Entrevista a César Jones (por Melissa Orsi)

¿Qué te llevó a elegir el cine triple x como medio de expresión?

Respondo que lo sé a medias. El cine en general me apasiona desde que tengo memoria. Con la carrera en la Facultad de Bellas Artes conclusa fui redescubriendo el condicionado con la misma fascinación que me despertó cuando púber, en medio de la revolución hormonal propia de la adolescencia. Entonces, cuando terminé la carrera, revisité todo aquel corpus aunque, claro, de una forma más consciente y sistemática. Así fue que en el último año de cursadas surgió la idea de embarcarme en el proyecto de hacer una película porno sin fines comerciales. Lo único que conocía al momento, en cuanto a movimiento vernáculo, era la existencia de Víctor Maytland. Sin dudas me animaba el deseo lúdico de sumergirme en un género al que no sólo respetaba, sino que además me atraía intensamente. Se trató de una cuestión procesual, el fruto cayó del árbol de una forma muy natural. Cuando se propuso la idea de filmar porno a nadie le pareció descabellaba, ni mucho menos una bocanada transgresora. Siquiera podría definirse como la realización de un deseo que había acuñado durante años. La elección resultó de un juego. La primera película- “Las fantasías de… señor VIVACE”, editada en el 2001-, superó las expectativas. En ella hubo mucho esmero y la pulsión lúdica jugó un rol esencial. Con el film en postproducción, hicimos un relevamiento de los ámbitos dentro de los cuales circulaba el género y resultó que las pocas productoras que había estaban interesadas en comprar el material, no por la producción en sí, ni por la calidad de la película, sino porque el terreno estaba un poco desierto y sólo cabalgaba un jinete solitario con una estética determinada y, digamos que por defecto, nosotros representábamos entonces una diversidad atractiva. De alguna forma LPsexxx apareció como una realizadora alternativa a la idiosincracia del cine pornográfico nacional y así se dio el pasó inicial; así nació LPsexxx realizaciones.

 

¿Cuáles son las diferencias respecto al cine de aquel caballero solitario que mencionás en el ámbito del cine triple X argentino y respecto del cual venís a ser una suerte de ruptura?
   
Bueno, respecto de Maytland no veo vasos comunicantes entre las producciones de él y las mías. Existe una distancia inusitada de miradas; de formas de concebir el género. No obstante, esta comparación suele tener lugar fogoneada por ciertos sectores de la prensa y la crítica. Como decía antes, él cabalgaba el terreno en solitario y de pronto apareció una segunda propuesta con continuidad que era la mía. Una propuesta que implicaba la proyección de la propia mirada en la construcción realizativa, emplazada entonces sobre lo que deseaba, necesitaba y podía.  Esta comparación que rutinariamente se apersona y tiene lugar acarrea algunos intentos de exacerbar la supuesta dicotomía que conformamos. Sin embargo, todo lo que ocurre es que no comulgo con su forma de ver el porno. ¡Esto está lejos de ser un enfrentamiento! El género es demasiado modesto para plantear una batalla.

 

¿Cómo encarás este tipo peculiar de mirada?

El porno ofrece un territorio vastísimo para explorar, especialmente fértil para brindarnos la posibilidad de desarrollar ideas, plantear hipótesis, dudas y cualquier tipo de tentativas sensibles y existenciales sobre nuestra condición humana en tanto seres eróticos. Somos entidades sexuales, y a partir de allí el género se brinda para que nosotros nos sumerjamos en una búsqueda fecunda y, con suerte, a veces enriquecedora, una búsqueda subyugante tras la pista del deseo.
Me parece que el porno, si intentamos una mirada retrospectiva enfocada en la mejor tradición del género, tiene que ver con el aprovechamiento de esas potencialidades que generosamente ofrece. Es un género fértil, pero depende de uno fecundarlo. La materia nuclear con la cual se trabaja centralmente, o sea la sexualidad  explicita, dota de una fuerza tal a cualquier experiencia dentro del género que lo vuelve siempre y en principio potente. Quiero decir que lo provee de un vigor que contrapesa las carencias realizativas y técnicas que un realizador pueda tener. De hecho yo me percibo como un realizador con muchas carencias, pero no me recuesto en ellas. Hay dos líneas de fuga en ese sentido: el porno propone o dispone tenderse sobre ese lecho de rosas -sabiendo que una experiencia porno más o menos controlada va a redundar en un producto de cierta potencia- y dormirse allí, o aprovechar esa amable puerta de entrada para tratar de hacerlo mejor en cada nuevo intento. Es como optar entre una actitud mezquina o una actitud amorosa ante la vida.

