Un mutuo despertar

Hace un rato pasé caminando a la vera del ZOO platense.  A una cierta distancia, en su recinto, una leona dormitaba entre las piedras. De pronto me detectó, se interesó en mí. No me detuve, pero tampoco pude dejar de mirarla. Lo que siguió, mientras no me sacaba los ojos de encima, fueron unos segundos de callada intensidad erótica en los que probablemente me convertí en su blanco móvil. Pero sobre todo, y mientras me probaba complacido mi flamante traje de presa apetecible, la evidencia sensual de que esa breve escena me estaba devolviendo, aunque más no fuera por un instante, al punto exacto de mi propio salvaje adormecido, al vestigio sin tiempo de mi soterrada condición animal.  

Caer nuevamente en el sopor no fue problema, me llevó apenas unos metros.    

César Jones, 17/VIII/2011.