Se le notaba en el semblante a Maravilla, previo a la pelea y durante la preparación, la falta de convicción (incluso en sus latigazos verbales, poco creíbles), seguramente porque estaba bien al tanto de que subiría al ring muy disminuido físicamente, con casi cuarenta años y encima enfrentando a un boxeador implacable. Sin embargo, el tipo honró su compromiso, dio todo y un poco más y su trayectoria no hace más que dejar en ridículo a los que intentan desacreditarlo con ironías de peso pluma. Por cierto y respecto de éstos últimos, qué triste ir así por la vida, ¿no?; más triste que la derrota de hace un rato. Maravilla, entretanto, un campeón.