 

¿Básicamente la diferencia está en narrar una historia?

No, no se trata de narrar o no una historia. Más allá de una línea argumental, ficcional o documental – o los distintos estilos por los que uno puede optar en el proyecto de turno- lo que hace la diferencia es la mirada de un realizador proyectándose a través de su obra. Aquella  mirada que todo lo envuelve y dota a la creación de una singularidad única; en este caso la singularidad de un autor plasmada en sus producciones. La mirada, si no está muerta o fosilizada, siempre cambiará sus puntos de vista y siempre también va a ser necesariamente sesgada, y ese sesgo a la vez va a ir mutando inexorablemente. Se trata de focalizar en distintas parcelas, como si fuéramos observando el mundo a través de un kit de prismas y éstos nos otorgaran acceso a distintas angulaciones sobre los diversos suelos de nuestra existencia.
La diferencia clave está dada entre ese porno mainstream que se replica hasta el hastío y se produce serialmente sin ninguna otra pulsión que no sea el acopio comercial, y la otra vertiente que se funda en una búsqueda deseante y genuina. Y esto se puede extender a cualquier ámbito del quehacer  humano.

 

Vayamos al mercadeo de la pornografía. Un cineasta de cualquier género no espera que su film quede guardado en su mesita de luz, sino que ansía que el material creado sea objeto de deseo de la mayor cantidad de personas posibles ¿Cómo logras la comercialización de tus películas, generar público y ganancias?

La industria mundial de la pornografía tiene una gran cantidad de consumidores. Hoy la Web 2.0 es el lugar por excelencia del intercambio entre realizador y receptor. Y será también, como lo demuestra el flujo de la corriente, el mayor centro de encuentros a futuro entre ambos - y no  tan sólo en cuestiones de pornografía. Uno de los modos de subsistencia tiene que ver con la posibilidad de colocar cada uno de los films en formato pay per view. Mis películas están en sites donde los usuarios pueden descargar sus contenidos, y las utilidades dependen de la cantidad de minutos que éstos visionen, los alquileres virtuales, etc. Al proliferar este tipo de webs, las ganancias que se van acumulando mes a mes permiten al realizador una entrada de dinero que si bien no es holgada está lejos también de la desesperación.
Además, aún se mantiene la venta física en el mercado local. Para la Argentina y países limítrofes las películas salen en DVD y Blu-ray, y para el resto del mundo, como te decía, a través de la Web. Esto más allá de la posibilidad siempre latente de cesión de derechos DVD para otros países, principalmente USA y los centrales –económicamente hablando- de Europa.

 

¿Esta diferencia en el consumo de pornografía en formatos físicos y virtuales según los países del globo, creés que se debe a una desconfianza del consumidor argentino respecto a los medios virtuales o básicamente a una costumbre sociocultural?

Sin duda Argentina está unos pasos por detrás si la comparamos con el tráfico y el consumo virtual que se da en Estados Unidos y los países centrales de Europa que recién mencionaba. En estos últimos, el sistema de oferta y demanda a través de la web está mucho mas aceitado, mientras que aquí todavía subsiste el formato físico. Si bien el DVD  aún goza de cierta vigencia residual, creo a la vez se encuentra en franca retirada. Personalmente intuyo que los consumidores de los países centrales están más relajados en su interacción con las modalidades virtuales, además de que gozan –en líneas generales- de otro poder adquisitivo y no les va la vida en pagar un canon por mes. Igual conjeturo que por estos lares, tarde o temprano, nos adaptaremos a las nuevas condiciones que ofrece la Red. El cambio es paulatino y vertiginoso a la vez. Será cuestión de tiempo.

 

¿Existe un nuevo proyecto que se encara como una respuesta ágil al nuevo estado de las cosas?  

