"Las dos jornadas siguientes me resultaron particularmente ingratas. No colaboré en el trabajo para abrir la fosa, a pocos metros del cadáver del Francés, ni participé en la ceremonia del entierro; ni siquiera en la mañana del suicidio había traspuesto las rejas para mirar el cadáver.
Luego tuve que soportar los comentarios, enfermantes; nadie se explicaba la actitud del Francés, y por lo tanto llegaron a la conclusión de que había sufrido un ataque de locura.
Abrí la boca muchas veces, pero la volví a cerrar sin decir nada. ¿Cómo explicarles lo que significaba el Francés? Lo había visto más de una vez inclinado durante largo rato sobre un camino de hormigas, que los demás pisaban sin notar. Lo había visto a menudo mirando detenidamente las estrellas.
¿Cómo explicar que no necesitaba más motivos que una noche de insomnio y lucidez para quitarse la vida? Para quien está realmente vivo, la vida se vuelve a veces muy difícil, puede llegar a ser intolerable, sin necesidad de motivaciones especiales".

Fragmento de la novela "El lugar" (Mario Levrero, 1982).