Antes de entregarme a la justicia quiero confesarlo públicamente y poner en autos a la Sociedad Protectora de Animales: acabo de asesinar a una polilla. Y no sólo eso, sino que fue con saña y alevosía, utilizando un pantalón corto Adidas con el que la estoqué en reiteradas ocasiones a falta de un repasador a la mano. Manden puchos, chau.