Jones para la agencia Nova y la revista La Data).

 

Nota: la farragosa transcripción de la entrevista acometida por el redactor de la agencia Nova motivó las líneas que siguen y el que su seguro servidor tuviera que apelar a este documento -qué remedio- para ajustar sus respuestas a lo verbalizado en ocasión de dicha entrevista, además de acometer con el trabajo que aquél no quiso o no supo hacer: transcribir un reportaje oral al registro escrito con un mínimo de rigor y compromiso a la hora de una faena tal.

Ahí les va (ni me molesto en dejarles el link a la entrevista publicada en el site de Nova, pues no es lo mío ser vocero de mi propio escarnio):

"Natalia, releo la nota y cada vez se reafirma más en mi percepción lo que estuvo claro desde un principio: hay -de parte del redactor, según me ilustraste vos- una falta de compromiso, o bien de idoneidad, o de ambas, que entorpece y en muchos casos tergiversa flagrantemente mis palabras.  Una pena por vos, por mí y por los eventuales lectores; la falta de respeto para con ellos y nosotros es ostensible.  En fin, ahora que tengo tu permiso publicaré mi versión de la entrevista, con tus preguntas tal como las enunciaste y mis respuestas aunque sea en algo parecidas a lo que pienso y dije aquel día en que nos encontramos.  Pareciera que en lugar de resultar del trabajo serio de un redactor profesional, esta nota hubiera sido la obra de un taquígrafo sobremudo, hastiado y medio sordo. 
Qué más decirte, es mi palabra, y para mí vale, y por ende me rebelo cuando se la violenta.
Besos
          César".

 

¿Cuál es tu edad?

Tengo 41 años.

 

  ¿Tenés hermanos o sos hijo único?

Soy hijo único.

 

¿Cómo llevas el hecho de ser único hijo?

Bien, porque para mí es lo que fue desde siempre. A veces al hijo único se lo percibe como una rareza, pero el que así percibe no cae en la cuenta de que ser hijo único es para el otro su condición de toda la vida. Además, y en mi caso, esta condición me permitió y me permite disfrutar de espacios íntimos y  posibilidades de introspección que son parte de mi sagrado tesoro.

 

¿A qué colegio fuiste?

Fui al Colegio San Luis de La Plata. Jardín, primaria y secundaria.

 

¿A qué edad miraste la primera película porno que te hizo pensar que esto es a lo que te querías dedicar?

No recuerdo exactamente, por la pubertad, alrededor de los trece o catorce años. Por otro lado, nunca hubo una decisión taxativa: “yo me voy a dedicar al  porno”. Lo que sí hubo siempre fue un deslumbramiento por el género, que fue mutando porque se daba desde distintos nodos en mi vida, en la medida en que yo iba creciendo junto a mis azares y circunstancias, entre ellas una decisiva que fue mi paso por la carrera de Comunicación Audiovisual, la cual, entre tantos otros aportes, me proveyó de herramientas para mirar el cine, y particularmente el porno, de un modo novedoso, ampliando y enriqueciendo exponecialmente mi percepción del fenómeno.

Cuando estaba en el último año de la carrera, junto a un grupo de amigos decidimos hacer una película porno. Fue un pasaje al acto, podría decirse. En aquel momento no hubo pretensiones de actitud transgresora o de pavonearse con un supuesto arrojo, nada de eso. Era la consecuencia natural de un gusto jerarquizado que ocupaba el cine pornográfico en mi vida, amén de toda la otra gama de cine que también me interesaba y me sigue interesando, claro.

Luego se fue haciendo camino al andar. Veo al porno como un espacio muy estimulante para vehiculizar placeres, deseos e interrogantes acerca de nuestra sexualidad. Como género me parece, en ese sentido, un ducto generosísimo, más allá de que en general se lo desbarate o no se tengan en cuenta sus preciosas posibilidades en el campo del erotismo fílmico.

Pero retomando, al concluir nuestro primer film, ocurrió que la película generó interés por parte de las productoras y del pequeño nicho de público que había en ese momento para el género en nuestro país. Luego, los mismos compradores y ofertantes de aquel opus iniciático me propusieron un segundo film y de esta forma se fue gestando mi oficio, dicho esto a doce años de aquel primer paso. Afortunadamente, aquellos “bienes” que yo producía -y produzco- suscitaban cierto interés, como te decía, y consecuentemente movían cierto flujo de dinero que nos convenía y satisfacía a todos, aunque esto muy esto parcialmente, vale aclarar, pues mi quehacer me sustenta pero no me sobra, literalmente, un peso. Entonces, lo mejor, fue lograr la imbricación entre dicho sustento económico –muy ajustado, reitero- y la consecución de mi deseo creativo.

