Se expresó así:
-Usted sabe, Imbert, que para que el bien se enseñoree sobre la Tierra tiene que desaparecer el mal. ¿Cómo lograrlo? Fomentándolo, exacerbándolo, promoviéndolo a todas sus posibilidades para que actúe y se desgaste. Yo quiero precipitar los Tiempos; alimentaré la bestia bajuna con carne de primera; pondré lo de arriba abajo y lo de abajo arriba. El bajísimo tendrá sus mejores oportunidades.
-¿Usted ha leído la Biblia?
-Sí, pero nunca entendí el argumento.
-Prosiga.
-Primero desencadenaré el odio de los lisiados; haré que la bestia señalada salga de su cubil; toda joroba se convertirá en mochila de serpientes, toda cuenca vacía en cráter de abominaciones y toda pierna ausente aspirará a pisotear la corona de los ángeles.
-¿Sabe que es un tipo interesante, usted, señor rentista?
-No, simplemente, soy un idealista.

Fragmento de El Octavo Loco, a la manera de Roberto Arlt (Nueva Antología Apócrifa, Conrado Nalé Roxlo, 1969).