Es así. En respuesta a esta nueva forma de interacción que se apersona con tanto vigor y junto a un grupo de colegas, entre los que se cuentan Alejandro de Marco, Tony Panero y David Bellini, estamos trabajando -atentos al nuevo escenario- en la creación de un megasitio que pronto estará online. La idea pretende conformar una suerte de  usina nacional que acumule la oferta de contenido triple x de la mayor cantidad de realizadores de cine porno argentino en clave virtual.
    Este proyecto es una suma de fuerzas, un área de potencias convergentes en pos de dar una respuesta efectiva, sólida y seductora frente al nuevo teatro de operaciones que plantea la aparición de la Red como lugar en el cual traficar nuestros bienes creativos y encontrarnos con posibles receptores.
    Pensar en un megasitio implica reconocer el curso de la corriente y propulsar nuestra propuesta a través de esa gran marea mundial que hoy es la Web. Se trata no de confrontar, sino de urdir estrategias inteligentes para servirse del dispositivo. Creemos que mediante una propuesta aglutinante como ésta podemos abrir el abanico de consumo y la diversidad de bienes culturales vinculados a la industria nacional del género. El sitio posiblemente se llame ArgenPorn y estará dirigido a consumidores de nuestro país pero sobre todo orientado al mercado internacional, a seducir usuarios de otros países del mundo.


 

Centrándonos en tu nueva película: ¿Cómo surgió “Zorra”?

 “Zorra” brotó  como una respuesta bastante obvia a mi película anterior “…. y el sábado, sexo”.  Esto teniendo en cuenta que cada película transita por el estado de ánimo que me va habitando al momento de llevar a cabo el proyecto de que se trate. “… y el sábado…” es básicamente un relato de angustias, puertas cerradas, dificultades para comunicarse con el prójimo. El personaje central del film es una joven que no logra abrir ni una mínima hendija al cauce de su querer, alguien que no consigue gustarse con la vida. Si bien no es una película autorreferencial, yo estaba atravesando un período emocional con bastantes similitudes al de la protagonista.  El film mantiene un final abierto, no se sabe qué pasará con ella, aunque el pronóstico no parece muy alentador. Pero de alguna forma yo sí encontré esas hendijas por donde reinventarme. Y eso es justamente lo que intenté plasmar en “Zorra”. "Zorra" es ese salirse de la sexualidad como vehículo para narrar realidades acuciantes y adentrarme en la comarca erótica como una posibilidad única e incomparable de enlazarme con el placer en el sentido más hondo y pleno que pudiera pensar para mi vida. “Zorra” surgió como una salida de sol en mí. Es una película de ánimos ascendentes, claramente, una celebración de la sensualidad y de los goces y misterios que el sexo nos puede proveer en tanto estemos dispuestos a aceptar el desafío. Ese estado emocional que rezuma el film acompañó mi propio proceso vital y ayudó a empujar el lastre, a darle el empellón necesario para restañar heridas y ligarme a una percepción más saludable de la aventura de vivir. Hubo, sin duda, un freedback, un movimiento de retroalimentación clave entre mi  cuadro de situación espiritual y la consecución de “Zorra”.  Como en cada película, por otra parte.

 

¿Qué temática plantea “Zorra”?

Desde el punto de vista narrativo, ofrece una excusa a través de su sinopsis que supone que todo lo que vemos en pantalla es el resultado de las imágenes mentales que se le extrajeron a un sujeto voluntario en un experimento paracientífico, por el cual se  ha colocado a esta persona en un estado sostenido de duermevela erótica, lográndose esto a través de la emisión de estímulos externos audiovisuales, restricción del acto masturbatorio y de cualquier contacto con otros sujetos y el suministro de una serie de drogas en dosis controladas, para de este modo extraer, decodificar el material audiovisual  proveniente de esa mente en ese estado alterado y calenturiento. Es como si estuviéramos accediendo de manera directa a las visiones provocadas por la psique manipulada de ese sujeto al que desconocemos. Y justamente por eso la lógica del film no está determinada por la vigilia, ni es tampoco la del sueño, sino más bien la de un estado intermedio de preconciencia. Por eso la película está llena de realidades aparentes y de otros accidentes geográficos de la conciencia que no podemos reconocer ni en la vigilia ni en el sueño profundo. Así es que “Zorra” está direccionada hacia la celebración del deseo en una forma abarcadora y lo más honda que me ha sido posible. En suma, la búsqueda y consumación del deseo es la piedra angular de la temática que plantea la película.


