Pornografía e INTERNET
Entrevista a César Jones por Sabrina Campos

 

Sabrina, cómo estás. Antes que nada debo aclararte que, dados los tiempos acotados de ambos, probablemente me torne breve, y quizá, si alguna de tus preguntas se asimila a interrogación similar planteada en alguna otra entrevista, pues probablemente recurra al "copy-paste". Dicho lo cual, allá voy...

 

1)¿Existe o es posible la naturalización social del porno como una parte más de una vida sexual activa?

Sinceramente me resulta muy arduo presagiar ese tipo de virajes a gran escala, sobre todo porque me cuesta pensar en el porno como bloque uniforme, que no lo es afortunadamente, aunque su avasallante versión mainstream pueda tentarnos a pensar lo contrario.  Por otro lado, el vigor del género resulta de su exploración en la búsqueda fílmica de nuevas formulaciones e interrogantes sobre nuestra sexualidad, y en este sentido su naturalización -que no creo esté dada- implicaría, para ponerlo en términos de jerga gráfica, algo así como una foto "lavada", la pérdida de contraste con su fondo, su espacio-tiempo, el debilitamiento en la construcción de sentido que es, a mis ojos, la usina que alimenta la potencia de cualquier intento en materia creativa.  De modo tal que, en todo caso, si esa naturalización llegare a suceder, bueno, sería cuestión de brindarle al género las exequias de rigor y dirigirse hacia otros puntos de fuga posibles.


2)
La posible eliminación del tabú social sobre el porno, ¿aumentaría la difusión del género o la disminuiría?, en el sentido de que ya no sea un tabú, ya no jugaría con lo "prohibido", transgresor, etc.


Creo que plantearse ese estado de cosas es más plausible como fantasía sci-fi que como auténtico posible efecto de nuestra dinámica social. El tabú permanece, mutando en sus contenidos en relación inextricable con el corrimiento de la tolerancia social en la materia. Por otro lado, la turbación erótica que logran los más felices ejemplos dentro del porno –y minoritarios por cierto- no colisionan con este eventual “problema”, porque no se erigen como meras tentaciones o habilitaciones provisorias frente al tabú, sino como exploraciones genuinas del hombre en tanto entidad erótica, vehiculizadas a través de sólidos planteos cinematográficos. La inquietud es para la cara cansada y millonaria del porno, que justamente se juega en una ecuación sin solución posible a la vista, entrampada en última instancia porque no sabe otra cosa que reforzar la oferta, cuantificarla (más sexo, más personas en escena, más “extremo” en el producto), y finalmente acabará confrontando con su propia impotencia y su ausencia de horizontes; salvo, claro, que contemplemos la posibilidad distópica de un futuro donde lo naturalizado sea el snuff porno (y aun en este improbable e hipotético cuadro, la derrota se consumaría igualmente desde el vamos, tal como sucede hoy en día y desde hace largo tiempo ya).


3) ¿ La masividad del acceso a INTERNET y los contenidos porno reforzó el tabú y el prejuicio social contra el género?

 

A mí no me ha parecido verificar ese efecto, ni tampoco el contrario; quizá me equivoque de cabo a rabo, pero me parece que las implicancias más intensas de la democratización hardcore vía INTERNET se apersonan más bien en otros órdenes de la relación entre el género y la percepción social del mismo.


 4) ¿Creés que INTERNET ayudó a instalar el género en la conciencia colectiva? ¿Cómo?

 

Creo que INTERNET hizo crecer –al tiempo que transformar- la oferta, la instantaneidad de la llegada al receptor y los canales de difusión, mercadeo y venta (directa o indirecta) de manera exponencial, tanto como seguramente aconteció también en otras esferas (la industria musical como ejemplo paradigmático); luego no creo que podamos asignarle un rol tan fundante: el porno como género “legitimado” existe desde hace casi 40 años, y como género per se nació junto al primer cinematógrafo. Por otro lado es hoy, como lo era antes de la era de la Red de redes, una de las industrias más exitosas del globo.

 

5) ¿Qué beneficio brinda INTERNET al género porno frente a otros soportes? Y por otro lado, ¿perdujicó a la industria cinematográfica porno?


