A propósito, hoy, volviendo a casa, me crucé con Gabriel Bruera -hermano y secuaz del intendente de La Plata. Iba muy orondo, rodeado de un grupo de jóvenes militantes; sonrisa canchera, mirada por encima del hombro, andar despreocupado (un canto al compromiso, vieran ustedes), tocando timbre a los "vecinos" y repartiendo unos panfletitos que vaya a saber a qué obscenidad apelarían para explicar el crimen y saqueo de nuestra ciudad. No hice nada; bah, sólo atiné a mirarlo con toda la dotación de desprecio y desaprobación que pude extraer de mis adentros. Bajó la vista; me di vuelta, no podía dejar de aborrecerlo; tan impune, tan vulgar, tan hijo de puta. Finalmente le di la espalda y no me sentí mejor, mientras la excursión por los barrios del "equipo que te escucha" prosiguió entre risas y comentarios banales que unos pasos más tarde, gracias a dios, apenas llegué a oír.
Que viva el Modelo.