 

¿Cuál fue el tiempo de producción de la película?

Aproximadamente un año. Es el tiempo estándar de producción que generalmente me han venido llevando mis últimas realizaciones. Puede sonar a un tiempo de producción normal para películas que estén fuera del ámbito pornográfico, pero para el género es un lapso abrumador, excesivo y definitivamente largo, y esto tiene que ver con mi manera de encarar y visualizar el triple x. Un año significa un esmero en el hacer, un trabajo arduo en todas las fases de la producción; esto hace que cada una de estas fases se extienda más de lo esperable según los dictados oficiales de la industria. A saber, una porno al uso se arma en un mes o dos. Igualmente vale aclarar que los tiempos de producción, prolongados o cortos, no guardan relación per se ni  garantizan el grado de calidad de un film.  O sea, claramente tiempos de producción extensos no son necesaria ni directamente proporcionales a la calidad del resultado final de una obra cinematográfica.


 

¿Cómo realizás los castings, la selección de actrices o actores?

La búsqueda de actores y actrices la realizo a través de la web LPsexxx. El número de visitas al sitio es atendible y constante. Conservo un tráfico que puedo considerar atrayente y por eso la web es mi emplazamiento principal a la hora de darle difusión a los castings.  Se trata de una de las fases de la preproducción que resulta clave y vital; el hecho de encontrar a los actores y actrices que puedan representar logradamente a los personajes que dan vida a cada producción es obviamente primordial. En la Argentina no existe un plantel estable de profesionales del género como sucede, por caso, en Estados Unidos; aquí  la mayoría de las actrices o actores porno se dedican paralelamente a otras actividades, pues todavía no están dadas las condiciones para que puedan subsistir exclusivamente a través de la faena interpretativa. Por otro lado, el hecho de encarar los castings –en su fase inicial- a través de la web permite ampliar considerablemente el abanico de posibilidades a la hora de conformar un elenco.

 

¿Con qué presupuesto te manejás usualmente para llevar adelante tus films? ¿Y cuánto costó “Zorra”?

Actualmente, en el mercado local, hay una serie de parámetros sobre los cuales trazar estamentos presupuestarios dentro de las producciones triple x.  En términos redondos, casi esquemáticos, existe un bajo presupuesto que orilla los cinco mil pesos, uno medio de diez mil pesos- que fue con el que se hizo “Zorra”, poco más o menos- y uno alto que fluctúa entre los quince mil o veinte mil pesos. En los tres casos las sumas son irrisorias comparadas con otros emprendimientos cinematográficos, irrisorias por lo bajas, obviamente. Uno va desarrollando entonces una gimnasia, un músculo que fortalece la imaginación y la precisión necesarias para llevar a cabo un proyecto fílmico bajo esos cielos financieros. Las condiciones a las que te habilita este tipo de presupuestos generan un sinfín de limitaciones que uno tiene que tomar el desafío de reconvertir en potencia. De esta forma, a la hora de volcarlas en pantalla, uno pretende que esas supuestas limitaciones hayan tornado vigorosas y que no devengan en una suma de pedidos de disculpa al espectador. Hay películas que lamentablemente dan esa impresión, como si todo el tiempo te estuvieran diciendo: ¡disculpame, pero lo hicimos con poca plata! Se trata de librar batalla y generar una alquimia creativa poderosa con los recursos de que uno disponga.

 

 

 

Una buena parte del porno en su versión canonizada tiene un componente de cosificación hacia la mujer que molesta a audiencias sobre todo feministas. ¿Qué opinión te merece?

