Disco Stu es quizá uno de los personajes menos interesantes de Los Simpsons. Cada vez que aparece miro el segundero impaciente esperando que termine su intervención. Acaso la única excepción se dio en el capítulo en el que Homero y los suyos van a esquiar a no sé dónde y él intenta levantarse a Marge. En esa ocasión el estereotipo troca en espesor y encarna ciertos rasgos (hasta allí apenas inferidos) que me hicieron verlo bajo otra luz: su acre soledad, su aversión a los niños, una lascivia inédita y cierto machismo datado en la misma época que sus gustos musicales, tal vez la década en que decidió que su vida dejara de crecer y virara al patetismo. Disco Stu, o las cenizas de una fiesta permanente. Otro que anda peligrosamente cerca es Mel Patiño, aunque sus admoniciones y arengas declamadas le hacen sumar puntos en contextos de multitud y, sobre todo, de turba. No sé, a lo mejor el chiste consista en insertar un par de personajes unidimensionales entre la gama de ricas criaturas que presenta el programa. Como sea, a mí no me funciona.
Igual Los Simpsons geniales, eh; entre las grandes gemas del siglo XX.