 

El dedicarte al porno, ¿afecta tus relaciones interpersonales al momento de formar una pareja?   Decididamente no. Quizás puede ser que recorte un poco la vida social, en el sentido de que puede haber gente prejuiciosa que repruebe tu oficio. Pero lo antedicho se desbarata porque esa gente sancionadora no gravita ni orbita en mi vida. 
Uno, básicamente, se reúne con aquellos que le son afines. He tenido varias parejas, nos hemos conocido mientras yo iba forjando mi pequeña parábola porno, y allí sólo hubo empatía, algunas de estas personas incluso han colaborado directamente en la producción de los films a través de distintos roles.

 

¿Saliste o estuviste de novio con alguna de tus actrices?

He tenido relaciones de distinto tipo, de toda la gama, desde relaciones de amistad, que se han tallado en el tiempo, hasta alguna relación en la que a los involucrados se nos podría  tildar de “amantes” (y no porque haya habido un tercero engañado, vale aclarar) o de amigos con sexo incluido. También he tenido una pareja estable.

Por supuesto hay que hacer una distinción muy importante, y es que todas esas relaciones se dieron con la fluidez natural que surge de la dinámica de compartir un mismo espacio de trabajo y campo de expresión. En ese sentido me pasó lo mismo que le puede pasar a alguien que trabaja en una oficina o en cualquier otro ámbito de producción laboral.

Lo que quiero decir es que nunca me aproveché de la pequeña cuota de poder que supone ser el director/productor de un emprendimiento porno para poner pie en algo o en alguien, y no hablo de cosa ni siquiera parecida a lo que podría llamarse acoso sexual sino a ese abuso de poder que se manifiesta en formas a veces muy sutiles, o muy subliminales, pero que se dan y yo aborrezco.

Si alguna vez tuve una relación, fue una relación franca. No puedo responder por todos los directores, no sé qué pasará en otros casos, supongo que debe haber de todo en la viña, como en cualquier ámbito.

 

¿Quién es César Jones? ¿Quién es ese chúcaro agente del triple X?

No tengo la menor idea. Yo me percibo a mí mismo -y percibo a los otros también- como un devenir constante, como una máquina que no para de mutar. Si ensayo una definición estaría cristalizando algo –¿yo?- que se está moviendo y por ende estaría mintiendo. No puedo responder a esta pregunta más que con esto que estoy diciendo.

 

¿Cuántas películas realizaste? ¿En dónde?

Filmé catorce películas, ahora estoy en pre-producción del film número quince. Siempre me moví en el ámbito de Capital Federal y diferentes localidades de la Provincia de Buenos Aires. He filmado en La Plata, en Pilar, en Quilmes, en la Isla Paulino, etc., etc.

 

¿Te considerás un innovador en el cine triple X?-          No me considero un innovador. Si yo pienso en aquellos que realmente considero innovadores, entonces no siento ni considero que haya innovado. Lo único que puedo decir a mi favor, es que sí he cursado y curso el género con toda la autenticidad con que me es posible hacerlo, jamás me recosté sobre alguna fórmula que más o menos me funcionara. En este sentido, la honestidad intelectual, el arrojo y el riesgo creativo no me los cuestiono, los resultados son otro cantar. Ojalá yo fuera más talentoso y pudiera asumir el papel de innovador o al menos hacer algún tipo de aporte en tal sentido.

 

¿Qué es lo que más te gusta de tus películas? ¿Qué es lo que menos te gusta de ellas?

Son características puntuales de cada film, no sé si hay invariantes de lo que me gusta y lo que no me gusta. Puede haber, no sé si como falla, pero sí tal vez como la gran batalla que libro narrativamente hablando, un gran nudo gordiano que es el de imbricar erotismo, en el sentido hondo del término, con pornografía, entendida como sexo explícito expuesto en pantalla, intentando que no se noten las costuras de las partes ficcionales del relato, con las de las partes que se sumergen en aquellos segmentos más “triple x” de la película de turno, dicho esto de manera muy burda y en tren de graficarlo lo mejor posible.

Me cuesta tramar ese tejido y llegar a buen puerto, es una lucha que, básicamente, me hace querer hacer una film detrás de otro tratando de mejorar todo lo que pueda en cada nueva ocasión.

 

¿Aceptarías filmar una película para otro realizador y/o director de cine? ¿Aceptarías filmar y realizar una film con el guión de otro, si te gustara el mismo?

No filmaría a pedido o por encargo, como se dice en la jerga, con el estilo de otro realizador o director. A la vez, si fuese un guión que a mí me atrajera, tal vez sí lo haría... o tal vez no, porque me siento un realizador tan limitado, que si me quitaran el guión (o la herramienta que sea que construya mi mirada), que es una parte que eleva considerablemente mi autoestima y mi placer lúdico, imagino quedaría bastante desvalido. Al ser un director medio tullido, y no poder contrapesar esa carencia con un guión u ojos propios que colmen razonablemente mis expectativas, siento que acabaría demasiado desnudo y frustado, como un niño al que le han quitado un dul... un guión, o le han estocado las retinas, ésas que lo separan tenuemente del desastre.

