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Carrasco no es un puritano, es un mercenario con la mitad de las neuronas cesantes que hoy miente para acá, ayer mentía para allá y mañana lo hará para acullá. El gobierno tampoco es puritano, reacciona evaluando el riesgo político. La sociedad argentina, ésta sí mayoritariamente puritana, es la que determina el juego de maniobras de este paraperiodista y la contrajugada de los funcionarios oficiales. En medio y rehenes de la mojigatería, la mentira abierta y cierta cloaca virtual, mi peli y, sobre todo, un hombre cuya vida y futuro laboral se ensombrecen ante la indiferencia generalizada.

Pero, desbrocemos el juego sucio de Carrasco, quien, para enlodar al gobierno que hasta ayer defendía ciegamente, altera la verdad sin el menor empacho y juega al comisario de gentes con una persona honesta y trabajadora, dos virtudes humanas que seguramente desconoce:

-Dice que el actor en cuestión trabajó gratis. Falso, todo los actores -de ésta y de cualquier película que yo dirija o haya dirigido- perciben su correspondiente remuneración.

-Describe al film como cínico y vulgar, dos adjetivos que, curiosamente, en realidad se ajustan a la perfección a la personalidad de cierto bloguero oscilante del que ahora, lastimosamente, no recuerdo el nombre. ¿Un caso flagrante de lo que en psicoanálisis freudiano se denomina "proyección"? Harto probable.

-Dice que la película hace apología de la pederastía y la trata de personas. Falso, el film narra el encuentro de dos personas libres y mayores de edad: un profesor de teatro sexualmente radicalizado y una periodista novata que, creyendo llevar a cabo un trabajo de investigación profesional, acabará poniendo en escena su propia colisión interna entre represión y deseo.

-En su "minucioso informe", Carrasco mezcla arteramente cine porno con trata de personas, intercalando imágenes del film con campañas oficiales contra la esclavitud sexual. Estimo no hace falta aclarar lo rancio de este proceder ni hacer mención alguna respecto de la insostenible homologación entre cine condicionado y trata, ¿verdad?

Fin, del texto y de la farsa tóxica de este sujeto abominable.