Texto completo de la entrevista de Sergio Di Nucci a César Jones para el diario Tiempo Argentiino.

 

¿Por qué creés que hasta la gente de Letras de la UBA (tan aristocrática en sus gustos, muchas veces) se interesa por tus filmes?

Pues qué puedo agregar, yo no tenía la menor idea sobre ese interés.  Uno podría tentarse rápidamente y decir que se debe a un gesto snob, o que es la consecuencia de hacerles decir a mis films aquello que no necesariamente dicen con el fin de satisfacer un afán elitista que no deja títere con cabeza, incluido el porno; en suma, que es una de las tantas formas que, para algunos grupos, cobra la imperiosa exigencia de ostentar cierto pedigree cultural que los distinga con un absurdo pin.  Sin embargo, lejos estoy de arriesgar estas presunciones, en primer lugar porque, si no me traiciona la memoria, no conozco –que yo sepa taxativamente- a una sola persona del ámbito de Letras de la UBA, y en segundo porque ese tipo de generalizaciones, en este caso puntual, no me parecen demasiado útiles y sí lo bastante injustas. 

Para muchos entendidos sos un caso único: tus filmes lo son: hacés porno, lo entendés, tenés éxito, pero  llevás al porno a extremos (artísticos) que amenazan romper el género (porque no claudicás en los estereotipos más mecanicos, en las vulgaridades más anti-eróticas): hay quien piensa que hacés "porn-avant-garde"... ¿Sos consciente de eso?, y si lo sos, ¿por qué lo haces?, es decir, ¿de dónde viene el impulso?, ¿cómo surgió?, ¿por qué lo hacés -sabiendo que dando mucho menos, tendrías la misma o más distribución?

Veamos, ¿tengo éxito en realidad?  En términos de poder dedicarme a lo que más me gusta y sustentarme con ello –viviendo al día y lejos de anheladas condiciones económicamente más holgadas, todo hay que decirlo- sí, podría decirse que lo tengo.  Pero si hablamos de cuán satisfecho estoy con los resultados de mis pelis en tanto cosecha de mis esfuerzos creativos, entonces ese éxito se pone más en cuestión que nunca, aunque a la vez, la naturaleza más o menos tullida de cada uno de mis films es el acicate para intentar hacerlo mejor en la siguiente ocasión.  Por otro lado, el vilo constante de mis ingresos de dinero y la incertidumbre en las posibilidades de producción que se apersonan opus tras opus –y que hasta ahora, de una u otra forma, siempre he logrado sortear- están lejos de constituir un panorama exitoso, sino que son más bien la expresión de mis carencias relativas para reunir materia creativa y réditos financieros en una misma empresa.
Finalmente, las distintas características que pueden atribuírsele a mis films son el fruto de una tentativa por seguir el curso de mi querer, la autopista de mi deseo construida pulso por pulso y pulsión a pulsión. Nunca se ha tratado de alejarme de los estereotipos del género, ni de claudicar ante ellos o pretender una expresión avant-garde del triple x (éstas no son sino especulaciones –en algunas ocasiones- o realidades discutibles –en otras, quizá-); en cualquier caso todo eso no es otra cosa que la consecuencia de darle cauce a mis ansias en el vastísimo horizonte de posibilidades del género.      


Contanos un poco de vos, ¿cómo se te dio por hacer porno, qué te decía tu flia., tu círculo íntimo, al comenzar?

