Revista La Tecla
Entrevista a César Jones.
Reproducimos aquí el texto completo:

1)Teniendo en cuenta que te recibiste en la Facultad de Bellas Artes, ¿cómo empezaste con el cine porno?

En lo personal, no encuentro paradoja alguna en la confluencia del par Facultad de Bellas Artes – realización de cine porno; esto en mí, obviamente. No obstante, debería aclarar antes que nada que no ingresé en la carrera de Comunicación Audiovisual empujado por el estímulo vocacional, sino por la imperiosa necesidad de descansar en alguna clase de entorno institucional que viniera a cobijarme tras un período de intenso buceo, experimentación y descensos varios (mi Rodez miniatura), luego del cual me sentía agotado, autocuestionado y con el urgente reclamo interno de algún tipo de resuello. Por supuesto que a la hora de optar por los estudios de cine, la elección no fue casual: mi encantamiento –en el sentido más prístino del término- por el universo fílmico proviene de más allá de mi memoria. Comprendo que en el horizonte de expectativas de la mayoría de los alumnos no debe estar el convertirse en realizador porno –tampoco lo estaba en el mío al momento de mi ingreso-, sin embargo, cuando me embarqué junto a un grupo de compañeros-amigos en la producción de mi primer film en el género (“Las fantasías de… Sr. VIVACE”), la reacción que creí percibir de parte de profesores y estudiantes fue, digamos, la de una sonrisa entre sorprendida y cómplice, como si estuviéramos llevando a cabo una travesura perdonable; nunca hubo desaprobación ni juicios moralizantes, afortunadamente; se trataba más bien de una curiosa novedad que provocó una sostenida comidilla con la que nosotros nos solazábamos convenientemente. Luego, en cuanto a mi arribo al género, supongo se ha tratado de una cuestión eminentemente procesual –no veo aquí puntos de inflexión ni hechos cruciales que hayan disparado decisiones definitivas ni nada por el estilo, aunque, quién sabe… tal vez habría que remontarse a mi niñez para rastrear algunas marcas primeras, cosa que por otro lado en este momento no estoy en condiciones de hacer, no sólo porque la tarea me desbordaría sino porque dudo de su misma utilidad. Además, el espectro de cine que receptaba incluía al porno y le asignaba un rol prominente, desde mis primeros descubrimientos y la fascinación púber, hasta las búsquedas más conscientes de los últimos años. Sin prejuicios, sin sorpresas, intensamente, de lo preverbal a la palabra y de allí al acto, todo comenzó a transcurrir, y más allá de estas líneas, sólo puedo urdir conjeturas débiles y borrosas -¿qué más?- cuando intento visualizar esta trayectoria en retrospectiva.


2) ¿
En qué te inspirás para hacer una película XXX?


Rehuyo un poco del concepto de inspiración, al que percibo sospechosamente ligado a una concepción romántica del quehacer artístico, enlazado a su vez a instancias tales como la chispa divina, la iluminación y la teoría del genio, en fin. En todo caso creo que la emergencia de las distintas ideas que luego construyen un film o un corpus fílmico devienen no de instantes de gracia, sino de nuestro punto de mira del mundo, cambiante, inasible como el entorno mismo, la transmutación permanente de nosotros y nuestras circunstancias en las sucesivas búsquedas y demoliciones de sentido que condensan el periplo de nuestras vidas. Resulta obvio decir que parto de mi imaginario sexual –¿qué otra posibilidad cabría si uno se propone tallar la materia creativa de manera genuina?-, de los deseos, fantasmas, incertidumbres y represiones que lo habitan. En esa piedra insondable que se agita en nosotros, la acción resulta de esculpir pequeñas superficies e intentar brindarles la forma de una explicación que nos resulte útil para vivir.


3) ¿En qué consiste tu casting propuesto en la Web ?