 

¿Trabajarías y filmarías en el exterior si te proponen hacer una película con el estilo de otro realizador o director?

En relación a ir a trabajar y filmar en el exterior, en algún momento he fantaseado con ello, aunque no desde el lugar del anhelo. Esto me sucede en situaciones de devaneo mental, en la ducha, caminando por la calle, cuando hago tiempo para acudir a una cita, etc. En este momento me siento demasiado arraigado, me costaría muchísimo viajar a trabajar en el exterior, radicarme, creo que no lo haría, por más que hubiese mucho dinero de por medio.

Además, lo que hago está directamente relacionado con el lugar en donde vivo y con el entorno social, cultural y demás factores que supone estar anclado en un país, en un determinado radio de afectos y geografías. Si tuviese que migrar mi porno a otro país me quedaría medio mudo, supongo.

 

¿Qué satisfacciones te trajo dedicarte al cine porno?          
         Básicamente la que le debe traer a cualquiera que esculpe materia creativa: el inmenso placer que produce tallarla, trabajar sobre algo que querés y, finalmente, lograr darle forma. Cada una de las películas es un trabajo muy arduo, pero ese sudor que implica se acomete con felicidad. Acerca de los dolores y las torturas contingentes que pueden ocurrir en el medio, en el pasaje, son parte del desafío. Pero, finalmente, se trata de una tarea felicísima. Estoy seguro de que esto ha de suceder con cualquier oficio con el que uno esté comprometido: cuando se labra desde el querer nos aguardan, muy probablemente, pingües dividendos espirituales.

 

Acerca de uno de tus films, “Teatro Genital: una programática de la libido”, podría decirse que, inicialmente, el sexo pasa por lo mental y luego por lo genital, esto desde una mirada y un análisis psicológico. ¿De qué se trató esa programática?

En realidad, en el film, la "programática de la libido" tenía que ver más con la terminología de alto impacto que usaba el protagonista, un profesor de teatro con el ojo alucinado puesto sobre la carne, el erotismo y la muerte, que con un corpus teórico a desgranar -aunque algo, o mejor dicho, mucho de ello había en su discurso y en sus actos, al fin y al cabo-,  pero él no era mi vocero en la película, yo no empatizaba totalmente con sus teorías y sus prácticas, mucho menos con su dogmatismo.

Lo que realmente me interesa de la película es la confrontación de la protagonista femenina con sus propios temores, sus retoños de lo reprimido. Eso es lo que inconscientemente busca esta joven periodista, el personaje ficcional; su coartada consciente y su excusa es que va a realizar un trabajo de investigación profesional, pero desde ya no es casual que acuda a este antro parateatral hipersexuado, donde se encarna literalmente todo aquello a lo que le teme, o sea, el placer sensual.

Mi coincidencia con el personaje del profesor en la película es intermitente en todo caso, como cuando, y por citar un ejemplo clave, le dice a uno de sus alumnos: “¿Da miedo el placer?”, justo en el momento en que el chico se está arrodillando para practicarle una fellatio a otro compañero. He ahí el núcleo del relato, que vehiculiza el personaje de Lucía, la periodista. Por otro lado, me interesaba también la posibilidad de dejar abierto el final. No es un relato cerrado y redondo en el cual la periodista va, confronta con sus miedos y los supera. En la película la protagonista termina deambulando por las calles, en un estado de estupor, y las resonancias de toda esa experiencia brutal que acaba de atravesar sólo podemos hipotetizarlas, imaginarlas, entreverlas en su mirada abismada que nos dice que a duras penas está comenzando a procesarlas. El film concluye allí (y si hubo spoiler que no se note).

 

¿Qué satisfacciones te trajo “Zorra”, tu último film?        Entre otras la de haber recuperado la capacidad de disfrutar la instancia de rodaje, cuando últimamente me estaban ganando la tensión y los nervios, en una procesión interna que, además, todo el resto del equipo receptaba, más allá de mi trato cortés y  mi calma aparente.  Un gran triunfo para mí.

 

Explicame esto de que aparecés en tus películas como Woody Allen...

Presupuesto. Me falta un extra para el film, no lo puedo pagar, lo hago yo.

 

¿Cuáles son los requisitos y características que evaluás de un aspirante a actriz o actor porno? ¿Cómo se lleva adelante el casting? ¿Cómo son las condiciones laborales?