Se da muy por sentada la cosificación –y su mala connotación- pero no estoy seguro de que sea tal, depende mucho de las producciones, el porno no tiene una cara lisa y uniforme. En la faz más visible del porno opera la cosificación de los actores, de las actrices, de las travestis, de cualquier sujeto que aparezca en pantalla, pero no es un proceso que siempre y necesariamente se padezca, ni siempre y necesariamente denigrante, el tema es mucho más complejo y no se resuelve con terminologías vaporosas que esconden argumentaciones endebles y resentimientos alarmantes. Además, hay otro tipo de porno que se cuela haciendo su propia guerra de guerrillas y ahí la mirada sobre la humanidad de los intérpretes es otra, está muy lejos de la cosificación en su vertiente más ruin. A veces hay zonas difusas, donde la cosificación opera en superficies intermitentes. En este sentido, la resultante suele ser muy otra respecto de la mentada misoginia o misantropía general que puede atribuírsele a priori –y en algunos casos con razón- a gran parte de las producciones del  género a nivel industrial. Yo tomaría de una manera, por así decir, más ligera a la cosificación en el porno, no me parece algo grave; a veces, incluso, redunda en escenas altamente logradas y placenteras.  Hay mucho discurso parroquial dando vueltas, incluso desde los flancos supuestamente más progresistas…, el problema real es la explotación lisa y llana, la desatención de la profilaxis y todas aquellas prácticas que implican el descuido o la humillación de los intérpretes por fuera de la representación y como modus operandi de ciertos sectores que ostentan el grado más rancio en la cadena del género.  Por otro lado, me parece, volviendo a la cosificación, que ésta a veces oscila aun dentro de una misma producción e incluso haciendo foco en una misma actriz o actor, y entonces la mirada –la del que filma y la del que recepta- va pivotando entre reificación, digamos, y humanización. De modo que la operación en esos casos es balanceada y abierta, ya que su dinámica  remite a una totalidad humana y erótica que es inmanente a la persona/personaje sobre la que se parcializan, de modo intermitente, repito, zonas del cuerpo a través de los distintos encuadres que obran sobre la superficie de esas territorializaciones corpóreas. Desde ya que me siento del todo lejano a la misoginia y de toda esa especie de ánimo incansable de mansillar a las mujeres que tan bien conocemos entre cierta oferta del género. Lamentablemente hay algo patológico que enlaza a productores y consumidores en ese nodo. Pareciera que la única forma de obtener algún tipo de goce implica que la mujer sea ultrajada con mayor o menor entusiasmo. Yo allí ya no encuentro nada que rescatar.
Igual, la cosificación también es algo a lo que se puede jugar, así como una pareja puede optar por asumir roles transitorios para divertirse. Desde este aspecto creo que habría que bajar la guardia puritana y disfrutar un poco más.

 

¿Qué expectativas merece desde tu óptica tu decimocuarto film, “Zorra”?
 
Bueno, creo que al ser un film que se posa sobre un estado de ánimo tan vivificante y celebratorio intuyo puede expandirse y generar un alcance mucho mayor que mis pelis anteriores. Algunas de mis primeras producciones creaban –no adrede, claro- como un campo de fuerza que repelía a muchos posibles espectadores de cine triple x. Me refiero al tratamiento de temas mortificantes, sórdidos, extraños, no convencionales, de los que no reniego en absoluto. Y “Zorra” viene a ser un poco la gama más alejada de ese espectro, siempre dentro del tenor de mis realizaciones, obviamente. Creo que tendrá un alto grado de receptividad, y paulatinamente voy corroborando esta corazonada porque el trailer, siendo público, está motivando una gran cantidad de devoluciones halagadoras y entusiastas que no hacen más que colmarme de estímulos de cara al futuro.

 

¿Qué es lo que más te atrae de la sexualidad?

Pues no podría separar ítems cual si fuese una noción de la que pudiéramos extraer ofertas como en una góndola de supermercado.  La sexualidad es motor, aliento, subsuelo, latencia y potencia, una experiencia fundante que atraviesa nuestra existencia.  Es nuestra condición.

 

 

¿Alguna vez tuviste un referente cercano -por dentro del ámbito del cine triple x- que te haya mostrado un lineamiento o un camino? (con esto me refiero a que cuando uno se desempeña en un ámbito puede que conozca a un colega que lo impulse a una mira, que lo acerque a una forma de…, puede haber sido un profesor de la universidad, un colega, un curioso, es bastante personal la pregunta.


No ha sucedido eso.  Encuentro valiosa la obra de Marcelo Vignera, un realizador triple x subterráneo –ya retirado- y de trayectoria casi paralela a la de Maytland.  Sin embargo no podría señalarlo como referente. 


 

Partiendo de la supuesta base de que en tus films buscás mostrar el perfil psicológico o experiencial de tus personajes,  ¿qué te motiva a esa búsqueda? ¿Qué es lo que querés trasmitir con eso?


