Hace un tiempito una amiga me preguntaba por face de qué iba mi nueva peli. Aproveché su curiosidad para poner en palabras lo que ya latía inquieto dentro de mí.

Le dije algo así:
La peli se plantea como una ucronía, es decir un presente alternativo que existe porque el pasado ha ocurrido de manera distinta a la que lo hizo en nuestro mundo tal y como lo conocemos. En ese marco hay una protagonista, una periodista joven que hace sus primeras armas trabajando en un diario y cuyo editor en jefe le pide una nota para cubrir un hueco en uno de los suplementos dominicales del periódico. Le sugiere que escriba un informe sobre cuatro personas comunes y corrientes con oficios ordinarios. La premisa: un día en la vida de trabajo de cada uno. Este punto de partida, aparentemente anodino, gira inesperadamente para el espectador cuando descubre progresivamente que el mundo del film no es espejo del suyo, sino uno extrañamente distorsionado y ubicuamente hipersexuado1. Los cuatro entrevistados fatigan oficios o profesiones relacionadas de un modo u otro con la sexualidad de los ciudadanos, cosa que es parte del statu quo de esta sociedad que presenta la peli; trabajan para fundaciones, para el Estado o para entidades privadas, es lo más normal del mundo y son bien vistos y remunerados (una licenciada es téster seminal y guardapijas de doble turno, dos técnicos adscriptos al Ministerio de Medición Social evalúan diámetros, profundidades, disposición sexual, etc.; un doctor especializado en eroversatilización directa y transversal, una travesti que maneja una extraña máquina que mide el grado de excitación que provoca la pija en los sujetos testeados). Ahora bien, el absurdo de la situación radica en que este supuesto de un sexo regulado desde las instituciones “mainstream” no podría funcionar en la vida real, sería el culmen de la deserotización, el acogotamiento del placer2*. Funciona para el espectador –espero- porque puede (¿podrá?) desdoblar la conciencia receptiva y, a la vez que sumergido en la trama, no pierde la noción de que está frente a un dispositivo representacional y de que aquello que le excita en ese marco sería la muerte de la libido en un contexto real, es decir, por fuera de la ficción. "No pasa en la vida, funciona en las películas".
La (a)puesta entonces se yergue sobre el fracaso de todo intento por encauzar y controlar el devenir sexual (al menos de forma directa y visible), de civilizarlo, perimetrarlo, organizarlo (y es que el animal se niega, se sacude, no quiere entrar al corral). Créase o no, somos seres fisurados y habrá siempre un intersticio que escape a toda tutela. 
Por otro lado, no recuerdo cómo terminó la conversación virtual con mi amiga; supongo que le di las buenas noches.


1-Si en “Temporada alta” la ucronía operaba bajo la forma de ciertas leyes tácitas de la vida familiar, en “TODA EN LA BOCA (Un informe ordinario)” ésta interviene sobre el individuo en tanto parte del cuerpo social.
2- Si “todo delito es sexual”, ¿cómo operaría la transgresión –condición de todo erotismo- bajo la férula del entramado institucional del Estado y afines?
* En efecto, no hay, si acaso apenas, una pizca de malicia en los personajes, proveída en cambio por las miradas del narrador y el espectador, excitados ambos, concupiscentes, “a costa” de la lógica inocente y a todas luces imperturbable de las criaturas que habitan el film. Sobre esa variante de la perversión voyeurística es que se tensa la cuerda erótica del relato.