"Sobran libros que denuncian el orden del mundo, que describen la situación de pobreza y de hambre de cientos de millones de seres humanos, que denuncian la corrupción política y la explotación económica, pero o son pueriles o tramposos o perversos. La puerilidad reside en traducir problemas de poder en sentimientos de inmediata y fácil adhesión. En abusar de la piedad espontánea del lector para que comparta con el autor la catarsis y el alivio subsiguiente. La puerilidad también consiste -es muy habitual entre filósofos- en analizar los conflictos haciendo abstracción de las situaciones concretas, de conocimientos específicos, y en remitirse a juegos de lenguaje inocuos en situaciones inexistentes.
La trampa a su vez resulta de una estafa ideológica. Un procedimiento deshonesto que manipula argumentos según intereses preestablecidos, ya sean políticos, comerciales o morales. Nada se cuestiona porque todo debate, crítica o franca exposición de un desacuerdo favorece a un supuesto enemigo.
La perversión es la de quien usa y abusa de imágenes de dolor para crear culpa en el prójimo, sin límites en la exposición de la crueldad cuando sirve a ciertos fines y sin límites en callar o minimizar la misma crueldad cuando así conviene".