Entrevista de Daniela Pasik a César Jones para la revista El Guardián (fragmento)

 

-¿Es artístico el porno?

¿Cuál sería la definición de arte? Es una interrogación ociosa e inconducente para éste que escribe.  Mucho más -¡líbranos Señor!- si entramos en ese farragoso imaginario que asocia arte hardcore/softcore a cierta pretendida sofisticación audiovisual -gemidos hi-fi, imágenes blureadas, filtros difusores y todo el pack al uso tan conocido –y padecido- por muchos de nosotros en tanto espectadores.
Lo que me importa del porno es su condición de vehículo inigualable para trasladarnos por los elusivos meandros que conducen a nuestros deseos, la posterior confrontación con esos deseos, y las inevitables, futuras resonancias de una experiencia tal en la vida del que se aventura en esta excursión excitante en dirección de sus propios misterios en tanto entidad erótica.

-¿En qué cambió el porno de los ‘70 al actual?

Repasando el grueso de las producciones en casi todo, exceptuando la marca básica del género: genitales en acción y expuestos en pantalla.
Luego hay un largo proceso en el que el porno ha mutado junto a las sociedades, y en esa dinámica se implican miríadas de factores que exceden el marco de esta entrevista: en los ‘70 el condicionado acompañó la llamada revolución sexual, todavía reverberaban las ilusiones de la década anterior, las producciones se realizaban en fílmico y buena parte de sus responsables provenían de experiencias cinematográficas previas que los dotaban –como mínimo- de cierto oficio para acometer la faena.  Tiempo después, y para condensar, el sueño termina, adviene el video, la idea de un relato y sobre todo de la presencia de la mirada del director proyectándose a través de sus películas desaparece casi completamente de la escena y el sólo imaginarse a un actor ensayando a partir de un guión era ya a esas alturas una vaga y extraña quimera.  Hacia mediados de los ‘80 nos topamos con el surgimiento del estilo gonzo como propuesta renovadora que sin embargo encuentra velozmente su propio hastío a la vez que inaugura su reinado mainstream hasta la fecha y obliga a aguzar los sentidos en la búsqueda de propuestas alternativas, vigorosas, renovadoras dentro del triple x,  y que las hay, afortunadamente.  Cómo omitir dentro de este panorama la reentré del amateur, esta vez amplificado por la conmocionante aparición de la Red y de todos los nuevos recursos tecnológicos disponibles para bajar, subir y  procurarse variadísimos tipos de producción doméstica donde también –entre toneladas de descarte- podemos hallar materia perlada.  Actualmente la industria se encuentra en proceso de reacomodamiento en cuanto a estrategias y autopercepción frente al inédito teatro con que esta flamante realidad inquiere no sólo al porno sino al conjunto de las estructuras de nuestro mundo tal y como lo conocemos.

-¿Es el porno un género más del cine?

Lo es, con sus singularidades, claro está, ¿pero qué genero no se distingue por las que les son propias?  El hecho de que el entronque entre goce y deseo sea la piedra angular de su práctica espanta a muchos puritanos –varios críticos entre ellos- que entonces niegan al porno su legítima condición de género.  No es algo que importe demasiado, al fin y al cabo aquellos films cuya valía lo amerite se abrirán paso más allá de estos remilgos, muchas veces mal disfrazados de sesudas objeciones teóricas. 

 

César Jones, noviembre 2010.