L’arte, come la vita, è una parola d'amore.

Va de suyo que no existe el gusto de sí o del otro sin fisuras. Sin embargo, y pensándolo inicialmente en términos de obra artística, hay ciertas construcciones del prójimo capaces de provocarnos una empatía tal que recrean en nosotros la marca de las relaciones con nuestros seres queridos: nos encanta casi todo lo que son y hacen, pero cuando esto no sucede –y vaya si estamos pertrechados para advertirlo-, ellos siguen siendo nuestro hogar. Será por eso que nos invade un intenso disgusto si eventualmente son objeto o sujeto de sarcasmos desamorados u otras formas de la impotencia, que además suelen presentarse por parte de quienes las practican como valiosas dotes propias de seres libérrimos, tan libres que presumen incluso desconocer el yugo de la fascinación por cualquiera de las manifestaciones sensibles del mundo –faena para dummies, dicen- revelando de este modo  una pobreza desoladora y profunda: hombres frustrados, endurecidos, incapaces de aventar la flecha de su querer según el curso de esta extrañísima vida; breve, preciosa, cruel e incontrolable.
L'arte, come la vita...

 

http://www.youtube.com/watch?v=ukl7qiQZ9pE