 

Supongo que es sobre todo una propuesta tendida de encuentro, con todas las resonancias posibles, entre las personas que se acercan atraídas por la idea y nosotros. Una instancia de conocimiento mutuo, de tentar un ajuste de deseos y expectativas para embarcarse en una experiencia grupal que requerirá con idéntica necesidad del despliegue lúdico –actuar es ante todo nuestro anclaje libertario en la infancia, es jugar - tanto como de las responsabilidades y los compromisos derivados de sumarse en tanto adultos a un proyecto determinado. En cuanto a la composición de la escena que da forma a una entrevista, implica un diálogo verbal y físico y el requerir una desnudamiento, erótico y físico del entrevistado, punto en el cual comienza a vislumbrarse la conmovedora generosidad de los actores –o no actores- en este género –al menos en cuanto atañe a mi experiencia-, dado que entra en juego aquí la capa más íntima con la que pueda tratarse en este terreno. Actores y actrices necesitan y merecen de toda la contención que nos sea dable proveerles, al menos como una mínima devolución ante semejante muestra de amor. Verdad que el objetivo es convocar al goce y no al mero acto, y que entonces el placer suele apersonarse con formidable potencia en la experiencia actoral, tan cierto como que ese placer será directamente proporcional al temor provocado por su propia cuantía, y por la caída de velos represivos que el proceso pudiere conllevar. El actor se ofrenda casi como prenda sacrificial para vehiculizar esa misma confrontación interna en el receptor y –doble operación- tender el puente de comunicación entre aquél y el director. Pequeña gran heroicidad cuando esta pirueta se concreta, lástima que en general la devolución de los propios realizadores, productores e incluso buena parte del público no guarde el más mínimo respeto para con el más noble de los integrantes de la voraz cadena alimenticia del hardcore.


 4) ¿Ahí llegan por el simple hecho de cumplir la fantasía de convertirse en un o una porno star?

 

No he verificado esa fantasía u objetivo concreto más que aisladamente, supongo que al compás del crecimiento lento pero sostenido de esta hoy cuasi-industria, tal relato comenzará a aparecer con mayor frecuencia. La estrella de cine –porno o no-, es una posibilidad que necesita como condición sine qua non la existencia de una industria consolidada, cuando aquí lo es todavía larvaria. De suerte que por un tiempo considerable es más que seguro que no tengamos que padecer pornostars por estas pampas.

 

5) ¿Cuáles son las frecuentes negativas de los actores?, si es que tienen.
 
No estoy muy seguro de comprender la pregunta, pero intentaré una respuesta: mi idea al convocar a un grupo de actores para conformar un elenco, es situarlos en un rol que guarde la mayor empatía posible con sus fantasías en sentido amplio; de modo que no hay una imposición de prácticas sexuales, ni tampoco una negociación en tal sentido. Ideológicamente en mis antípodas, pues de esa manera estaría obturando la posibilidad de invocar al goce al que propendemos a través de cada film. No es cuestión de tentar a quien fuere arteramente a través de ofertas seductoras a nivel dinero –que por otra parte no sobra ni mucho menos-: no sólo no me resulta útil sino por el contrario un boicot a mi propia construcción de esta experiencia colectiva el proponerle a alguien que se aventure a hacer lo que no desea por un puñado de dólares, valga la cita.

 

6) ¿Por qué utilizás este medio para contratar a los actores de tus producciones?

 

Porque es eficaz, de bajo costo y sumamente expansivo. De todos modos no es una vía excluyente: también están el boca a boca (que ocurre allende mi voluntad, y qué bien que así suceda), las publicaciones de avisos en los diarios, los propios films que operan como atractivo y canal concreto (en los créditos siempre figuran nuestros contactos), y el entrecruzamiento potenciado de éstas y otras modalidades.

 

7) ¿ En qué consiste la contratación de los actores?

 

Se trata de un contrato privado entre partes, simple y claro, en donde se convienen derechos y obligaciones de cada uno de los firmantes, no difiere –salvo en la finalidad que los reúne, obviamente- de cualquier otra contratación de servicio, legalmente hablando.

 

8) ¿En qué estado está actualmente el mercado del porno argentino?

 

Como mencionaba anteriormente, transita una fase todavía larvaria, aunque el crecimiento cuantitativo es sostenido. De todos modos, lo más estimulante y fructífero estimo sería –y es lo que intento humildemente- ampliar las cerradas y asfixiantes fronteras del género, hoy prácticamente reducido al gonzo y/o al maniqueísmo más decadente, de modo de poder propiciar el encuentro entre el porno y vastas cantidades de potenciales receptores espantados por la pauperización alarmante de aquello que se les oferta. Y esto sería posible a la luz de un proceso creativo que recuperara el vigor lúdico-exploratorio de los '60 y '70, e incluso principios de los '80, pero obviamente a partir de las singularidades y el contraste requeridos por nuestro propio tiempo.

