Me causan gracia y un poco de mal humor, también, las criaturas que ponen el grito en el cielo por el dispendio macrista con su "Buenos Aires Playa". No hay que ser un genio para darse cuenta de que genera un gasto mínimo y de que, bajo esa lógica, habría que eliminar todo centro de recreación y esparcimiento, todo lo que no implique una necesidad primaria -Teatro Colón, Fútbol para Todos, cosas un poquito más caras, por cierto, que la fuente de indignación que menciono-, como si ello fuera a proveer una solución mágica a la pobreza estructural y no deviniera, sencillamente, en una sociedad aun más empobrecida de lo que ya está. Ufff, me voy atajando desde ahora...