No siempre mis films intentan dotar de densidad psicológica a sus personajes, lo hacen cuando lo necesitan, y no siempre lo logran en esos casos.  Se trata de un requerimiento dramático, ni más ni menos, como en otros casos puede serlo la caracterización más plana que pudieras imaginarte.  Los senderos a través de los cuales plasmamos nuestras ideas, o nuestros intentos de sugestión en el cine, pueden ser vastos y no siempre los esperables.

 

¿Qué otros trabajos audiovisuales por fuera del género realizaste a lo largo de tu carrera?

He hecho muy poco por fuera del porno. Algunos cortometrajes cuyo mayor interés –personal, claro está- radica en haberse constituido como puntas de lanza para mi incursión en el quehacer cinematográfico; los trabajos curriculares durante el período de estudio en la facultad –cortos y mediometrajes en diversos formatos y ejerciendo roles varios- y finalmente fui parte de la postproducción y responsable de la musicalización del film argentino independiente “Carne mía” (2002), de Mariano Martínez Paiva, que en su momento se estrenó en el MALBA como parte de un ciclo sobre jóvenes realizadores argentinos.


 

¿Otra rama del arte que practiques aunque no sea profesionalmente?

Tengo algunos conocimientos musicales, estudié guitarra varios años en el Conservatorio Gilardo Gilardi de La Plata, integré y hasta encabecé algunas bandas de rock, pop y afines durante mi adolescencia y primera juventud, y ya en decidida condición de no-músico experimenté a placer en diversos planos de la electrónica, siempre como un juego sin otras consecuencias que solazarme en la intimidad, aunque a finales de los ’90 llegué a grabar con Dave Böumann un CD inédito a partir de estas exploraciones. Se llamó “Tecnología Militar”.   También ejerzo mi desvergonzado derecho a la pluma, a través de intentos de ensayos que cuelgo en mi web, posteos en facebook y alguna que otra colaboración aislada para publicaciones gráficas, además de la escritura de mis guiones, de más está decirlo.  Mi pasado desfachatado también incluye dos libros en formato poético: “Sonido mogólico”, autogestionado, y “Tecnología Militar” –que dio lugar a la experiencia electrónica homónima de la que hablaba más arriba-, editado por Libros de Tierra Firme, mítico emprendimiento del recordado José Luis Mangieri.
Y ése es, más o menos, todo mi prontuario por fuera del cine porno.

 

 

 

Si eres voraz lector como interpreté o conjeturé, ¿cuál ha sido esa obra que te impactó y por qué?


Hay muchas, no una, sería larguísimo de enumerar.  En los últimos tiempos me ha venido fascinando la obra de Michel Houellebecq, pero también estuve leyendo a Greg Egan, viejas novelas de Ballard, Pynchon, etc., etc.

 

 

 

En breves líneas, ¿qué aspecto o circunstancia te llamó la atención cuando realizaron la  retrospectiva de tu obra en el complejo Arte Cinema Sur? ¿Hubo alguna suerte de comentario o devolución que guardes en tu memoria y que sume aspectos positivos para tu desempeño?


Uno de los aspectos más interesantes estuvo dado por el grado de lucidez, sensibilidad y conocimiento del género que percibía claramente en las charlas con el público post proyección de cada filme.  Reconfortante.


 

¿Existe otro proyecto a corto plazo además de Argenporn? ¿Alguna propuesta por parte de terceros o algún proyecto impulsado por la productora LPsexxx  para el 2011?


Hay algunas ideas y propuestas, pero todavía no cobran forma del todo discernible, el proyecto “Zorra” ha sido gratificante pero también arduo y es necesario dejar que el tiempo obre en mí y que los próximos planes ocupen su lugar sin forzar su advenimiento ni resentir mi salud…

 

 

¿Quiénes y por qué son para vos grandes exponentes en el cine del género? (Acá podes nombrar tu top, o algunas escenas que te hayan motivado, aquellas imágenes dignas de maestría que te cautiven y que mires atentamente una y otra vez sin visos de cansancio)

 

Pensando al género en sentido amplío Gerard Damiano, Hnos. Mitchell, Henri Paris, Noboru Tanaka, Michel Ricaud, Jack Deveau, Jean-Daniel Cadinot, Greg Dark, Kirdy Stevens, Satoru Kobayashi, algunas producciones de CFNM y un vasto etcétera.  Básicamente por la misma razón aglutinante: han pensado al género en maridaje con el erotismo y nunca sin su insoslayable sustento.

