Quiero decir algo acerca de la mentada teoría del mal menor, con la que muchos pretenden justificar integralmente al kirchnerismo.
Dicha teoría exhibe, como principal estandarte, un sentido de realidad contingente (¿pragmatismo no les gusta, no?) que, aseguran sus defensores, se contrapone a la candidez que les supone la búsqueda de un gobierno de "pureza ideal", cosa que endilgan a casi cualquiera que ose criticar algo de la gestión K, sobre todo "por izquierda".
"Te quiero ver a vos pulseando con Moyano, con Clarín", dicen. No, si debe ser terrible, no debe quedar otra que aliarse y luego desaliarse clamando que nunca fuiste aliado. Esto es política, ¿o qué pensabas?
Y sin embargo, hay un momento en que el cinismo conservador de esta ponencia que tantos glosan sin ruborizarse se deshace inevitablemente.
Porque, y aunque nos quieran convecer de lo contrario cada vez que pueden, lejos está de la utopía desear transparencia en el uso de los fondos públicos; exigir separación entre la "cosa pública" y el interés corporativo del personal gubernamental de turno; empeñarse en que se garanticen la libertad y diversidad de los espacios de opinión; reclamar respeto por la división republicana de poderes o anhelar una educación en ascenso en vez de otra en caída libre (y conste que cierro aquí la lista por mencionar sólo algunos ítems clave para el funcionamiento de cualquier país que aspire a un mínimo de seriedad).
Son modos de gobernar, de concebir la política y no delirios de pureza los que se juegan en estas visiones.
De forma tal que no se trata de la ingenuidad de "creer en los reyes magos", como nos espetan superadamente mientras apañan el último desaguisado de Boudou, sino de la posibilidad concreta de un país mejor en lugar de uno menos peor (ése en el que muchos querrían quedarse chapoteando para siempre al son del megahit de los '90 "Roban pero hacen", no sé si lo recuerdan).

PS: Igual, seamos justos, sobre esto último no hay nada que objetarles. Y es que, como los buenos vinos, los grandes clásicos son impermeables a las modas.