Me resulta intragable que durante doce años un sinfín de representantes de la cultura no haya visto más que maravillas y oportunidades para callar frente a un gobierno que se llamó a sí mismo "el Modelo" y que, por el contrario, esa misma cohorte nos haya advertido sin tregua sobre la oscuridad del poder en todas partes menos... en el corazón del Estado, es decir ese lugar donde se detentan la caja y las armas, muchas veces discrecionalmente. Me alegra no ser siquiera un representado de esa cultura.