Decepcionado desde las primeras páginas con esta novela, mi condición de obseso ritualista -ésa que me impide dejar cualquier libro una vez leído el ISBN (no exagero)- me permitió, empero, disfrutar de algunos ramalazos de formidable y singular talento literario. Escojo este fragmento para mí y para ustedes:

"La Parrillada Tanatoide de 1984 se celebraba al norte, en un lugar habitual de reunión de tanatoides, el Hotel Blackstream, construido en los tiempos de los primeros magnates madereros y discretamente situado lejos de las carreteras, entre largas laderas de secuoyas donde las sombras caían temprano, proyectando elementales sospechas  de otro orden de cosas… Capaz, se creía, por conducto de invisibles pero potentes geometrías,  de deformar a medianoche los dos mundos, acercándolos el uno al otro, como señales de radio, hasta casi juntarlos, desintonizados únicamente por la más leve de las sombras.  En el siglo transcurrido desde la construcción del lugar se habían acumulado relatos de sucesos crepusculares, las habitaciones, los pasillos y las salas habían adquirido la reputación de albergar visiones, exorcismos, retornos. Por allí habían pasado peregrinos que disfrutaban  de muy amplia legitimidad, y también la gente del “En Busca De” de Leonard Nimoy y la del “Lo Creas o No” de Jack Palance, y no pasaba día sin que se rumoreara que se estaba forjando algún trato”.

Vineland, Thomas Pynchon, 1992.