9) ¿Tiene el porno argentino una identidad? ¿En qué te diferenciás de las porno extranjeras?

El porno argentino tiende, en el 99% de los casos, a medir su grado de mérito por el nivel de replicación logrado en relación al porno mainstream norteamericano y en menor medida europeo. Creo que ésta es la palmaria respuesta a tu pregunta. La quizás única excepción a este estado de cosas es la obra del ya retirado Marcelo Vignera, realizada íntegramente en VHS y con presupuestos infinitesimales. Pienso ahora en uno de los films de su saga “Madre e hijo”, o al menos en lo que mi memoria hizo de él: escena post-coital, plano general de una habitación, y en ella una ventana entreabierta por donde se cuela una asimétrica formación de contrafrentes coexistiendo de manera casi imposible mientras les cae la tarde cansina. Uno se pierde por esa otra pantalla dentro de la pantalla en que deviene la ventana, y lo que ve a su través no podría ser otra cosa que un barrio de Buenos Aires. Sin subrayados, quizá sin consciencia, allí está, un barrio, uno en particular, de una ciudad en particular -la bendita obra situada-, condición a partir de la cual puede amplificarse hasta ser todos los barrios (todos los barrios el barrio, parafraseemos a Cortázar). He ahí un inmejorable ejemplo, no creo contar con un momento tan logrado en este ítem en ninguno de mis films, pero hacia allí tiendo. Lo que sí me parece entrever es que esta visión no requiere de una práctica o una preceptiva determinada, no se trata de un procedimiento proactivo sino de la consecuencia de la honestidad con que el realizador se desnuda –él también- en la obra que da a luz, tan franco e irreflexivo como el fruto maduro que cae del árbol.

 

10) ¿Cómo afecta a tu trabajo cinematográfico el auge de los videos XXX en la Web ? ¿Creés que se van a ir extinguiendo las películas XXX hechas por realizadores profesionales?

 

