Creo que voy a votar a Macri. Es el único con posibilidades presidenciales que no tiene resabios de kirchnerismo, y de kirchnerismo ya no quiero nada. En un mundo ideal, la propuesta que me genera más empatía es la de una socialdemocracia de centroizquierda, republicana, respetuosa de la ley, progresista, etc. Pero en el mundo real dicha propuesta la encarna el FAUNEN, o sea una kermesse que implosionó hace rato, cuando Carrió boicoteó su enésimo colectivo. Lo que me preocupa del macrismo es qué dirección puede tomar, una vez en el poder, con temas como la legalización del aborto y un posible acercamiento demasiado íntimo a la Iglesia. Es decir que me preocupa su faz retardataria. No obstante, el PRO tiene una ventaja más además de no ser kirchnerismo: no roba, y deja en líneas generales una buena gestión en Buenos Aires; activa, se nota que laburan. Otro de sus aspectos preocupantes es la propensión circense e irresponsable a llamar figuras de la farándula para ocupar puestos ejecutivos demasiado importantes. Por suerte se puede cortar boleta y sentirse menos desdichado. En provincia votaría a Margarita, aunque no gane y si es que no quiere dar el salto a candidata presidencial (sería una lástima, aunque en ningún caso ganará) y en la ciudad de La Plata a Crespo, esto último vital porque a nivel comunal y con chances ciertas, el socialismo es el único que da garantías de cortar con la política de depredación urbanística, patrimonial, arquitectónica y ambiental que seis intendencias k (cuatro del comedor de asados en la ESMA Julio Alak y dos del vacacionante carioca Bruera) llevaron adelante haciendo mierda nuestro hogar. Quede claro, finalmente, que este devaneo electoral es tan inestable como la política argentina misma. El futuro dirá.