Alejandro Rozitchner es uno de los que me ayudaron a pensar, por eso lo quiero y admiro. Lo digo ahora, que arrecian sus detractores superados y burlones. Para tomar una expresión muy suya, el cancherismo no es más que la revelación de una pobreza (mal) travestida de lucidez. Sí que hay ojo inocente, Gombrich.