Dos directores de cine porno argentino egresados de Bellas Artes deciden ser realizadores porno creando el npa (nuevo porno argentino) también conocido como metaporno.
Un par de por qués desde el otro lado de la cámara.

 

.César Jones + Trash Meyer:

-¿El mejor orgasmo de sus vidas artisticas?
-No tengo un ranking pero acuden a mi memoria un par de momentos memorables. Cleo en nuestro primer film, “Las fantasías de… Sr. VIVACE”, que, interpretando a una joven mujer en pleno trance sexual propone a su marido -un joven ejecutivo- incorporar al juego al mejor amigo de éste. En pleno menage, acaba de manera bestial junto a los dos jóvenes. En el mismo film, otra chica (Miriam) que participaba de un gang-bang hizo temblar las paredes. Finalmente en “Euge no duerme” (nuestro film más reciente, que será lanzado en el transcurso de septiembre), el múltiple orgasmo de la protagonista y tres anónimos caballeros durante un imposible viaje en ascensor.

-¿Por qué alguien decide transformarse en pornostar?
-Puede ser un objetivo pero no una decisión, pues que ello ocurra o no depende de la confluencia de un conjunto complejo de factores. Por otro lado, el star system está inexorablemente ligado a la existencia de una industria consolidadada. No es el caso en la Argentina, aquí estamos en estadíos apenas vislumbrables, lavarios. Con todo, y en lo que a mí respecta, un/una pornostar es la cúspide del hastío. La satisfacción de la demanda masculina del estereotipo clonado al infinito. A la rubia cristalizada, en tren de embalsamar conceptos y sumar subrótulos (área en que los yanquis son campeones absolutos), prefiero la ‘girl of the next door’ pero ya no así, que es como Cobain estampado en una remera adolescente en pleno 2004; sino como la genuina búsqueda fílmica de aquellas personas que pueden de hecho ser tus vecinos o vecinas, la cercanía que potencia la excitación (la nuestra al menos), mucho más que la rubia pétrea y siliconada (no tengo nada contra las siliconas en realidad, lo que me molesta es la vulgaridad  de los diseños).

-¿Cuáles son sus límites artísticos al momento de filmar?
-Los límites de nuestra propia lucidez. Luego lo que una productora exige es tan obvio que no representa un inconveniente: “quiero que haya mucho sexo anal”, por caso. Ok, qué problema hay. Luego todo el universo está a nuestra disposición, y además, ¡el sexo anal está buenísimo! A veces hay pequeñas batallas, pero nos envuelve una cierta vanidad de saber que en vez de estar haciendo cortos en el Rojas bancados por papi, nos autoabastecemos con el dinero de otros,en el mundo de los adultos, pero cumpliendo la misión: conspirar en cada film. Y hablo de conspiración no en un sentido ingenuo de revolución utópica, sino en el sentido en que lo hace Adrián Dárgelos en una     entrevista que leí hace un tiempo: uno puede inyectar sus dosis de perfidia, “hacerte muy putita”, digamos. Eso.
     
-¿Qué hace -a su criterio- tan excitante al cine hard para los hombres y tanto menos para las mujeres al verlo?
-Es una verdad relativa. Hay mujeres que se excitan muchísimo con el hardcore y hombres a los que le es indiferente. Sin embargo, es obvio que el 99% de la producción está orientada a un consumo no sólo del hombre, sino del hombre tras el velo de una ideología machista, cuando no misógina (si no es que una es reverso de la otra), agregándole de paso unas pizcas de homofobia y discriminación hacia las minorías sexuales. Nuestra visión del porno es otra, hay tanto por quebrar de entre los férreos códigos de este género ultraconservador, que ésa debe ser también una de las razones que nos tiene aquí film tras film, intentando romper y construir. Por otro lado, son pocas las mujeres  directoras, y aun dentro de este grupo, muchas no hacen sino reproducir la cosificación extrema que la gran mayoría de los directores, la industria, bah, exige casi tanto como el semen para sus realizaciones. El problema no es que haya films en que se narren historias machistas, misóginas, cosificantes, etc., el problema es cuando el contexto excede la narración particular y es ya una ideología del género y de la industria lo que se impone. En este sentido somos políticamente marginales, nuestra visión es     totalmente otra respecto a ese estado de cosas, y por fortuna no somos los únicos.