Hace un rato pasé al lado de un ovejero alemán de nombre Gómez. Su dueño, un gordo en cueros que lucía orgulloso la zapán, lo llamaba desde la puerta del garage: "Góooomezzzz, vamooooo'". El susodicho se tomó su tiempo para acudir, estimo que porque aun no concluía su ronda nocturna.
Awante Gómez.