No veo que afecte directamente a mi quehacer a nivel de mercado, digamos; creo en ese sentido que el Universo en expansión de la Web (ahora puesto en cuestión) reserva lugar para múltiples ofertas entrecruzadas. Para corroborarlo no hay más que pensar en el hecho de que las realizaciones, llamémosle “profesionales” también hallan su canal de difusión –muchas veces excluyente- y llegada directa a los usuarios a través de INTERNET. Esta coexistencia también ocurre como feedback de influencias entre ambas manifestaciones, que además sólo podemos separar claramente a los fines del análisis (cualquiera de las fronteras internas de nuestra realidad –“real” o virtual- es como mínimo difusa y móvil). Ahora bien, la pregunta planteada desprende varias cuestiones a abordar. Es una pregunta que se formula –y que a mí particularmente se me ha formulado- con llamativa frecuencia. Y en ella, tal vez como respuesta a la forzada e insidiosa tesis de Deborah Maniowicz ("Hecho en casa gusta más", Revista Veintitrés, 4 de octubre de 2007) me parece detectar dos componentes harto interesantes: por un lado un cierto desdén hacia el género, traducido en la habilitación democrática para que todos lo aborden desde la realización. No es que no suscriba humildísimamente la célebre frase del Conde de Lautréamont: “la poesía debe ser hecha por todos ”. Pero me pregunto: ¿cuántos han hecho Poesía (así con mayúsculas, en el sentido más hondo y abarcador del término, excediendo por supuesto la categoría genérica literaria)? Pues muy pocos: pase libre desbaratado. Y me pregunto también: ¿por qué nadie se plantea –de modo análogo- si la llegada de You Tube y herramientas similares comportará o no la muerte del cine comercial no porno (incluyendo al documental, al experimental, etc., etc.)? Aquí es donde el interrogante se me aparece teñido de prejuicio no sólo moral sino artístico (sólo el porno, en tanto género “menor”, puede ser realizado por todos, punto en el que además la aseveración se aleja hasta confrontar con las palabras de Lautréamont). Entonces, el tedio, la replicación exasperante, la ausencia de sentido carcomen al género en tanto industria, y en esa dirección se puede decir que soy un viejo crítico del mainstream hardcore; sin embargo, sus réplicas o reformulaciones más potentes también hallan su lugar –marginal, periférico actualmente- dentro de esa misma industria. Asimismo, en la producción de porno ciberamateur, la emergencia de algún tipo de materia perlada es un hallazgo entre decenas de miles de imágenes infaustas y vencidas. Para colmo, la miríada de ofertas vuelve el descubrimiento valioso casi exclusivo capricho del azar (aunque entre las toneladas de producción triple X "convencional" no sucede algo demasiado distinto). Entonces, el porno debe y puede ser hecho por todos, pero ¡qué pocos lo hacen en realidad (sea en Porn Tube o en Vivid, lo mismo da)! Por otro lado, hay también en la marea de material amateur que diariamente se cuelga en la Red, el correlato sexual de lo que ocurre en otros niveles de la vida con sitios como You Tube o los realities: la ilusión de consistir de algún modo a condición de mediatizarse en la pantalla (de TV, de una PC, de un celular). Fenómeno complejo enlazado en parte a la persecución de la fama como atajo y equivalente del éxito. Ya no se es famoso como consecuencia de un destacarse en cierto campo del quehacer público humano, fama que además puede ser un efecto deseado o no por el sujeto (pienso, por ejemplo, en Luis Alberto Spinetta; es sin dudas una persona famosa, pero uno podría asegurar que no ha dado un solo paso en su vida para lograr tal condición, que hasta se diría desdeña); la fama es hoy la anulación de toda trayectoria, es el medio y el fin, la cúspide de un vacío inocultable. Es interesante –y desolador- observar en esta dirección cómo la infantilización –en el peor sentido- y la banalización de lo erótico que hoy exacerban los habitantes de la televisión y sus merodeadores, también reconocen influencia mutua en el porno amateur y en el profesional: al fin y al cabo signos de un mismo hastío. Por cierto, ¿hay instancia más alejada de lo erótico que una mujer con los pechos inflados como neumáticos, los labios hinchados de colágeno, desgañitándose contra un poste metalizado? En suma, hoy ya no podemos pretender fenómenos sencillos, ni revueltas domésticas idealizadas. Las obras vigorosas son minoría, implican la búsqueda y la curiosidad del receptor, y se hallarán probablemente en las márgenes, en las discontinuidades, tanto del porno comercial como del amateur, pudiendo extenderse este concepto a cualquier otra manifestación creativa del ámbito humano.
La otra intriga que desprende la pregunta es si, al ser el placer su cuestión medular, el porno puede ser pasible de reflexión crítica y obtener cierto carnet de legitimidad como lo han hecho el terror, la ciencia-ficción y otros géneros. La sola puesta en duda, fértil para la reflexión compartida, habilita desde un lugar muy otro la relativización del hardcore como terreno reservado al especialista, al profesional, y la posible apertura –por desconcierto teórico, si se quiere- a la realización masiva y casera.
Finalmente, la idea de que la reaparición fulgurante de los videos amateurs (tal como acontenció a escala en los '80) puede conllevar a la extinción paulatina de las porno profesionales, me parece tender un puente con el espíritu apocalíptico y tecnocrático a un tiempo que suele invadir al hombre al calor de la invención de cada nuevo dispositivo mediático. Así, el surgimiento y consolidación del cine implicaba la sentencia de muerte de la radio; y luego la aparición de la TV iba a llevar al cadalso al propio cine. Bien, nada de eso ocurrió, los distintos dispositivos tienen sus propias fechas de vencimiento que obedecen a razones múltiples y complejas, además de influenciarse y modificarse entre sí. El último eslabón de aquella cadena ilusoria sería INTERNET, la clausura de todo lo anteriormente conocido a nivel mass media . Aquí la confusión es doble, no se trata ya solamente de que la aparición de un nuevo dispositivo no anule a otro preexistente, sino de la condición de sobredispositivo de INTERNET, que no cancela sino que contiene, retransmite y relee a cada uno de los otros medios. Extrapolándolo a la pornografía (y su existencia informática), por un lado la Red los almacena a ambos, porno casero y porno industrial –amén de que el triple x profesional también halla canales de difusión por fuera de la Web-, y por otro, las dos manifestaciones parecen retroalimentarse, entre sí y con el entorno, lo cual da lugar a producciones de sentido múltiples, contradictorias, inabarcables, y, en lo que a mí respecta, conminándome al hallazgo improbable en esos atiborrados espacios que hacen que, a su lado, las calles de “Blade Runner” parezcan bucólicos parajes de otoño.



César Jones, 8 de octubre de 2007.