 
Depende del sentido que le demos al término “beneficio”. Desde mi óptica, el nutriente crucial viene dado por el entrecruzamiento entre formas nacidas al calor de la industria y producciones amateurs, lo cual puede resultar -y de hecho a veces resulta- en mestizajes de inusual fulgor, aunque también de aparición aisladísima.
A partir de aquí y por el resto de la respuesta, cito mis propias palabras en relación a una consulta similar incluida dentro de la entrevista "Películas XXX", realizada para la revista La Tecla el 11 de octubre pasado: "...por otro lado, no creo que el surgimiento de INTERNET haya afectado directamente a la industria cinematográfica porno; creo en ese sentido que el Universo en expansión de la Web (ahora puesto en cuestión) reserva lugar para múltiples ofertas entrecruzadas. Para corroborarlo no hay más que pensar en el hecho de que las realizaciones, llamémosle “profesionales” también hallan su canal de difusión –muchas veces excluyente- y llegada directa a los usuarios a través de INTERNET. Esta coexistencia también ocurre como feedback de influencias entre ambas manifestaciones, que además sólo podemos separar claramente a los fines del análisis (cualquiera de las fronteras internas de nuestra realidad –“real” o virtual- es como mínimo difusa y móvil). Ahora bien, la pregunta planteada desprende varias cuestiones a abordar. Es una pregunta que se formula –y que a mí particularmente se me ha formulado- con llamativa frecuencia. Y en ella, tal vez como respuesta a la forzada e insidiosa tesis de Deborah Maniowicz ("Hecho en casa gusta más ", Revista Veintitrés, 4 de octubre de 2007) me parece detectar dos componentes harto interesantes: por un lado un cierto desdén hacia el género, traducido en la habilitación democrática para que todos lo aborden desde la realización. No es que no suscriba humildísimamente la célebre frase del Conde de Lautréamont: “ la poesía debe ser hecha por todos ”. Pero me pregunto: ¿cuántos han hecho Poesía (así con mayúsculas, en el sentido más hondo y abarcador del término, excediendo por supuesto la categoría genérica literaria)? Pues muy pocos: pase libre desbaratado. Y me pregunto también: ¿por qué nadie se plantea –de modo análogo- si la llegada de You Tube y herramientas similares comportará o no la muerte del cine comercial no porno (incluyendo al documental, al experimental, etc., etc.)? Aquí es donde el interrogante se me aparece teñido de prejuicio no sólo moral sino artístico (sólo el porno, en tanto género “menor”, puede ser realizado por todos, punto en el que además la aseveración se aleja hasta confrontar con las palabras de Lautréamont). Entonces, el tedio, la replicación exasperante, la ausencia de sentido carcomen al género en tanto industria, y en esa dirección se puede decir que soy un viejo crítico del mainstream hardcore; sin embargo, sus réplicas o reformulaciones más potentes también hallan su lugar –marginal, periférico, mas insoslayablemente intenso- dentro de esa misma industria. Asimismo, en la producción de porno ciberamateur, la emergencia de algún tipo de materia perlada es un hallazgo entre decenas de miles de imágenes infaustas y vencidas. Para colmo, la miríada de ofertas vuelve el descubrimiento valioso casi exclusivo capricho del azar (aunque entre las toneladas de producción triple X "convencional" no sucede algo demasiado distinto). Entonces, el porno debe y puede ser hecho por todos, pero ¡qué pocos lo hacen en realidad (sea en Porn Tube o en Vivid, lo mismo da)! Por otro lado, hay también en la marea de material amateur que diariamente se cuelga en la Red, el correlato sexual de lo que ocurre en otros niveles de la vida con sitios como You Tube o los realities: la ilusión de consistir de algún modo a condición de mediatizarse en la pantalla (de TV, de una PC, de un celular). Fenómeno complejo enlazado en parte –y sólo en parte- a la persecución de la fama como atajo y equivalente del éxito. Ya no se es famoso como consecuencia de un destacarse en cierto campo del quehacer público humano, fama que además puede ser un efecto deseado o no por el sujeto (pienso, por ejemplo, en Luis Alberto Spinetta; es sin dudas una persona famosa, pero uno podría asegurar que no ha dado un solo paso en su vida para lograr tal condición, que de hecho se diría desdeña); la fama es hoy la anulación de toda trayectoria, es el medio y el fin, la cúspide de un vacío inocultable. Es interesante –y desolador- observar en esta dirección cómo la infantilización –en el peor sentido- y la banalización de lo erótico que hoy exacerban los habitantes de la televisión y sus merodeadores, también reconocen influencia mutua en el porno amateur y en el profesional: al fin y al cabo signos de un mismo hastío. Por cierto, ¿hay instancia más alejada de lo erótico que una mujer con los pechos inflados como neumáticos, los labios hinchados de colágeno, desgañitándose contra un poste metalizado? En suma, hoy ya no podemos pretender fenómenos sencillos, ni revueltas domésticas idealizadas. Las obras vigorosas son minoría, implican la búsqueda y la curiosidad del receptor, y se hallarán probablemente en las márgenes, en las discontinuidades, tanto del porno comercial como del amateur, pudiendo extenderse este concepto a cualquier otra manifestación creativa del ámbito humano.
La otra intriga que desprende la pregunta es si, al ser el placer su cuestión medular, el porno puede ser pasible de reflexión crítica y obtener cierto carnet de legitimidad como lo han hecho el terror, la ciencia-ficción y otros géneros. La sola puesta en duda, fértil para la reflexión compartida, habilita desde un lugar muy otro la relativización del hardcore como terreno reservado al especialista, al profesional, y la posible apertura –por desconcierto teórico, si se quiere- a la realización masiva y casera.
Finalmente, la idea de que la reaparición fulgurante de los videos amateurs (tal como aconteció a escala en los '80) puede conllevar a la extinción paulatina de las porno profesionales, me parece tender un puente con el espíritu apocalíptico y tecnocrático a un tiempo que suele invadir al hombre al calor de la invención de cada nuevo dispositivo mediático. Así, el surgimiento y consolidación del cine implicaba la sentencia de muerte de la radio; y luego la aparición de la TV iba a llevar al cadalso al propio cine. Bien, nada de eso ocurrió, los distintos dispositivos tienen sus propias fechas de vencimiento que obedecen a razones múltiples y complejas, además de influenciarse y modificarse entre sí. El último eslabón de aquella cadena ilusoria sería INTERNET, la clausura de todo lo anteriormente conocido a nivel mass media . Aquí la confusión es doble, no se trata ya solamente de que la aparición de un nuevo dispositivo no anule a otro preexistente, sino de la condición de sobredispositivo de INTERNET, que no cancela sino que contiene, retransmite y relee a cada uno de los otros medios. Extrapolándolo a la pornografía (y su existencia informática), por un lado la Red los almacena a ambos, porno casero y porno industrial –amén de que el triple x profesional también halla canales de difusión por fuera de la Web-, y por otro, las dos manifestaciones parecen retroalimentarse, entre sí y con el entorno, lo cual da lugar a producciones de sentido múltiples, contradictorias, inabarcables, y, en lo que a mí respecta, conminándome al hallazgo improbable en esos atiborrados espacios que hacen que, a su lado, las calles de “Blade Runner” parezcan bucólicos parajes de otoño."