Los requisitos y características se construyen en base a los requerimientos de cada proyecto. Sin embargo, hablando en términos de cine porno, hay dos factores aunados que se tienen que dar sí o sí. Esencialmente y por un lado, la capacidad de participar del proyecto disfrutándolo y entregándose a la experiencia. Por el otro, una saludable cuota de exhibicionismo: al eventual actor o actriz porno debe generarle placer el hecho de estar siendo mirado por otros durante la filmación, por mí y por el equipo técnico, y luego, en segunda instancia, por los que se hagan del film cuando éste se encuentre circulando por las calles y en la Red. Esto es lo básico.

 

Víctor Maytland es considerado “el padre del cine porno nacional”, ¿cuál es tu opinión acerca de este pionero del cine triple X, de su trabajo como realizador y director y acerca de sus películas? ¿Cuál es la ambivalencia que observás en Víctor y en sus películas?

Siempre he dicho que mis diferencias con Víctor son de tipo creativo y no personales, tengo un buen trato con él, hemos compartido un programa radial hace poco, por caso, y también tuvimos la oportunidad de charlar amigablemente en más de una ocasión.

Me parece es indiscutible que Víctor es el pionero, por un hecho fáctico: en el momento en que él puso un pie delante del otro en territorios hardcore en Argentina, estaba solo con su alma.

En relación a la ambivalencia a la que hacés referencia, creo que en Víctor se concentran vectores contradictorios. Por un lado es pionero por lo arriba expresado y,  a la vez, lo que no se termina de ver en sus películas es que haya una intención de arrojarse sobre la obra, de proyectarse en ella,  ni tampoco  de superarse, de abandonar la pobreza expresiva y la rusticidad consuetudinaria, y todo esto se aprecia de modo flagrante en su producido más allá de mutaciones contigentes.

Los realizadores que le sucedieron tuvieron que cargar con esta mochila, me refiero a que su cabalgata homologó en buena parte del público–y con todo derecho-“porno argentino” con “porno de baja gama”. A mi criterio, lo podemos considerar el pionero, el padre del cine porno, un mal padre. Creo además que Víctor no se ha planteado, es más, diría que le desinteresa totalmente una práctica audiovisual intelectualmente honesta, que implica el coraje de trasladar a la pantalla sus temores, sus placeres, sus interrogantes, es decir, proyectarse a sí mismo en la obra a través de la propia mirada. Esto opera en mí un desapego hacia su filmografía que no tiene retorno, definitivamente vamos por caminos divergentes.

 

Hablemos de Tony Panero, ese joven realizador del cine porno.

Para mi Tony es un amigo y aliado. Es una persona muy diversa de mí, y yo disfruto de esa diversidad y también me alegra notar cómo evoluciona, cómo crece su esmero película a película. Desde mi punto de vista es una aparición positiva en el escenario del porno argentino.

 

¿Cuál es la película que más te gustó realizar?

Mi opinión va cambiando por épocas a este respecto. Hoy respondo que la película que más me gustó -y quizás la tenga un poco idealizada- es “Temporada alta”. Me parece que allí logré  algunas cosas a nivel de la dramaturgia que llegaron a buen término. Básicamente se trataba de mostrar, pero impactando sensualmente en el espectador, claro, algo que ya sabemos de sobra, pero que por internalizado hemos (des)naturalizado: me refiero al carácter cultural de nuestras prácticas, mandatos, prohibiciones y tabúes en materia sexual. Siento que logré vehiculizar de modo efectivo el planteo en el decurso del film, y eso me hace parcialmente feliz.

En ese mismo film pretendí, también, brindarle al receptor la información de manera dosificada, presentado el argumento y sus líneas como de a brochazos, pero no para jugar con algún tipo de suspenso, sino para que ese mundo otro, ucrónico, que traza el relato, vaya cobrando forma de modo progresivo, constituido entonces en una suerte de rompecabezas que pudiera ir armándose simultáneamente en la psique del espectador y en su propio cauce narrativo. Me parece que en ese campo la película exhibe otro de sus aciertos.

 

¿Trabajarías con animales?

Justamente estoy en el medio de un debate interno con ese tema. He visto videos de zoofilia en Internet, y si bien no son lo mío, alguna vez han operado en mi psique y en mi libido. Sinceramente no sé si trabajaría con animales. Si la ilusoria ocasión me pillara moralmente más laxo, me imagino acometiendo el desafío. Pero otras veces lo pienso en otros términos, como una suerte de abuso y entonces ya no me gusta tanto, hay una ambivalencia al respecto dentro de mí. De todos modos, y a nivel operativo, concreto, la posibilidad de llevar a cabo un film con esas características es lejanísima, por no decir imposible.  Ahora bien,  cuando fantaseo, oscilo en medio de ese tribunal ético, y no estoy muy seguro de qué responderte, aunque una voz muy dentro mío dice "no".