"Yo no intercambio camisetas con asesinos". Ésa fue la heroica respuesta de Cristiano Ronaldo a un jugador de la selección de Israel que le ofrecía la suya tras un partido entre Portugal y los nuevos genocidas. Comprensible. Además, seguro después la subastaba y la hacía plata ("ustedes son buenos para hacer dinero" (El Pianista dixit)).
Roger Waters llama a un boicot cultural contra los habitantes de ese mismo país (bonita forma de expresar desacuerdo con sus políticas de Estado y de confundir éste con un gobierno y a los dos con un pueblo) y varios se pliegan y otros tantos aplauden.
¿Por qué huele tan feo y no hay fragancia progre que disipe este hedor?
Ah, casi me olvido de lo bueno: los hijos del Holocausto no tendrán que padecer el centésimo quincuagésimo quinto tour de presentación de "The Wall" a precios prohibitivos.