Graciela Fernández Meijide, que no necesita presentación, y el ex combatiente montonero Héctor Ricardo Leis, charlan, piensan profundo y contradicen relatos intocables de la Argentina actual sobre la pasada. Lo hacen con la franqueza de aquellos que no le guardan fidelidad más que a sus propias verdades, en un gesto que acaba por despertar la gratitud del que mira y escucha.
Meijide y Leis no son personas afines y cargan con historias distintas (la primera perdió a su hijo a manos de los militares, el segundo reniega de su pasado guerrillero), pero una misma tragedia los hermana y los lleva a reunirse. El encuentro -cálido y simple- sucede en Florianópolis, donde Leis se había exiliado y residía desde hacía muchos años. A veces, ella empuja la silla de ruedas en la que él se desplaza, ya muy enfermo (Leis murió en septiembre del año pasado a los setenta y un años). Se trata, a fin de cuentas, de una honda y reposada conversación, en la que sus protagonistas conjuran silencios estremecedores, ríen a pesar de todo y a veces disienten sobre temas sensibilísimos (como el perdón), pero se toman bien fuerte las manos cuando a alguno lo gana la emoción y se le ahogan las palabras. Todo esto (y tanto más que no puedo y quizás tampoco debo describir) ocurre en el documental objeto de este post, dirigido por Pablo Racioppi y Carolina Azzi y cuyo título, tan pertinente como significativo, es "El diálogo".