¿He dicho? 

El razonamiento sentencioso, abastecido con materia prima autocontaminante, se asfixia por ausencia de puntos de fuga; el relativismo integral corre similar suerte, aunque por falta de coraje para asumir el costo implícito en la toma de decisiones.  Por suerte, y allende estas dos formas de la impotencia, existen otras más provechosas con las que gestionar nuestro paso por el mundo.  
Arrojado e inconsulto -como ustedes, supongo-, sigo intentando. 

Vigencia de este post: una semana a partir de la fecha de su publicación. 

Archívese, pero no tanto.