"Un rato más tarde encontramos al hermano de Fabián en el andén del que salía el micro a Río de Janeiro. 
-Escuchame- me dijo-. Quiero hablar con vos.
Me pareció raro porque no nos conocíamos, pero igual lo seguí hasta el final del pasillo y el baño de hombres.  Adentro, sacó un sobrecito del bolsillo interno de su saco.
-Tengo miedo de que me revisen en la frontera-dijo-. Tomá.
-¿Qué es?
-Serenito.
Miré el sobrecito extrañado, preguntándome si se trataba de un postre, una droga o un microchip. En ese momento se abrió la puerta y entraron al baño un padre con sus dos hijos.  Más familias, pensé.
-Devolvémelo- dijo el hermano de Fabián en un susurro.  Le pasé el sobrecito que me había dado y nos encontramos los dos en una cabina.  Me alcanzó una llave con un polvito blanco en la punta.  Lo aspiré.  No era cocaína.
-¿Qué es?- pregunté, devolviéndole la llave.
-Serenito.
Levantó un poco más de polvo blanco y aspiró él.
-¿Qué efecto tiene?
-Eeh… no sé.
-¿No sabés al menos cuánto dura? –le pregunté.
-Ni idea, se lo acabo de comprar a una mujer en el cine, pero estoy arrepentido –y aspiró más serenito.
-¿Se lo compraste a la de las fotos y la linterna?
-Sí-  me ofreció un poco más pero no acepté-. Después me dijeron que en Foz de Iguazú tienen perros.
Apoyé la cabeza contra la pared.  Me habían hecho tomar algo que tenía efectos desconocidos.
-La verdad es que necesito- me dijo el hermano de Fabián-. Pero no quiero correr riesgos. En esta época del año en Río de Janeiro se consigue cualquier cosa.
Me volvió a dar el sobrecito, que guardé en el bolsillo del pantalón, y los dos salimos del baño.
Cuando volvimos al andén, el micro a Río estaba a punto de partir. Del andén de al lado salía el micro de Dolores a Pinamar, así que estábamos todos juntos.  Enseguida empezaron las despedidas: Dolores de Fabián, Fabián de su hermano, el hermano de Fabián de mí,  yo de Dolores, Dolores de Silvie, Silvie del hermano de Fabián, el hermano de Fabián de Matías, Matías de Dolores, y finalmente Dolores del hermano de Fabián.  Nos perdimos en una marea de abrazos y besos. Tenía la impresión de que nos conocíamos desde siempre y que por primera vez la vida nos iba a separar. Entre esos andenes de la terminal de ómnibus de Retiro, nosotros seis debíamos parecer una familia más".

Extracto del cuento “Algunas cosas importantes para mi generación”, de libro “Rapado” (Martín Rejtman, 1992).