Ahora que estoy enganchado con la serie de Escobar, pienso que uno de los aspectos fascinantes de su figura es que a pesar del horror -y porque junto al horror- vivía en él un niño tardío que hacía del mundo su caprichosa juguetería -la Hacienda Nápoles (Pablo's Neverland) los animales de su zoo personal (cebras, ñandúes, rinos, pero ningún depredador) jugar 'a la pelota' con Maradona el día que se le ocurrió, incluso poseer doncellas como si fueran muñecas de plástico. No obstante, Escobar prescindía del fasto, hay un lujo simple y nada suntuoso en sus gustos extravagantes (otra característica infantil, para mí: el niño dibuja el mundo con pocos trazos, pues él mismo y por ende el mundo son todavía una fotografía en proceso de revelado embrionario).
Otro ítem perlado tiene que ver con su cortesía, aun y otra vez porque junto a la crueldad extrema. Tras la corrección provinciana y conmovedora de sus modales, no es difícil imaginarlo con ocho años, almidonado, endomingado y listo para asistir a la misa vespertina de su pueblo natal: ocurre que el tipo era gentil incluso para matarte.
En fin, como verán una reflesión muy berraca que voy a dar por terminaa aquí mismo. Muchiíma' gracia'.