Nadie o muy pocos son hermosos todo el tiempo.  En la mayoría de los casos –y en distintas gradaciones-, las personas –y el resto de los seres vivos,  y aun las cosas y las circunstancias- son bellas vistas desde un cierto ángulo, bajo el entorno de un particular sentido y en un determinado lapso, emergiendo esa belleza a causa de tales factores o bien surgiendo otra inesperada y hasta allí desconocida en el sujeto, criatura, objeto o situación en cuestión.  
Desmadejar el sendero y abrirse paso hacia esos claros sensuales es, para mí, una de las formas de hacer cine.