Ni la denuncia sobre las nuevas perfidias del capitalismo internacional, ni la solidaridad con pueblos cuyos nombres apenas pueden pronunciar, ni el adoptar como propias todas las supuestas causas nobles del orbe; nada de eso, sino lo pequeño: qué hace si alguien se cae en la calle, ¿se ríe o lo ayuda? ¿es capaz de perdonar y ofrecer disculpas en la marea de tensiones cotidianas con el otro? ¿saluda con respeto al portero cada mañana al salir de su departamento o más bien se diría lo desdeña? Eso me habla de verdad de una persona y me dice lo que en realidad me importa de ella. "Lo demás... ah...", diría Miguel Abuelo.