Pensaba en los nuevos viejos profetas de las teorías de género; con sus figuras de susto edificadas sobre palabras de no menos de seis sílabas, la conmovedora obediencia con que recitan sus letanías puntualmente aprendidas y, para no extenderme, esa inefable sintaxis de postgrado a deshoras por la que vierten al mundo sus espeluznantes admoniciones. De entre las sectas de neopuritanos rabiosos conocidas, una de las más ocurrentes. En serio. (Inminente columna sobre el tema en Página 12: ¡allá voy!)