Hacía mucho que no me involucraba tanto con un partido, y con un Mundial -a pesar de que me encanta el fútbol- y con una selección. Grité hasta la guturalidad, di 765 indicaciones que nunca oyó nadie, puteé a Robben por mal simulador y porque le tenía miedo, alenté a todos, aplaudí mil cruces, dos mil cabezazos de Garay, el ticket inesperado de Enzo Pérez que siempre me gustó y estuvo a la altura, insulté un par de veces al Kun, a qué negarlo, y luego me dije que para patear un penal como lo hizo él en esta instancia también hay que ser crack, incluso en el último suspiro. Lo de Mascherano es estremecedor y no sólo "huevo'"; es inteligencia, entrega, compromiso -como el de todo el grupo- y unas ganas de quebrar la suerte que conmueven. Biglia, Zabaleta, el resto, incluso Messi apagado pero pateando a lo genio ese primer penal; Sabella con su calma, errando, corrigiendo y mejorando, un hombre serio en el mejor sentido; Orión y Andújar colaborando con Romero. Esto es un equipo y más que eso, es un plantel, con cuerpo técnico incluido. Casi me olvido de Demichelis, ni qué hablar de Romero (en quien, al igual que me pasaba con Rojo, no confiaba para nada). Tendría que nombrar a todos, intuyo que hasta Augusto Fernández, que no jugó un minuto hasta acá, aportó para sumar. Vuelvo, cuando llegamos a los penales me tomé un ansiolítico, tuve miedo de que me estallaran la presión, el cerebro, el corazón, todo. El último de Maxi no lo grité, porque no quería morirme hoy y porque me invadió una calma zen, aparente, que después devino conmoción e incluso llanto. No es sólo por Argentina, aunque claro que es por la selección; es porque me emociona el compromiso con el oficio, la sed de superación, la entrega física, técnica, emocional, mental, en pos de la conquista de aquello tan deseado. Bravo.
La gente también estuvo despierta y perceptiva, y elevó los cantos adecuados en los momentos adecuados; cuando las reservas físicas se agotaban sostuvo a sus jugadores con el aliento, con aplausos, sin un solo reproche. En fin, no me extiendo más, una tarde memorable, de esas que dejan huella, sospecho, para el fútbol argentino. Y ahora la final, pero primero dejame descansar, que terminé peor que Zabaleta. Aguante el drama, que viva el fútbol.