Yo no sé cuál fue el accionar de Bergoglio durante la dictadura. Ni sé qué edad tenía ni su jerarquía o grado de influencia. Sí sé qué fue la dictadura, y no sólo por textos o relatos: fui un niño durante su decurso. Figuras públicas y anónimas dicen que no sólo no fue colaboracionista sino que ayudó a varios sacerdotes en la mira. Otras figuras públicas y anónimas dicen exactamente lo contrario. En el medio, nombran alegremente gente muerta o desaparecida para ganar uno a cero sobre la hora y de penal la batalla cultural en la que, parece, muy pocos superan la prueba de una pretendida blancura que nos viene cegando hace ya mucho tiempo. Ah, y antes de que arranquen: soy ateo, no soy del Pro, ni del Opus Dei ni del KKKlan. Soy uno cualquiera al que le rebela el uso de las tragedias y horrores colectivos para el interés de unos pocos sustanciado por el cinismo de otros tantos.