Hacía mucho tiempo –¿dos años ya?- que no atinaba a colgar un texto "novedoso" en esta web. ¿Desidia? Tal vez… pero supongo que en realidad sucede no tenía mucho para decir. Por otro lado, la estructura de diseño del sitio me obligaba, en caso de decidirme, a algunas tareíllas de programación que no me entusiasmaban en lo más mínimo. Finalmente hice el esfuerzo, así que aquí vamos. No quiero aburrir(me) con la puntual desazón que me embebe tras la culminación del proceso que lleva a la consecución de cada nuevo film; sin embargo, imposible ahuyentar estos devaneos entre los que hoy me debato; imposible al ver las rústicas costuras del relato en “La Zona Cautiva” (que así se llama mi flamante “opus”), la disrupción dramática ante la aparición de las marcas genéricas o, dicho de otro modo, cómo la trama se torna retráctil, se vuelve hacia sí en una suerte de grado cero narrativo ante la presencia y devenir de las secuencias explícitas. Mi lucha de años, con magros avances registrados, por imbricar ambas instancias, rozando siquiera lo erótico … Atado a ello, íntimamente ligada, la cuestión de la defección a la hora de urdir un discurso audiovisual que potencie las –casi risibles- condiciones de producción en lugar de verse jaqueado por éstas. El único consuelo es que estoy trabajando en ello, primer acicate para acometer con una próxima película: debo pensar, vivir, pensar... pensar cómo hacerlo mejor, y es que hoy, entrampado en este callejón estéril, tampoco me satisface la puesta en pantalla (ya quisiera yo decir "en abismo") de los aspectos privativamente porno dentro de mis films, y la crisis avanza conforme se suceden los intentos.
En medio de un tal estado de cosas, mi aislada, extraña relación con los mass media. Fatigan, salvo honrosas excepciones, las entrevistas replicadas hasta el hartazgo (¿cómo empezaste? ¿y el hecho de haber estudiado en Bellas Artes…? ¿ganás mucho dinero? ¿qué dice tu familia?); esto por no hablar de la ausencia de cualquier tipo de documentación previa de parte de quienes las llevan a cabo. Va de suyo que no soy un personaje importante ni interesante –de hecho yo no entrevistaría a "César Jones"-, pero hablamos aquí de una cuestión básica de respeto general y ética periodística en particular. La exhaustez se hace palabra a cuento de haber participado recientemente en un programa radial, en calidad de invitado. No podría precisar cuál fue la última vez que me embargó semejante sensación de extranjería, de ajenidad. He llegado a reprocharme el no haberme levantado y retirado de ese estudio en tiempo. Sobre todo cuando recuerdo, no tanto el irreflexivo desdén hacia mi quehacer, en realidad hacia el género per se, sino cómo llegaron los conductores a mofarse en vivo de un oyente que, habiéndose comunicado por vía telefónica, solicitaba con voz trémula algún tipo de consejo a uno de los panelistas, visiblemente aquejado por una honda preocupación que le ahogaba las palabras. Qué amargo haber sido parte de ese repentino sainete, aun siendo que interpuse una suerte de mano tendida hacia aquel hombre a través de mi tímida intervención al aire. Procuro confortarme pensando que no hay mal que por bien no venga, y que de ahora en más se redoblarán el alcance y la atención de mis antenas al respecto.
Y ya que ¿hablamos? de comunicación, debo decir que la pregunta ¿por qué no un blog? viene martillando mi cabeza desde hace largos meses, elevado su volumen luego de que mi amigo Derry Moore la verbalizara en forma de sugerencia. Mas ahora que menciono a este joven, llega el momento de la digresión: siempre planeo decir lo que a continuación en el transcurso de alguna nota, pero ocurre que el tema nunca sale a la superficie, y también que suelo estar demasiado atareado lidiando con el esfuerzo de ofrecer la mejor respuesta posible a cada interrogación como para recordarlo. Pues bien, el asunto es que quiero agradecerle especialmente y con toda la intensidad del caso al inefable Desmond por la conmovedora generosidad –un enigma diría yo- con que desde hace ya tres años y a la fecha aporta su enorme talento musical vertiéndolo en el container de mis modestísimas creaciones. Habría mucho más para decir, pero por ahora me alcanza con este pequeño acto de justicia. Sigamos, pues.
¿Por qué no un blog atado al site de LPsexxx? Sólo cargo con un puñado de conjeturas: le temo a la novedad; rehuyo a la posibilidad de una discusión abierta; llevo años ejercitándome en mi quejumbrosa introspección; siento un noble aprecio por el silencio y en la mayoría de estos cuadernos en red y foros internéticos lo que me parece detectar es una especie de silencio pero ruidoso, un coro crispado de voces inoperantes (más si me restrinjo a aquellos afines a la cuestión porno). Sin embargo y allende esta gimnasia cavilante, hay algo que doy por cierto: no me abrigan deseos ni fuerzas para sostener una tarea como ésa: moderar, revisar, actualizar contenidos, etc. etc., siento que ya tengo bastante tal como estoy (exacto, mi contracción al trabajo no es una de mis cualidades más atendibles). Vaya mi admiración entonces para quienes asumen la doble faena de llevar adelante su quehacer profesional y el sostén diario y responsable de una de estas impredecibles bitácoras web.
Sí en cambio estoy pensando en adicionar secciones y novedades útiles para el site (aportes de Derry mediante): columnas a cargo de integrantes del equipo técnico-creativo del grupo, links para acceder a las bandas sonoras completas de cada film… en fin, pero eso ya es harina de otro costal (una harina haragana y sedentaria quizás).
Mientras tanto –como ronroneaba el speech de aquella FM susurrante-, en la Argentina, una nueva hora comienza. Cargo sobre mis hombros la mochila de mis mil carencias, humanas, realizativas, y me dispongo a intentarlo una vez más.

 

César Jones, 6 de octubre de 2008.