Los 23 de enero suelo publicar algún tema, texto o cualquier cosa alusiva a Luis Alberto, que es lo que acostumbramos hacer todos los que lo amamos, admiramos y extrañamos. Recién ahora me doy cuenta de que tengo algo mío (mío en parte) para dedicarle. Es esta canción, cuya letra escribí. El resto es obra y logro de mis amigos de El Sueño de los Insectos. Me gusta cómo quedó. Me gusta que sin premeditarlo esté habitada por marcas inexorablemente spinettianas. Ciertas palabras caras a su lírica, por ejemplo, como "flor", "luz", "agua", "lluvia" o "mar" (todas referencias a la naturaleza, que el Flaco transfiguraba con sólo pronunciarlas). Pero también otras de aparición más específica que no dejaron de hacer huella en mí: tal el caso de las "hebras", que aquí son de luz y en un tema de Los Socios del Desierto son del "aire" (probablemente uno de los vocablos más recurrentes en la obra de Luis, junto con "luz", justamente). O la percepción de que en las flores late un enigma que, si se las ve con inocencia, es a la vez revelación. Incluso el uso de verbos forzados como "desafligir", que remite de modo tristón a "desatormentar" (y por ende a Pescado Rabioso) y la posibilidad de ser "teñido" por el alma de alguien, al fin y al cabo la razón de ser de esta canción. Qué sé yo, es una linda elegía pop, me parece, y aunque hoy no sea 23 de enero, vale por aquellos que vendrán. Porque mañana es mejor.