Lo último que necesita Gustavo es un cacerolazo. Para él una plegaria, un deseo, una canción de amor. Pero una cacerola... por dios santo.

PD: Esto a raíz de que, según escuché en la radio, unos chilenos encabezan esta propuesta (cuyo fin es despertar a Cerati a fuerza de percutir y abollar enseres culinarios) que ya contaría con más de treinta mil adherentes (...).