 

6) ¿Creés que INTERNET debe tener algún tipo de límite en la difusión de los contenidos?

 

Le dejaría la respuesta al Cibercomfer, si existiera. Yo prefiero pensar que el hombre debe hacer emerger su capacidad de frustración como modo de cuidado del otro, y esto más allá de los dominios del porno, obviamente. Luego tengo tan poca fe en la especie como en toda forma de prohibición o cercenamiento. Quiero decir, no sé; o, como diría Xul Solar al ser inquirido sobre sesudas cuestiones varias: no sabo.

 

7) En relación al cine porno amateur: ¿afectó el crecimiento de este género a la producción y consumo del porno clásico?

 

Creo que la respuesta a esta pregunta estaría contenida en la respuesta a la pregunta “5” .

 

8) ¿En que creés que radica el éxito de las producciones amateur?

 

Antes me pregunto si está comprobado ese éxito, a qué tipo de éxito nos referimos y cómo hacemos para verificarlo. Y mucho antes aun habría que interrogarse sobre el mismo concepto de amateur, que ya hizo su irrupción en el género en los '80 y que luego la industria cooptó, de modo que hoy referimos con el término “amateur” tanto a uno de los subproductos de la exacerbada compartimentación del género en su faz industrial, como a la eclosión de realizaciones caseras confeccionadas a través de los nuevos dispositivos tecnológicos multimedia y amplificados a través de la Red.
Que pueda detectarse en éstos últimos cierto grado de frescura y “verismo” en relación a la gélida replicación estandarizada del porno mainstream industrial, sí, es una explicación, parcial, posible, dudosa también: mi experiencia como consumidor de material cibercasero es la búsqueda extenuante y casi infructuosa de algún hallazgo genuino entre toneladas de imágenes tan decadentes –a su manera- como las que asolan al hardcore industrial.

9) La posibilidad de hacer porno amateur o mostrarse
frente a una webcam a través de la Net, ¿hace más atractivo al porno por mezclar opuestos como lo púbico y lo privado? ¿lo masivo y lo íntimo?

Depende para quién. Además, eso ya ocurre en el porno desde el vamos, casero o industrial. Por otro lado, íntima también es la materia que se talla en valiosísimos films del género; íntimo es el encuentro entre director y espectador en toda realización marcada por la honestidad de ambos… Pero volviendo…, una vez más, esto ya aconteció a menor escala en los '80, y en mi opinión aquella explosión casera trajo nuevas formas de relato, aires renovadores frente a las primeras muestras de hastío del porno “oficial”, pero también arrastró consigo una pauperización creativa alarmante. Creo también que muchas veces se consideran estos pares de opuestos como consecuencia de un desconocimiento flagrante del género en la profundidad de sus ofertas y circunstancias históricas –que exceden al hardcore establecido occidental actual-, pasándose ligeramente por alto entonces el entramado precioso y fecundo que puede generar –y de hecho genera- la interrogación sexual a través del lenguaje cinematográfico, con todas sus implicancias y posibilidades audiovisuales. A veces se olvida que el porno es –también, y en mi experiencia particular, sobre todo- calificativo de un tipo de cine . Y otras, aun más desolador, esto ni siquiera se advierte. Entonces -todo hay que decirlo- entre la ensoñación arborescente de “Spermula” (Charles Matton, 1974) y la imagen de un anónimo haciéndose la paja aburrido frente a su webcam, pues yo no lo dudaría…



César Jones, 22 de noviembre de 2007.