 

¿Y por fuera del cine triple X, algún referente? (Sé que te atrae Jean-Luc Godard, que revisaste una y otra vez toda su obra, pero no se cuál es tu fundamento, desconozco porqué desarrollas el gusto y disfrute; esto a modo de ejemplo)

 

Yo también desconozco las claves del gusto, y en todo caso requerirían una expedición al inconsciente a la que no le veo ningún sentido.   De modo que no tengo referentes –eso sí que sería petulante si comparamos mi modestísimo producido audiovisual con el de la gente que voy a pasar a mencionar- pero sí realizadores que me hechizan con su obra (otra vez, la lista es limitada, de lo contrario devendría casi interminable): Andrei Tarkovski, Godard, Truffaut, Takashi Miike, François Ozon, Gutiérrez Alea, Terence Fisher, Pasolini, Ford, Lucrecia Martel, Favio, Diego Lerman, Pablo Fendrik, Welles, Browning, John McNaughton, John Casavettes y así ad infintum…

 

¿Con qué personas te topaste en medio de tu carrera y consideras ese encuentro como un valioso hallazgo?

 

En tanto colegas o coequipers, con Tony Panero, Alejandro de Marco, David Bellini, Jimmy Crispin, Derry Moore, Emanuelle y algunos varios más.  Son unos cuantos.

 

Tu primera película tuvo un saldo positivo e impulsó una dedicación profesional dentro del cine triple X, ¿por qué creés que fue así?

 

Básicamente porque fue una producción esmerada, disfrutada al hacerse y con ciertas cualidades destacables.  Por otro lado, estimo generó interés no sólo y no tanto por eso, sino por ser mera diversidad respecto de la obra hasta allí prácticamente solitaria de Maytland.

 

¿Qué opiniones te han devuelto las productoras o distribuidoras en relación al material que les presentás?

 

Con ellas ha habido una esgrima constante, pues siempre intentaron disciplinarme y hacer que virara hacia el porno al uso; me negué de modo sistemático, obviamente, y como a través del tiempo mi modo de filmar fue encontrando su pequeño eco en el mercado, se cansaron de molestarme… tanto.

 

 Si mirás detenidamente, por unos segundos analíticos, el panorama de nuestro país, con los cambios que se han producido, como la Ley del matrimonio homosexual, por ejemplo, ¿cómo vez el escenario? ¿Creés que estamos en un momento donde resulta más fecunda la apertura al cine de género triple x en la sociedad? A lo que apunta esta pregunta es si creés que en este particular momento visualizás que hay menos prejuicios y mayor apertura? (Aquí  se me ocurre relacionar esta “supuesta apertura” con lo que fue la retrospectiva de tu obra. La posibilidad y los ánimos de abrir el espacio)

 

Pregunta demasiado abierta y compleja.  Para sintetizar, bienvenida la Ley, bienvenida la merma de brotes represivos en líneas generales a nivel social respecto de las orientaciones sexuales, del cine porno y de todo aquello sobre lo que pudieran pesar prejuicios, discriminaciones o estigmas de cualquier sesgo y color.   Sin embargo, y a la vez, noto tiempos de una sobreactuadísima corrección política que no hace más que poner de manifiesto la proliferación de una mala conciencia galopante, ésa que, culposa, se apresura a igualarlo todo –en aras del “respeto” supuestamente-, cuando la vida consiste en mirar, sentir, dejarse atravesar y producir diferencia; dicho de otro modo, se trata de experimentar abiertamente el contraste, la percepción de que el otro es otro, no uno mismo proyectado en el prójimo. Válgame.

 

Cualquier anécdota puede resultar incluso más rica informativamente que una respuesta a una pregunta que casi podríamos considerar caprichosa… 

 

Nunca estuve seguro de que fuera cierto, pero en uno de nuestros primeros castings me llamó un pibe que quería actuar con la mamá, poniendo como condición velarse tras máscaras o postizos para no ser reconocidos por parientes o amigos.
Finalmente nunca acudió a la entrevista personal...

 

18 de abril de 2011.