Caigo en la cuenta de que no me gustan las músicas cerebrales, ni las sofisticaciones frías que a veces se identifican con el glamour. Si hay un arte para cultivar la emoción, creo que ése es la música y allí es donde me rindo y soy feliz. Por eso voy con Beethoven, Piazzolla, Spinetta y Los Beatles, por tirar un póker de 4 ases que bien puede ampliarse hasta perdernos de vista. A esos héroes de la sensibilidad sí que los hago míos. Y así es como ellos se te meten bajo la piel.