"Veyne (nota de este servidor: Paul, historiador) subraya el aspecto cosmético de la ideología, su función de confortar, agradar, complacer y no sólo legitimar a los que han tomado una cierta decisión y llevan a cabo acciones en su nombre.
A partir de este punto de vista la ideología es lo que le da sentido a la acción, pero no en términos morales, sino más bien estéticos, nos ubica en la sociedad en un lugar estimable, disimula los factores prosaicos desagradables de cualquier escalada o trepada en la jerarquía del poder, nos da una mística, una fidelidad, una pertenencia, y nos hace sentir importantes".
Este extracto de un texto de Tomás Abraham viene a cuento porque una de las principales críticas al PRO es, para mí, uno de sus mayores méritos: el haber vaciado de contenido ideológico su discurso político.
A partir de aquí, en verdad os digo: apostrófenme, alecciónemne, lapídenme y pretendan de mí lo que gusten, canallas; yo los amaré en silencio.