El pensamiento de Alejandro Rozitchner sobre el entusiasmo es anterior a sus nuevos receptores políticos. En sus cursos en la universidad, elaboraba conceptos sobre el tema de la subjetividad. Un interés que compartía con su padre, pero desde un punto de vista diametralmente opuesto. León Rozitchner partía de la deuda, de la culpas, de la muerte y del terror. Alejandro lo hace desde una perspectiva afirmativa en la que prima la voluntad de vivir y de hacer. Su “gay saber”, o saber jovial, se inspira en un Nietzsche prometeico, en los escritos de Bataille sobre el erotismo, y en el tono de un Gilles Deleuze cuando escribe sobre las máquinas deseantes. Además del rock como forma de vida. Luego, su curiosidad lo llevó a la literatura de autoestima y de ayuda mutua, como también a la literatura oriental. Pero jamás se le ocurrió disfrazarse de gurú. Es un intelectual crítico del pensamiento vengativo.

 

Tomás Abraham