Sólo puedo conjeturar débilmente al respecto, puesto que no se trató de una elección per se sino de una cuestión procesual en la cual se implicaron miríadas de factores, algunos que puedo entrever, otros inescrutables hoy para éste que escribe.   Sin embargo, dentro del entusiasmo que el cine en general provocaba en mí desde mi más tierna edad, el porno, a partir del descubrimiento púber y luego de forma más consciente aunque sin abandonar el deseo y la pulsión lúdica originaria, el porno decía, desde un principio acaparó mi atención, favorecida tal vez porque mis primeros escarceos en tanto espectador datan de principios de los ‘80, época en que el triple x todavía gozaba de los coletazos creativos de la década anterior y también sumaba su propia mirada al abordaje de los principales tópicos del género.  E incluyo en esta gama a los primeros films gonzo, que aportaron su mirada renovadora en aquellos años, más allá de que luego transmutarían en plaga exterminadora de ideas y autorreplicación exasperante, hasta el día de hoy – y junto al hastío oficial no-gonzo-, con las consecuencias por todos conocidas: éxito comercial, sopor, exhaustez integral de una gran parte de la oferta de la industria a nivel mundial…  Quedaría por relacionar estos factores con el advenimiento de la INTERNET, la “democratización” del sexo explícito y la piratería: básicamente un poderoso uppercut parcialmente autopropinado que de todos modos empieza a encontrar respuestas inteligentes desde distintos flancos del sector, incluyendo sus centros, márgenes y, digamos, extrarradio.
Ah, me olvidaba, mi familia y círculo íntimo: gente despierta y sin mala conciencia que siempre vio esta incursión mía con estimulante simpatía.

Contanos cómo es la escenografía de la película, ¿la hacés, la producís?

No estoy seguro sobre si te referís a la escenografía propiamente dicha de cada película que realicé o si es una metáfora que inquiere sobre el proceso integral de producción de mis films.   Pretenderé que se trata de esto último.  Salvo una aislada y nada feliz excepción (“El profeta”, del año 2002), mis largometrajes han sido siempre autogestionados, cediendo luego los derechos de los mismos a distintas compañías locales y extranjeras, conteniendo cada una de estas cesiones sus  particulares extensiones y límites en cuanto a formatos y territorios.   Por caso, la comercialización y distribución de mis films en formato DVD, tanto para nuestro país como para el resto de América Latina, ha tenido como cesionario exclusivo desde 2004 y hasta la fecha a Buttman Argentina, que justamente acaba de lanzar mi último delito audiovisual, intitulado “Zorra” y que recomiendo negligentemente a todo mundo desde estas páginas.


¿Qué cualidades buscás en los convocados?

Al intentar un porno la mayoría de las veces argumental, y en todos los casos uno que proyecte mi mirada sobre ciertos recortes de mi percepción del mundo -plasmada luego en pantalla, claro está-, la respuesta es que lo que busco varía de film a film, dependiendo de los requerimientos del guión o de la propuesta de que se trate.  De todos modos, hay una condición en forma de constante, y se trata, básicamente, de encontrar una sed –erótica, interpretativa, de curiosidad general y específica- que es la misma que yo disfruto de portar -tanto como de saciar de modo contingente- como realizador fervoroso que abreva en territorios hardcore.  Sin esas ansias y esa empatía, no tiene para mí ningún sentido invitar a alguien a sumarse a un proyecto que es un trabajo adulto, sí, pero que lleva, si late,  la marca del goce y la huella del deseo en su seno.

¿Con qué fines hacés lo que hacés?

Creo esta interrogación estaría contestada en la respuesta a tu segunda pregunta.  Se trata de aventar la flecha de mi cambiante querer en el curso de esta extrañísima vida, y de hacerlo, entre otras vías, emplazándome sobre las innúmeras posibilidades que potencialmente nos brinda ese espacio de límites difusos y matriz irrenunciablemente erótica que da lugar al mejor cine pornográfico, hecho o por hacerse.

¿Vas a hacer porno por siempre o pensás incursionar en otras formas del cine?

He realizado alguna que otra incursión a tierras no explícitas… no lo sé, por lo pronto, y mientras el género siga siendo un sitio de encuentro fértil entre mis fascinadas hipótesis y sus posibles, eventuales respuestas, creo que por aquí me seguirán viendo… 


César Jones, 20 de mayo de 2011.